Innovación en primera línea


María Cerdio

En medio del caos y la destrucción que ha generado el COVID, hemos visto también la capacidad de las personas para cooperar, innovar y poner en acción soluciones para mejorar la sociedad. Desde pequeños esfuerzos para apoyar a negocios locales, hasta movilizaciones para llevar insumos al personal de salud, sobran ejemplos de ingenio y creatividad para abordar los retos que plantea la pandemia.  

 

Estos ejemplos representan la esencia de la innovación social: la generación de soluciones novedosas a problemas que son más efectivas, eficientes, sostenibles o justas que las soluciones existentes. La pandemia nos ha demostrado que estas soluciones pueden surgir en todo tipo de espacios y contextos. Pero también ha puesto en relieve que gran parte de la población carece de las habilidades para adaptarse a la incertidumbre, complejidad y volatilidad de nuestros tiempos. En un mundo que cambia cada vez más rápido, fomentar la innovación social es más importante que nunca.  

 

El ecosistema de innovación social en México es grande y dinámico, uno de los más desarrollados en Latinoamérica. México cuenta con líderes innovadores en todo tipo de temáticas socio-ambientales y un sector de inversión de impacto consolidado. Es el único país miembro de habla hispana del Global Social Impact Investment Steering Group, y cada año es sede del Foro Latinoamericano de Inversión de Impacto (FLII), el encuentro más grande de su tipo en la región. Los sectores público y académico también han desempeñado un rol clave para impulsar el emprendimiento e innovación social, creando espacios y plataformas de apoyo a nivel local y nacional.  

 

Sin embargo, y reflejando las desigualdades geográficas y sociales que dividen al país, existe una brecha de oportunidades para innovar, emprender y escalar soluciones. Hay una falta estructural de redes y programas que apoyen a emprendedores sociales de grupos y comunidades marginados. Impulsar la innovación social en estos contextos podría enriquecer el ecosistema, no solo con nuevos talentos, sino también con ideas para abordar los problemas que enfrentan de primera mano. 

 

Una de las principales barreras para aumentar la diversidad en el sector es la concentración de programas de apoyo en la capital y en ciudades como Monterrey y Guadalajara. Los emprendedores fuera de esos hotspots se ven excluidos de redes y plataformas para adquirir el financiamiento, conocimiento, herramientas y asesoría necesarios para desarrollar sus ideas. A su vez, los programas existentes raramente se adaptan a sus necesidades, alcance y contexto. Esta falta de soporte inclusivo de calidad genera un círculo vicioso de aparente escasez de propuestas de alto impacto de poblaciones subrepresentadas.  

 

Ante la distancia física, el acceso a la conectividad representa un reto adicional para poder cerrar la brecha de oportunidades. La tecnología ha democratizado el acceso a información y herramientas para la innovación social, permitiendo que más personas puedan generar soluciones e implementarlas de forma más rápida y eficaz. Pero en México, 3 de cada 10 personas aún no tienen acceso a la red, la mayoría en áreas rurales o con menores recursos.  

 

Apostar por emprendedores “no tradicionales” es fundamental para poder responder adecuadamente a los desafíos sociales y ambientales que la pandemia ha agudizado. A través de habilidades para la innovación y una infraestructura de apoyo más fuerte, comunidades rezagadas pueden apalancar sus conocimientos y entendimiento de su entorno para identificar necesidades reales y generar soluciones relevantes. Los problemas sociales más complejos y urgentes no pueden ser entendidos, y menos resueltos, sin incluir a aquellos que los viven en su día a día. 

 

En el corto plazo, esto significa crear espacios de vinculación que permitan el intercambio de ideas, experiencias y recursos y fomenten la generación de redes intersectoriales. A largo plazo el ecosistema de innovación social en México debe promover la descentralización e incorporar procesos más inclusivos, que ayuden a más personas a desarrollar las habilidades necesarias para adaptarse y contribuir al cambio por el bien común.  

 


Sobre la autora:

María Cerdio es licenciada en Antropología Social por la London School of Economics and Political Science. Se desempeña como Coordinadora de Venture & Fellowship en Ashoka, donde apoya a líderes innovadores para identificar e impulsar soluciones a desafíos socio-ambientales en México, Centroamérica y el Caribe. También es Asociada del Programa de Jóvenes del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Apasionada por generar impacto social, ha coordinado proyectos con ONU México, Nosótricos y Global Fund for Women en temas de igualdad de género, educación y desarrollo sostenible. A favor de: la diversidad, la empatía y el diálogo. En contra de: los extremismos, la violencia y las opiniones sin sustento.  

Helue Santillan1628 Posts

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