¿Importa saber qué día de la semana es?


Eduardo Navarrete

@elnavarrete

Para leer con: “Weekends”, de Urban Cone

 

El hombre no había descubierto la rueda ni el fuego, pero ya añoraba un fin de semana. Se puede perder la lógica o el sentido de propósito, pero nunca la oportunidad para contemplar el tirol del techo en un momento en el que no hay nada que hacer.

Nada por hacer. La tierra prometida por la tecnología que, conforme la primera se sofistica, la segunda se aleja. Y ahí vamos.

 

La chamba en la casa

En los años noventa se perfeccionó el vocabulario para que los tecnólogos que quisieran se pasaran de vivos: encontraron en la “oficina móvil” el pretexto para esclavizar al hombre con la atenuante de dejarlo jugar pong o snake antes de dormir. Hoy se llama home office, se pedía a gritos y en ellos se empieza a sucumbir sin pong o snake que lo amparen.

Si sabíamos que ese espacio era sagrado, ¿para qué mancharlo? Esta pregunta aplica como formato universal para cualquier problema que requiera un terapeuta. Pero en el caso de cohabitar trabajo y casa, no hace falta explicar lo contrastantes y complementarios que son. Razón por la cual cuesta tanto aplicar una sana distancia entre ellos.

No conforme las exitosas horas extras que uno pueda laborar, siempre estará latente la multiplicación de los problemas que resultan de no haber dormido bien, de estresarse por las capas de pendientes y urgencias, de experimentar moderada confusión mental a causa de tal situación, malabarear los pendientes con rigidez infrahumana y hasta reducirse a ser una sucursal estática de esa oficina móvil.

¿Qué trabajo vale tal vida? Y viceversa.

 

No hay tiempo para habitarlo

El tiempo y su noción son un reflejo de la utilidad y del solaz cuya precisión es responsabilidad de la presencia. ¿Será por eso que transcurre de manera tan extraña en estos días?

No solo da lo mismo que sea martes o sábado: no hay futbol como se debe. La estampa que iba adherida a todo fin de semana y a la estabilidad emocional también fue puesta en fuera de lugar.

Si encuentras una película de Pedro Infante lo más probable es que sea domingo (sólo hay eso y la muerte, seguros en la vida). Y si antes o después encuentras un programa de concursos con el cual hacer tiempo de aquí al lunes, definitivamente será domingo.

 

El tiempo en el espejo

Parece que ahora sobra tiempo cuando antes nos faltaba. Y para eso están los espejos. De no contemplar el rostro en compañía de los prejuicios, etiquetas e interpretaciones que se camuflan con uno, no habría posibilidad para observarlos. Por eso sirve pensar que para el planeta, la especie humana es un instante. El contexto suaviza y premia.

Antes uno pasaba toda la semana haciendo planes para el fin. ¿Acaso habremos entendido la naturaleza ilusoria del día, del mes o del año y con eso el valor que puede aportar, evitar esperar lo que sea?

Como en la prehistoria, cuando el hombre no había descubierto siquiera el fuego, la clave tal vez se trate de ser sensible a la elegancia de saber estar. Por algo y para algo estamos aquí.

 


Sobre el autor:

Eduardo Navarrete es un periodista, fotógrafo y administrador público que se apasiona por los contenidos. Condujo equipos en Grupo Reforma, Grupo Medios, Televisa y Cultura Colectiva. Participa en una iniciativa de acompañamiento a empresas para formar equipos de alto desempeño desde la atención plena y recién fundó una empresa de generación y curaduría de contenidos transmedia.




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