La audiencia


María Pía Taracena Gout

@piataracenagout

 

En 1909 el presidente Porfirio Díaz y el presidente William Taft se encontraron en Ciudad Juárez, inaugurando una tradición en la relación bilateral, la entrevista entre los presidentes de ambas naciones. A lo largo del siglo XX  estos encuentros servirían para medir la evolución de la relación bilateral, avanzar temas de agenda y hacer intercambios amistosos.

 

Ejemplos hay muchos, como la muy mencionada visita de Kennedy a México, en  tiempos de Adolfo López Mateos, que fue muy exitosa. Ambos presidentes, carismáticos,  lograron  una reunión llena de expectativas, en la que la población mexicana salió a aplaudir al primer presidente católico de Estados Unidos.

 

En tiempos más recientes y tras una década oscura en la relación bilateral, en los 80 hubo un giro gracias a lo que se llamó el espíritu de Houston. Qué se formuló en 1988 durante la visita de los presidentes electos Salinas de Gortari y George Bush. Allí nació el TLCAN, instrumento que elevaría la relación a nivel de sociedad y que consolidaría una región, América del Norte.  México asumió como suyos los valores que Estados Unidos y Canadá promovían como el avance de la democracia, una agenda de derechos humanos y la construcción del Estado de Derecho. 

 

Paradójicamente la relación bilateral se volvió a tensar a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001. El presidente electo Fox y el presidente  electo W.Bush, que tenían en común el amor por lo ranchero, tuvieron su primer encuentro en San Cristóbal del Rincón en febrero del 2001. Todo parecía indicar que la relación bilateral fluiría sin problema. Pero no fue así, las convulsiones de la primera década del siglo XXI,  alejaron a los dos países.

 

El Presidente W.Bush nunca vino a la Ciudad de México y sus reuniones tanto con Fox como con Calderón fueron o en Estados Unidos o en contextos multilaterales. El cambio de timón en EUA con el presidente Obam no cambió mucho las cosas. Si bien vino tres veces, dos a la ciudad de México y una a Toluca y los presidentes Calderón y Peña Nieto fueron varias veces a Washington, el espíritu de amistad y sociedad no aparecía por ningún lado.  Es más la última visita de Estado se dio en tiempos de Calderón, con Peña Nieto fueron reuniones de trabajo.

 

Aunado a eso, la imagen de México en la opinión pública norteamericana fue creciendo hasta que encontraron un portavoz, Donald Trump, quien como candidato a la presidencia de Estado Unidos se encargó de enterrar  el espíritu y  profundizar las heridas.

 

México extrañado por tal agresión no solo no encontró un presidente que lo defendiera, si no que la respuesta fue invitar a los Pinos al candidato Trump. Quién aprovechó el momento para mandar un mensaje contundente a su electorado: que tenía  la capacidad de lograr que  México hiciera lo que él quisiera. La dinámica no cambió con el cambio de gobierno en México. Trump ha demostrado una vez tras otra la misma capacidad de doblegar al país para mandar mensajes a su electorado, la última hace unos días en Arizona cuando  frente al muro,  no invitó al presidente mexicano si no que lo citó en Washington, como si de una Audiencia se tratara.

 

En tiempos virreinales se le llamaba audiencia a las reuniones con el virrey a las que asistían los oidores, los alcaldes y alguaciles dedicadas a los temas de justicia. Al pensar en la forma en la que Trump convocó la reunión con el presidente mexicano, me vinieron a la memoria estas reuniones virreinales, en las que se velaba por el cumplimiento del derecho y la justicia. No lo pude evitar. 

 

Ante las circunstancias que rodean a la visita de AMLO a Washington, entrada en vigor del T-Mec, las amenazas a la seguridad del Estados mexicano por parte del crimen organizado y los tiempos electorales norteamericanos, la reunión entre ambos presidentes parece más una audiencia que un encuentro entre países que son socios y que comparten objetivos comunes. No hay celebración por el T-mec, como hace 26 años con el TLCAN, no es una vista de Estado y a pesar de la justificación del gobierno, el grupo empresarial no lo va  a acompañar para ayudarlo a traer las tan anheladas inversiones

 

Es una manera de intervenir en el proceso electoral norteamericano, ya que decantarse de esa manera por la reelección de Trump favorece a Trump frente a su electorado y no le hace ningún favor a México.

La audiencia puede salir  contraproducente también en la percepción de ella que se refleje en el mundo a través de los medios. Llama la atención que ante la entrada en vigor del T-mec los principales periódicos de EUA no hicieron una cobertura triunfalista como cuando entró en vigor el TLCAN. No hay espíritu de cooperación, si no de imposición por eso parece que más bien, la audiencia es para  tratar otros temas, que para festejar la nueva sociedad. Así las cosas….

 


Sobre la autora:

María Pía Taracena es licenciada en Relaciones Internacionales, maestra en Historia y candidata a doctora en Historia por la Universidad Iberoamericana. Ha trabajado en los tres sectores, académico, privado y gubernamental. Desde 1991 es docente en su alma mater, donde ha dado clases para distintos espacios y programas académicos. En 2018, recibió la medalla Ernesto Meneses al mérito universitario. Adicionalmente, Pía ha participado con su opinión en distintos medios de comunicación. A favor de: igualdad, la cooperación, la felicidad, el conocimiento, la interpretación, la búsqueda de la verdad. En contra de: la desigualdad, la aburrición, el abuso, la injusticia, la falsedad, la post-verdad.




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