FRENAAA como oposición


Raquel López-Portillo Maltos

@rak_lpm

 

La oposición es un síntoma positivo en toda democracia. Ésta entendida no solamente en forma de partidos políticos, sino como el ejercicio de un cúmulo de derechos fundamentales de la ciudadanía y como un mecanismo de incidencia en la vida pública. En nuestro país, esta posibilidad no es gratuita, es el producto de una lucha histórica y progresiva en contra de autocracias disfrazadas de regímenes democráticos. Sin embargo, hay varios factores que permiten distinguir entre el fracaso o la trascendencia de estos movimientos. Es decir, que disciernen entre una oposición de forma a una de fondo. 

En fechas recientes, el Frente Nacional Anti AMLO (FRENAA) ha acaparado los reflectores de la prensa nacional. Desde el inicio de las caravanas de automóviles hasta la instalación de un plantón en la plancha del Zócalo, el movimiento ha ido adquiriendo atención pública y una creciente cantidad de adeptos. El clímax de su movilización tuvo lugar el pasado sábado cuando, pese a la discrepancia entre las cifras oficiales, mediáticas y las propias, es evidente que lograron su cometido al reunir a un significante número de personas en la “Marcha por la democracia”. 

Si hay algo digno que reconocerle a FRENAA, es la capacidad de convocatoria que ha logrado, especialmente, con un sector de la población que tradicionalmente se había mantenido al margen de la protesta social. Así mismo, se ha consolidado como un grupo de oposición relevante, incluso, logrando una mayor presencia que algunos partidos políticos. Finalmente, ha provocado y evidenciado de manera constante la deslegitimación por parte del gobierno, especialmente del ejecutivo, frente a cualquier forma de disidencia inconforme con el proyecto de la cuarta transformación. 

Sin embargo, un conglomerado sin directrices claras se reduce a ruido. Claro que este ruido puede atraer atención y, hasta cierto punto, generar presión social. No obstante, el triunfo de cualquier tipo de oposición política o ciudadana recae en la movilización de pragmatismos y no de meras intenciones. Sorprende que las bases y estrategias plasmadas en su página oficial se reduzcan al resumen del libro De la dictadura a la democracia de Gene Sharp, un coronel retirado del Ejército de Estados Unidos. Cuesta tomar en serio como recuento de evidencias de las faltas del presidente un denominado “cochinometro pejidencial”. Resulta imposible considerarlo un movimiento incluyente cuando han encontrado sustento en una agenda nada progresista y, en ciertos ámbitos, antiderechos. Llama la atención que, hasta el día de hoy, fuera de su bandera de exigir la renuncia del presidente, no existe una propuesta sustancial que realmente sirva como un genuino contrapeso. 

Esto ocurre cuando la narrativa de un movimiento se produce desde lo anti; quedan claros los contras, pero hay muy pocos qué y cómo. Sin lugar a dudas, múltiples decisiones del actual gobierno configuran focos rojos que piden a gritos una respuesta contra sistémica. Y esto toma tiempo, ganas y, sobre todo, la capacidad de encontrar consensos y alianzas ante la divergencia. Si bien, han avanzado en capitalizar a un sector inconforme con el gobierno actual, resulta apremiante que la dirigencia de FRENAA haga una pausa para replantear sus objetivos y pasos a seguir. Especialmente considerando que el reloj electoral va a toda prisa y, a estas alturas, queda poco tiempo para trazar una ruta clara, crítica y especialmente democrática si pretende servir como opción alternativa ante los próximos comicios.

En lo que denomina como la edad de los extremos, el historiador Eric Hobsbawn describe los vicios en los que han caído las soberanías populares modernas. Dentro de estos incluye la creación de monopolios gubernamentales, una unanimidad política artificial y la invalidación de la diversidad de opinión. La lucha contra estas prácticas debe ir siempre por encima del intento de destituir figuras y proyectos electos por la vía democrática. Defender la democracia implica, precisamente, proponer soluciones que la sostengan y la perpetúen. Buscar lo opuesto evidencia la descomposición política y social en el camino a las elecciones del próximo año. 

 


Sobre la autora:

Raquel López-Portillo Maltos es licenciada en Derechos Humanos y Gestión de Paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue Coordinadora General de la campaña HeForShe de ONU Mujeres en su universidad y actualmente es Asociada del Programa de Jóvenes del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Se ha desarrollado en los sectores público, privado y de la sociedad civil en temas de seguridad, igualdad de género y educación.  Apasionada del flamenco, la fotografía y la literatura. A favor de: el derecho a elegir, el debate, las opiniones sustentadas y la igualdad de oportunidades. En contra de: la violencia, la ignorancia, la mediocridad y las mentes cerradas.

 

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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