Hablemos de consentimiento


Camila Sánchez Bolaño

@CamilaSanB

Recuerdo que en la secundaria, mis amigas y yo teníamos la costumbre de hacernos una pregunta después de alguna cita con un chico: “¿le agradeciste?” nos preguntábamos una a la otra y reíamos traviesamente. La pregunta parecía inofensiva y lo que buscábamos con ella era saber era si la cita había terminado, o no, en besos. Nada más.

Para nada nos dábamos cuenta de la connotación de nuestra pregunta, de la sugerencia que, en nuestro cerebro de adolescentes, parecía solo un juego pero que en realidad muestra los conceptos que desde pequeñas se nos han enseñado. Y es que si un hombre te invita a cenar o al cine, lo menos que puedes hacer es darle un beso, él lo espera y tu, aunque debes de proteger tu sexualidad hasta el último momento, no debes de ser por completo cerrada.

Entonces, con esos prejuicios, con esa construcción social en la que el hombre es un cazador en busca de sexo y la mujer una defensora de su virginidad que nunca debe de mostrarse completamente interesada en la relación sexual, abrimos la puerta a confusiones, señales malinterpretadas y a coerciones sexuales que, además, permitimos.

Y me atrevo a decir que lo permitimos porque es lo que hacemos, cuando una mujer es abusada sexualmente, rápidamente comienza la sociedad inquisitiva: ¿qué llevaba puesto? ¿qué hacía en la calle sola a esas horas? ¿estaba drogada o borracha? Y entonces la violación (porque a las cosas hay que llamarlas por su nombre) termina siendo justificada por la ropa de la mujer y su estado de ebriedad. Y después nos preguntamos por qué tantas mujeres tienen miedo a denunciar una violación, porque lo último que quieren es ser re victimizadas.

Según datos del informe de Incidencias Delictivas del Fuero Común del Sistema Nacional de Seguridad Pública (publicado en 2018), de enero a noviembre hubo, en México, un total de 38,478 delitos de carácter sexual (y falta sumarle lo de diciembre), además el INEGI ha establecido que se estima una cifra negra del 94.1 por ciento, lo que nos dice que, tristemente, casi el doble de esos delitos no son denunciados.

Si algo nos han enseñado las acusaciones del movimiento #MeToo, que tanta fuerza ha tomado en redes sociales y en medios de comunicación, es que tenemos que hablar de consentimiento. Y tenemos que hacerlo porque dentro del agujero negro que ocasiona el no hacerlo se esconden cientos de hombres y mujeres que han forzado, obligado o manipulado a otra persona para tener relaciones sexuales.

El consentimiento debe de poder escucharse y no, no vamos a hacer caso a todos aquellos que dicen ahora “tener miedo hasta de acercarse a una mujer” o a los que creen que “el consentimiento es un contrato que le quita lo sensual al acto sexual”. No los vamos a escuchar porque no estamos pidiendo un contrato y no estamos acusando a nadie por el simple hecho de intentar cortejarnos, estamos denunciando a quienes a pesar de nuestro NO decidieron que SÍ, a los hombres que tomaron, sin nuestro permiso algo que no les pertenecía: nuestra sexualidad.

El consentimiento puede ser tan sexy, romántico o cachondo como tu imaginación te lo permita, y no hay nada más atractivo para una mujer que un hombre interesado en lo que ella quiere hacer.

Hablar de consentimiento es protegernos, todos. Con un consentimiento sexual verbal protegemos a cientos de mujeres de ser abusadas sexualmente todos los años y a cientos de hombres de ser acusados de abuso por no haber leído de forma correcta las señales corporales de la mujer con la que estaban.

Está fácil. Pregunta. Sí es sí, el No es No. Y ante el silencio, preguntemos.

Hablaré mucho más sobre este tema en la siguiente edición de la revista Newsweek México.


Sobre la autora:

Camila Sánchez Bolaño es periodista mexicana, feminista y defensora de los derechos de la mujer. Es editora de Horizontes en la revista Newsweek México y locutora del noticiero Hipervínculo en MVS Noticias. A favor de: la marihuana legal, el aborto como decisión personal y los derechos indígenas. En contra de: el abuso sexual y el de poder.




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