Ideas sueltas para lograr reconocimiento


Eduardo Navarrete

@elnavarrete

Para ser leídas con: “I Don’t Want You”, de Ramones

 

Uno de los tesoros a conquistar en esta vida es, sin necesidad de merecerlo, que la gente se vuelque en halagos a tu persona.

Comprensible, pues el reconocimiento público y sus delicias tienen la hipnosis para hacer lo que sea -incluso sobajarte- en su nombre (piensa en la trayectoria del político que venga a tu cabeza).

El culto a la imagen mueve no solo la autoestima. También industrias enteras, como la de la belleza y la publicidad con una leve salvedad: la autoestima no requiere estímulos externos que le digan a qué o a quién parecerse. Y eso sienta una diferencia abisal.

Pero es irresistible: el culto a la autoimagen se repite a lo largo de la historia y en todo estrato social. Lo curioso es que en todo este tiempo no hemos cobrado atisbo de su franca inutilidad.

El Yo como tibio centro del universo puesto a disposición de tu conducción de vida tiene el problema de que es una fantasía: ni eres todo el tiempo eso que crees, ni existes de esa manera de forma objetiva. Si esa percepción cambia y con ello tu imagen, ¿para qué desgastarte y pretender congelarla en el tiempo y buscar que el mundo se rinda ante ella (y no ante ti)?

El tributo al ego es el único medio de transporte que le permite estar en otra parte mientras la vida pasa: es artificial y ajeno y por ello la trampa parece perfecta cuando caemos rendidos a sus propias proyecciones (disfrazadas de legítimas, sólidas y hasta necesarias).

Tal vez por ello, hacer de la permanencia una virtud es una fiesta cotidiana en la que se compite por ser eterno (e idiota): no importa qué producto antiedad compres, el tiempo se encargará de todo. Lo mismo con los juicios de valor y con cualquier aferramiento que uno pueda abrigar.

Por ejemplo, haz el ejercicio de buscarte en internet (si no pudiste hacerlo acá): ¿qué le hace falta a tu idea de ti? Esta persecución de vida exige a la vida misma como precio y un poco más de desgaste para alimentar cotidianamente tu apariencia. Moraleja: repite esquemas habituales de manera automática: tu vida pasará en un instante y será dedicada a insignificancias. ¡Bien, lo habrás logrado! Más grande tu ego, más pequeña tu vista.

 


Sobre el autor:

Eduardo Navarrete es un periodista, fotógrafo y administrador público que se apasiona por los contenidos. Condujo equipos en Grupo Reforma, Grupo Medios, Televisa y Cultura Colectiva. Participa en una iniciativa de acompañamiento a empresas para formar equipos de alto desempeño desde la atención plena y recién fundó una empresa de generación y curaduría de contenidos transmedia.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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