¿Hay límites para la diamantina rosa?


Maite Belausteguigoitia

Maite Belausteguigoitia

@maitebelausteguigoitia

 

Su nombre no lo sé, pero ella tiene 17 años. Se maquilla, se viste, habla con una amiga y sale de fiesta. Todo parecía la noche de una adolescente cualquiera que volvió a su casa en Azcapotzalco. Caminaba sola y de madrugada en la calle de Nopatitla, vio a una patrulla.

Había cuatro policías dentro, solo uno se ofreció a llevarla a su casa. “No”, contestó con esa sílaba tan irrelevante y provocadora para los violadores. Después de la falsa cortesía, la tomaron por la fuerza, la desnudaron y la violaron uno por uno dentro del vehículo, el mismo que les fue entregado para proteger a la ciudadanía.

No fue su falda, ni la hora, tampoco el alcohol o los hábitos de “señorita indecente” que tanto se les aplaude a los hombres. Ser mujer en México, ese es el único motivo para explicar la violencia. Un país donde matan a 10 mujeres diario, donde el abuso sexual y las violaciones son moneda corriente. Cuerpos desaparecidos, mutilados, asesinados, sangrados, perforados a la fuerza ¿con qué propósito? Dar testimonio de una “hombría” que se afirma en la transgresión. En esa escena tan indignante se retrata el corazón de la violencia, la explotación de la posición de poder sobre los más vulnerables.

 “No me cuidan, me violan” cientos de voces se convierten en un grito para protestar ante la injusticia frente a la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Rompe la indignación y con ello las puertas de vidrio, el graffiti, la diamantina rosa sobre el jefe de seguridad. Una de ellas trae entre las manos una cabeza de cerdo, la cuelga para representar algo de lo escrito en las paredes. Otra escribe con graffiti rojo la peor pesadilla masculina, “les vamos a cortar el pito”. ¿Se cortará así la violencia?

Esta protesta me provoca dilemas difíciles de resolver. ¿Cómo podemos construir la paz cuando la agresión se convierte en la forma más efectiva de pedirla? Mi forma de vivir y de pensar el feminismo es desde una perspectiva de paz, implica repensar nuestra identidades y formas de vincularnos para construir un mundo libre de violencia. Si la paz es el fin, esta tendría que ser el eje del proceso. 

En esta protesta surge lo inédito, la policía tiene miedo al poder de las mujeres. Más que vandalismo, el derribar las puertas de cristal de la policía y el arrojar diamantina al jefe de policía son actos simbólicos. Es un mensaje contundente para comunicar el hartazgo de los abusos del poder y la intolerancia frente a la violencia. Es histórico que un grupo de mujeres se manifieste de esta manera frente a un Estado cruel y asesino, dentro de una cultura que educa a las mujeres al sometimiento. Reventar las puertas es hacer tambalear los discursos y las instituciones desde donde se sostiene el poder patriarcal.

Mi conflicto está en el daño a los espacios públicos más alejados del conflicto. Por ejemplo, el pintar el Ángel de la Independencia y destrozar la estación del Metrobús. Más allá de la presencia de infiltrados en esta marcha, me interesa pensar hasta donde la legitimidad de una demanda te concede el derecho de dañar el espacio público. Me produce enojo cuando la gente se indigna más por la pared pintada que la violencia a las mujeres, lo considero un mecanismo inconsciente para no reconocer el ejercicio de la violencia. Pero no considero que la violencia contra las mujeres pueda justificar cualquier cosa en el marco de una protesta. 

En México existen miles de injusticias y poblaciones en condiciones de vulnerabilidad. Afrodescendientes, la comunidad LGBTTTI, indígenas, migrantes, refugiados(as), desaparecidos(as), campesinos(as), víctimas de trata, desplazamiento forzado y personas con discapacidad. Por supuesto que en todos estos casos el ser mujer es un factor de riesgo adicional, mi pregunta es: ¿cada grupo tiene derecho a dejar huella de su demanda sobre lo público?  

Es una cuestión difícil de responder, aceptar todas las causas sería vandalizar la ciudad entera y seleccionarlas implica privilegiar a los grupos según su poder político. La violencia de género es tan dramática que el “vandalismo” parece insignificante. Podría responderse “el fin justifica los medios”, pero más allá de las justificaciones morales, ¿son esos los medios más efectivos para llegar a los fines?

En mi opinión la visibilización de violencia es fundamental, pero eso no alcanza para frenarla. Necesitamos generar una transformación social, a través de un diálogo colectivo orientado hacia la paz y eso se logra sumando a la sociedad a reflexionar. La solución más visceral ante la violencia es la destrucción, pero sin duda es la menos sostenible y la más costosa. ¿Qué queda después de limpiar el Ángel de la Independencia y arreglar a la estación del Metrobús? Generar antagonismos con ciertos actos es contraproducente para sumar a la sociedad al diálogo, pero a la vez son esos actos los que pueden abrir esa conversación. 

Es complejo, aún no tengo claro cómo hacerse escuchar pacíficamente en medio de la violencia y la situación de urgencia en la que vivimos.  Sin duda es algo a pensar creativamente, puede ser desde el arte pero sobretodo desde la paz.

 


Sobre la autora:

Maite Belausteguigoitia es psicóloga, maestra en derechos humanos y próximamente comenzará un doctorado en psicología en la Universidad de Buenos Aires. Tiene experiencia profesional en el Centro de Investigación del ITAM y en consultoría de empresas.
Desde el ámbito psicológico ha trabajado con poblaciones en condiciones de vulnerabilidad como niños, niñas, adolescentes, mujeres indígenas, personas con discapacidad, entre otros. Le interesan los temas de psicoanálisis, salud mental, derechos humanos, infancia y género. A favor de: el pensamiento crítico, el arte como un arma de transformación subjetiva y social, modelos de desarrollo con un enfoque derechos y construcción para la paz. En contra de: el dogmatismo, el racismo, el machismo, la violencia en todas sus formas y la hipocresía.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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