Feminismo para hombres


Juan José Parcero

@elmundoen15

Me ha tocado conocer a mucha gente que al escuchar la palabra feminismo piensa algo como: “son puras feminazis, que odian a los hombres”… claro que hay de todo y esos casos existen, pero son los extremos, los menos. El problema es que cuando generalizamos y definimos a un grupo entero por sus miembros extremistas, solemos rechazarlos, sin escuchar a los que en verdad representan al movimiento. Profesar el islam no te convierte en terrorista, ser de izquierda no te hace comunista y ser feminista no significa odiar a los hombres.

Pero antes de seguir, quiero hacer una aclaración: sí, soy un hombre escribiendo sobre feminismo. Sé bien que es una lucha de las mujeres y para las mujeres, pero creo que es necesario que los hombres también levantemos la voz en apoyo a un movimiento que ha luchado por derechos reproductivos, laborales y por abrir espacios negados a las mujeres por tantos años.

Ahora sí, empecemos por lo básico ¿qué es, a grandes rasgos, el feminismo?

Los roles de género, es decir lo que creemos que un hombre o una mujer deben ser, tienen su origen siglos atrás, cuando los hombres por ser físicamente más fuertes eran los encargados de proveer la comida y proteger a la familia. Las mujeres quedaron relegadas a la crianza, una función vital, aunque considerada con menor poder de decisión. Pero con el tiempo, nos hicimos un poco menos brutos y empezamos a pensar más.

Hace tres siglos, un movimiento revolucionario llamado la Ilustración cambió la vida de todos, pero no de todas. Al verse relegadas nuevamente, algunas mujeres levantaron la voz con fuerza. Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft, activistas por los derechos femeninos más básicos, abrieron una puerta que no se volvió a cerrar. Les siguieron muchas más, desde las mujeres de Seneca Falls por el derecho al voto, pasando por la crítica al patriarcado de Simone de Beauvoir, hasta llegar a la activista por los derechos educativos femeninos Malala Yousafzai. En México, por mencionar una, está Sor Juana Inés de la Cruz quien rompió esquemas en pleno siglo XVII, al convertirse en una referente para la poesía. Con cada historia de discriminación, el feminismo creció y se enriqueció.

El feminismo tiene dos corrientes que sirven como tronco para muchas ramas más.

Por un lado el feminismo liberal, que lucha para igualar las condiciones entre hombres y mujeres dentro del mismo sistema.

Por otro, el feminismo radical, es radical de raíz, porque así busca los cambios… de raíz, y la raíz es el patriarcado. Ojo, patriarcado entendido como el sistema que nos da preferencia antes que a ellas, fomentado por actitudes y acciones de hombres y mujeres por igual.

Ambas corrientes han logrado mejorar la vida de las mujeres sustancialmente, pero aún queda mucho por hacer, aquí unas estadísticas mundiales.

Una niña promedio tiene 17 por ciento más de probabilidad de no ir a la primaria.

Tres de cada cinco homicidios de mujeres son cometidos por la pareja o un familiar de la víctima.

Las mujeres ganan en promedio 32 por ciento menos que los hombres.

Solo uno de cada cuatro legisladores en el mundo es mujer.

Nueve de cada diez multimillonarios son hombres.

Ahora, quizás te preguntes ¿y por qué los hombres deberíamos involucrarnos en un movimiento para mujeres? ¿por qué debería ayudar a cambiar un sistema que me favorece?

Dos razones:

Primero, porque es lo justo. Trabajar por una sociedad en la que todos tengan las mismas oportunidades y se sepa que un mismo nivel de esfuerzo garantiza resultados similares. Una sociedad en donde sin importar si eres hombre, mujer, blanco, moreno, indígena, rico, pobre, heterosexual u homosexual, puedas vivir cómodamente.

Segundo y sin afán de robar el foco a las mujeres: este sistema también nos afecta como hombres al crear estos roles de género de los que hablamos antes, pero ¿cuál es el problema con los roles de género?

Nadie lo explica mejor que Chimamanda Ngozi: el género “prescribe cómo debemos ser, en lugar de reconocernos como somos”. De esta manera, el hombre se ve limitado por la idea de masculinidad, que define a un “hombre de verdad” como este macho alfa que provee y protege. Así, nuestra masculinidad termina siendo tan frágil, que nos señala como “menos hombres” si usamos ropa rosa, si no pagamos siempre la cuenta en una cita o si lloramos, por poner algunos ejemplos, aunque varía según el caso. Para las mujeres, ni les cuento, pues encajar en la idea de “lo femenino” es mucho peor.

En conclusión, nos urge cambiar este sistema y construir una sociedad igualitaria porque es lo justo y nos conviene a todos. Mientras más favorecido estés por un sistema injusto, menos verás la necesidad de cambiarlo, pero tu participación seguirá siendo igual de importante. Puedes empezar levantando la voz cuando en tu propia realidad veas situaciones injustas, por más pequeñas que sean, para las mujeres o para quien sea.


Sobre el autor:

Juan José Parcero lucha entre su orgullo mexicano (en especial cuando juega el Tri) y su sueño de ser cosmopolita. Formado como internacionalista, trabaja en medios de comunicación desde hace tres años. Intenta conjugar el plural en femenino y dice ser de izquierda. Cree en dos dogmas: mismos derechos para todas y que el único amor incondicional es al club deportivo favorito, en su caso el Barcelona. Odia cualquier tipo de abuso y a los mirreyes (aunque a veces lo confunden con uno).




Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password