¡Felicidades, la libramos!


Eduardo Navarrete

@elnavarrete

Para leer con: “Salvation”, de Gabrielle Aplin

Luego de más de siete meses de no asomarnos a la calle, ayer jueves a la medianoche y en calidad de algo que aún no sabemos cómo describir, por fin salimos de las casas.

Fue algo inédito, nos sentimos ganando el Mundial o recibiendo el Nobel, sólo con cruzar los límites de la puerta.

El concepto “orden natural” se fue con la velocidad frenética con la que vivíamos en tiempos preCovid: decir “mañana” se ha vuelto irrelevante y la contundencia de la impermanencia le ha quitado el bluetooth al medidor del pulso cotidiano.

Lo que nos devolvió este tiempo
Los anticuarios rematan lo que huela a bot. La fotografía análoga es rescatada por los arqueólogos apasionados que aprecian ese momento mágico en que la imagen latente se hace visible. Es muy probable que regresen los carteros y que los diarios impresos recuperen su rol de informador profesional.

Pero la devolución más relevante que nos han puesto en las manos es el tiempo. No teníamos tiempo para nada. Ni para cuestionar la frase, siquiera. Pero por lo visto, no sólo aprendimos a lavarnos las manos y a desinfectar el entorno. Y eso hizo toda la diferencia.

Hoy salimos a la calle y caminar se siente diferente. Parece que el mundo nos da un abrazo, nos extrañaba. Y aún así, flota la pregunta: “¿Estoy en tu sueño o tú en el mío?”.

Te diría la fecha, pero es irrelevante
Los días disfrazados de deadlines son cosa del pasado. No por lo terrible del término, sino por la miserable condición en la que nos envolvimos -solos- con esta pobre línea.

Parecieron lustros para varios. Fue más de lo imaginado en todos sentidos, pero en lo que estamos de acuerdo es que era justo lo que precisaba para contrarrestar la magnitud de confusión y prisa endémicas que traíamos.

Esa fue la conclusión y diagnóstico ulterior de todo esto: prisa y confusión. Confusión y prisa. Una espiral ascendente, una turbina que nos separó de lo importante hasta neciamente pretender defender la manera en la que acelerábamos este vehículo con dirección al precipicio.

Ayer, luego de días que parecieron meses y de un encierro que ningún profeta avizoró, salimos de la cuarentena. Fue algo especial porque quisimos caminar todo lo que se podía. Los pocos autos que se veían se orillaban para dejar a la gente que en masa salía a, sólo a reconocer las calles. ¡Nos sonreíamos sin conocernos!

A nadie le interesa reconstruir
No lo quiero poner cursi, aunque es el mejor descriptor de la situación: ¡nos libramos de una pandemia! La economía está hecha pedazos, el gobierno abdicó en favor del sentido común y el consenso es la única fórmula para reinventarnos. Todos accedemos que se trata de un “Happy problem”.

Nadie quiere reconstruir. El concepto es ese: reiventarnos. No volver al punto donde estábamos.

Poder tocarnos el rostro.
Poder abrazar.
Estar cerca.
Ejercer nuestra condición de seres conscientes.
Considerar lo que realmente es importante y enfocar lo que está dotado de significado.

Ahora sabemos que eso hace una diferencia estructural en el ser humano y estamos dispuestos a cuidarlo como cuidábamos nuestras calorías o nuestra autoimagen.

Racismo, desigualdades, violencia en todas sus formas, inequidad social y económica, depredación ambiental. No, no se han resuelto y siguen en la mesa como temas por resolver. Pero la mirada es otra, el sentido de urgencia se mantiene pero ya conocimos una probada de lo improbable. Y tal vez, eso hace la diferencia.

¿Qué viene por delante?
¿Cuáles son las nuevas prioridades? Eso está muy claro. No hay que abrir la agenda ni vaciar tablas de analytics. La gente ya no habla como antes. Aprendió a escuchar y, juraría que está en un proceso personal de recolocación de muchas cosas, entre ellas, el ego.

Están pasando muchas cosas, pero, ¿para qué te cuento, si las experimentarás en carne propia?

Salir, luego de meses de no asomar la cara es un hito. Muy pocos siguen publicándolo en sus timelines. Eso ya no importa. Finalmente parece quedar comprendido que la vida se vive, no se presume.

Pero hay una pregunta en el ambiente
¿Era necesario este recogimiento para ver con claridad, dimensionar y actuar conjuntamente frente a los enormes retos que tenemos como especie?

Quedan muy pocos a los que les gustaría debatir eso. Por fortuna, la inmensa mayoría comprendió su lección. Esa que no se podría resumir con una palabra pero para lo cual tuvimos la jornada más larga en nuestra vida para pensar. Y repensar.

Sabemos hacer las cosas en conjunto, bien hechas y con un propósito común.

Salir luego de una cuarentena es respirar tras no poder contener más el aire, ser absuelto de una condena y alzar los brazos, ir al baño tras horas de aguantarte, salir con vida en medio de un fuego cruzado. El ser humano está diseñado para vivir y hacerlo conscientemente en sociedad. Curiosamente estábamos muy lejos de eso.

Tengo mucha suerte de estar aquí
“Tengo mucha suerte de estar aquí”, le comentó a un periodista Eram Dar, una de las más de 100 personas indigentes que llevaban viviendo año y medio en los pasillos del aeropuerto Heathrow, en Londres. Simplemente tomaron las terminales como un nuevo lugar para vivir.

Fue en 2008 cuando Eram decía que disfrutaba caminar y ver gente que iba y venía, pero ella en realidad pareció entender algo importante que  tal vez ahora, luego de este periodo que aún no sabemos cómo nombrar, podemos comprender.

Le dijo al reportero: “Hoy haré un poco de window shopping y leeré algún diario que me encuentre en el piso. No tengo presiones, vivo al día, no uso drogas, no bebo ni tengo problemas mentales. No estoy deprimida, ¿pero sabes algo?  Podría vivir aquí para siempre.”

 


Sobre el autor:

Eduardo Navarrete es un periodista, fotógrafo y administrador público que se apasiona por los contenidos. Condujo equipos en Grupo Reforma, Grupo Medios, Televisa y Cultura Colectiva. Participa en una iniciativa de acompañamiento a empresas para formar equipos de alto desempeño desde la atención plena y recién fundó una empresa de generación y curaduría de contenidos transmedia.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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