Graduados ¿¡Felicidades!?


Fernando Mora

@feromd

 

Todos los profesores trabajamos muy duro para formar jóvenes, dotarlos de las herramientas y habilidades que requerirán en el futuro. En otras palabras, prepararlos para materializar su plan de vida. Ya sea para continuar al siguiente nivel académico o para ingresar a la vida laboral. Es decir, el objetivo último de un profesor es llevar a sus estudiantes a la ceremonia de graduación. En cualquier escuela, instituto o universidad, este es el evento magno por excelencia.

Este año será muy diferente. Varias escuelas y universidades alrededor del mundo ya han cancelado este evento o lo han pospuesto indefinidamente por la contingencia sanitaria que vivimos. Más allá, de que la graduación es un evento lleno de alegría, donde familiares y amigos se reúnen a celebrar logros personales y colectivos, es un ritual necesario. Explica la escritora Rebecca Solnit, que los rituales son importantes para reconocer el cambio, el cual muchas veces corre inadvertido por la velocidad de la propia vida. Para algunos, este ritual es la entrada a la vida adulta.

La disrupción repentina de este ritual no resulta únicamente un evento desafortunado para esta generación de jóvenes, sino un signo de la nueva normalidad que vivirán; constante incertidumbre. Para algunos estudiantes que concluyen sus estudios de bachillerato, no hay certeza de si será posible asistir a la universidad, pues todavía no hay fecha definida para presentar las evaluaciones de admisión en muchas universidades. En algunos casos, los estudiantes dependen de obtener excelentes puntajes en estos exámenes para alcanzar una beca o financiamiento. En otros casos, los estudiantes que dependen de una beca deportiva, tendrán que esperar un año más para que las universidades los puedan observar, ya que todas las competencias donde se mostrarían a los reclutadores, se suspendieron. Por otro lado, la situación económica se ha apretado bastante y muchas familias necesitarán que estos jóvenes interrumpan sus estudios para que aporten al sustento familiar.

Para los jóvenes que terminaron sus estudios profesionales o de posgrado, la situación no es distinta. El panorama económico mundial se vislumbra sumamente adverso, donde algunas empresas comienzan a tomar medidas: reducir salarios, personal o parar indefinidamente las contrataciones. Por lo que, un joven recién egresado con poca o nula experiencia laboral, tendrá muchos problemas para encontrar trabajo en el ya saturado mercado laboral. Seguramente, este empleo no será bien remunerado, le ofrecerán un contrato por outsourcing, y ni hablar de que se parezca al trabajo de sus sueños. Posiblemente tendrá que tomarlo por la presión de pagar aquel préstamo que adquirió al iniciar la universidad. Afortunadamente, muchas universidades están siendo flexibles en este tema. En este contexto, es posible que el emprendimiento no sea una alternativa sino una necesidad.

Algunos ya hablan del fin del mito de la universidad como un camino seguro hacia el futuro o de cómo el presente y futuro de muchos jóvenes está siendo devorado por la niebla de la pandemia. Pues, no solamente se cancelaron los viajes o fiestas de graduación, los mariachis del último día de clases, la firma de anuarios o el último adiós a los compañeros de clase. También estamos en un punto donde se pueden ver truncados los sueños de muchos jóvenes que decidieron apostar por la educación como parte de su plan de vida. 

Siempre he pensado que, como sociedad mexicana, tenemos una enorme deuda con nuestros jóvenes. A quienes se les reducen las oportunidades laborales y educativas, quienes son presa de la violencia endémica del país o de la actividad delictiva, y a quienes se les estereotipa como ninis, frágiles, egoístas y apáticos. Debemos entender que el mundo al que los jóvenes se enfrentan es muy distinto de aquel en el que crecieron sus padres y abuelos. El mundo cambió y el panorama para nuestra juventud se vislumbra nada sencillo.  

Hoy más que nunca la empatía hacia nuestros jóvenes es necesaria. En una entrevista de trabajo no califiquen la experiencia que el joven tiene llenando formatos o atendiendo llamadas. Evalúen la capacidad que este jóven tiene de lidiar con la frustración, y de adaptarse a realidades cambiantes. Y última petición a los entrevistadores en recursos humanos, por favor, no caigan en las preguntas cliché “¿dónde te ves en 5 y 10 años?” porque honestamente, nadie lo sabe.

 


Sobre el autor:

Fernando A. Mora es doctor en estudios humanísticos por el Tecnológico de Monterrey y filósofo por la Universidad Panamericana, también fue investigador visitante en el Instituto Iberoamericano en Berlín, Alemania. Actualmente es director de la PrepaTec Multicultural del Campus Ciudad de México y realiza investigación sobre inteligencia emocional, salud mental y habilidades multiculturales en jóvenes. Amante de la carne asada, fan de los Red Sox y del Atlas de Guadalajara; aunque ganen. Está a favor de: las oportunidades para los jóvenes, la empatía y la solidaridad. En contra de: el odio, los prejuicios y la violencia.

*Las opiniones expresadas en este espacio son a título personal.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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