Hogar en llamas


Raquel López-Portillo Maltos 

@rak_lpm

 

Como bien afirmó la joven ambientalista Greta Thunberg, nuestra casa está en llamas. Desde hace semanas, una gran extensión de la selva amazónica se encuentra bajo un incendio incontrolable. Varios estados se han declarado en emergencia o en alerta ambiental. Pese a que las noticias sobre desastres naturales se encuentran a la orden del día, ésta ha tomado especial relevancia dada la vital importancia que tiene la región, además de que el incendio se está desplegando en zonas naturales protegidas y en el hogar de pueblos indígenas. Este evento prueba la existencia de que vivimos, como planteado por Enrique Leff, una crisis ambiental a la par de una crisis civilizatoria, alimentadas una de la otra por las alteraciones al medio natural afectando así la salud y bienestar de los seres vivos. 

La historia parece repetirse una y otra vez, en esta ocasión el escenario es la Amazonia, aunque lo hemos visto pasar en Indonesia, Colombia, México, entre muchos otros lugares. Pese a que los incendios son habituales en la selva durante esta época del año, el aumento que tuvieron en un 85% tiene claras razones de ser. La combinación del recorte presupuestal a los programas de cuidado del ambiente, el fomento a proyectos industriales que violan normas ambientales, la ocupación ilegal de las tierras y la deforestación e incendios ilegales, no podrían traer resultados distintos. ¿Cuál es el daño ambiental que esto ocasiona? La desaparición de bosques, selvas y otras zonas verdes. Dado que los monocultivos industriales y los terrenos para ganadería se instalan en este tipo de zonas, necesariamente debe haber un proceso de deforestación implicado. 

Ya sea por medio de incendios o con la tala masiva, existe una inminente destrucción de hábitats. Estas áreas naturales albergan a un sinfín de especies de flora y fauna y, que son obligadas a emigrar hacia otros lugares en los que las condiciones pueden ser lo suficientemente distintas para impedir su sobrevivencia. Así mismo, la deforestación conlleva la eliminación de la capa vegetal originaria del terreno, dejando la tierra vulnerable y sin filtros de protección ante los rayos del sol y las lluvias, generando como resultado la erosión de los suelos. Esto implica que tras algunas décadas, estas tierras no serán fértiles y no podrán recobrar su estado original. Además, esto provoca un desplazamiento forzado de personas por razones ambientales. Ya sea porque las condiciones no les permiten seguir ahí o porque han sido amenazados y obligados a irse, la explotación de tierras comunitarias mediante violaciones a derechos humanos continúa siendo una constante.

He palpado cómo la polarización social también se ha visto reflejada en este tema. #PrayForTheAmazon vs. “El Amazonas no necesita de tus rezos, necesita que revises tu forma de consumir” vs. “No sirve de nada publicar en redes sociales, mejor dona a estas organizaciones” vs. personas compartiendo imágenes que no corresponden a los incendios actuales. En fin, desde mi punto de vista, más que una cuestión de culpas y de razones, existe una mutua corresponsabilidad que debe asumirse: el gobierno, frente a sus medidas laxas, la corrupción y la nula atención ante la cuestión ambiental, y la sociedad frente al consumo irresponsable y la indiferencia. 

¿Qué hacer entonces? Se debe continuar exigiendo a los gobiernos globales que asuman sus responsabilidades, ya que de nada sirve ser ciudadanos ejemplares si no existen marcos reguladores que obliguen a los entes públicos y privados a seguir las reglas. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), algunos de los principios que mejor han funcionado en esta materia son: ‘el que contamina paga’, sustentabilidad ambiental, uso de la mejor tecnología disponible y el de precaución. Éste último es uno de los más importantes actualmente. También conocido como principio precautorio, sostiene que “la autoridad puede ejercer una acción preventiva cuando hay razones para creer que las sustancias, los desechos o la energía introducida en el ambiente pueden ser nocivos. Existe la idea de la prevención de riesgos sobre la base de antecedentes razonables, aún cuando no exista la prueba o la certidumbre científica del daño. El principio faculta a la autoridad a proceder sin prueba concluyente del daño”. Precisamente ahí radica lo esencial de este principio, en no esperar a que un daño irreversible suceda para proteger al ambiente. Por su parte, creo que es fundamental concentrarnos en nuestro saber ambiental, es decir, en el conocimiento que tenemos sobre las relaciones sociedad-naturaleza y en cuestionar y replantear nuestras prácticas de consumo. 

Por último, es importante descifrar el argumento de fondo bajo el cual ha sido sustentada toda la política ambiental. En un momento en el que los derechos humanos han ido tomando cada vez más relevancia, debe pensarse en lo improbable que es que todos estos se materialicen sin un medio lo suficientemente saludable que los sustenten. De ahí nace la idea de un ambiente sano como derecho, definido como aquel que permite el disfrute de condiciones de vida adecuadas en un medio de calidad tal que permita llevar una vida digna y gozar de bienestar. Frecuentemente se olvida la necesidad imperante de revertir las condiciones que están terminando con la vida del planeta y en qué magnitud esto nos atañe. Si se logra reorientar la política ambiental a este argumento sólido, creo que será más fácil poder actuar de manera eficiente, recordando que más allá de una urgencia económica se trata de una urgencia vital. En este tema, no hay vuelta atrás.

 


Sobre la autora:

Raquel López-Portillo Maltos es licenciada en Derechos Humanos y Gestión de Paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue Coordinadora General de la campaña HeForShe de ONU Mujeres en su universidad, así como articulista en la revista digital Observatorio DH. Se desarrolló como Analista de Inteligencia en la consultora internacional Pinkerton y actualmente labora como Coordinadora de Proyectos Especiales en Fundación Por México. Apasionada del flamenco, la fotografía y la literatura. A favor de: el derecho a elegir, el debate, las opiniones sustentadas y la igualdad de oportunidades. En contra de: la violencia, la ignorancia, la mediocridad y las mentes cerradas.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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