La ciencia de gobernar


Ricardo M. Salas

@segunricardo

“No crean que tiene mucha ciencia el gobernar. Eso de que la política es el arte y la ciencia de gobernar no es tan apegado a la realidad, la política tiene más que ver con el sentido común, que es —eso sí—, el menos común de los sentidos… la política es transformar, hacer historia.”

—Andrés Manuel López Obrador, presidente de México. 

 

Para el presidente gobernar no tiene mucha ciencia, por lo menos esto es lo que dijo hace unos días durante un evento en Ecatepec, Estado de México, en donde reafirmó el compromiso de su administración con los programas de bienestar, el combate a la corrupción y el mantenimiento de un gobierno austero. El presidente tiene razón: gobernar no tiene mucha ciencia… si lo haces mal y no tienes consideración por el gasto público. 

La verdad es que pocas personas tienen tanta experiencia en la política mexicana como López Obrador, un hombre que –bajita la mano–, acumula más de cuatro décadas de giras por la república mexicana, negociaciones con sindicatos, organizaciones indígenas, y muchos grupos influyentes del país.

Sin embargo, quienes creen que el actual presidente de México representa una visión de gobierno absolutamente fresca y renovada olvidan que comenzó su carrera política como militante del PRI a mediados de los años setenta, iniciando así un periodo de ascenso que le haría pasar por las filas del PRD, convirtiéndolo en jefe de Gobierno de la Ciudad de México, presidente de este mismo partido, y finalmente, presidente de México, cargo que ganó con márgenes de aceptación nunca antes vistos. Pocas figuras representan a la cultura política mexicana como López Obrador, y sin embargo, su genio radica en haber forjado –exitosamente– la imagen de un político que es ajeno a los grupos que han controlado el poder en el país desde principios de siglo. 

A exactamente un año de su victoria electoral, nadie puede dudar que el tabasqueño es un líder carismático que ha sabido ganarse el corazón de sus electores, y en particular, de muchos jóvenes que han visto en él la posibilidad de un nuevo México que pueda luchar contra la violencia, la impunidad y la corrupción que su administración heredó de los gobiernos pasados. Aún así, AMLO se equivoca. Afirmar que gobernar no tiene mucha ciencia ejemplifica la soberbia y la irresponsabilidad que caracteriza a los megalómanos y líderes carismáticos que anteponen su ego a la razón. 

El megalómano cree que posee atributos (muchas veces cuasi-divinos), y que su superioridad moral o intelectual es la que le dan la legitimación para indicarle a la sociedad cómo debe vivir y relacionarse con sus gobernantes. En su libro “Carisma: Análisis del fenómeno carismático y su relación con la conducta humana”, el antropólogo Charles Lindholm hace un estudio muy extenso sobre las cualidades de los líderes carismáticos, quienes conquistan a sociedades enteras basadas en el culto a la personalidad y no a la razón. Estos líderes apelan a sentimientos en común, son visiblemente talentosos para hablar en público y pueden usar los miedos y frustraciones del pueblo como la fuerza que impulsa a su movimiento, muchas veces señalando a un chivo expiatorio o a algún enemigo en común (¿quiénes componen, en realidad, a la mafia del poder?). 

Muchas de estas características del megalómano también han sido retratadas por otros como Pedro Arturo Aguirre, escritor de “Historia mundial de la megalomanía”, quien resalta cómo muchos líderes son capaces de capturar los sentimientos de un pueblo mostrando al líder carismático como un padre redentor, que ha venido a mostrar el camino correcto que debe seguir la sociedad si ésta quiere llegar a la paz y la prosperidad. 

“No crean que tiene mucha ciencia el gobernar”: Las palabras de López Obrador durante un evento en Ecatepec a finales de junio de 2019. Imagen: Reporte Indigo

Ojo: No estoy asociando a López Obrador con muchos de los tiranos y genocidas que son examinados en libros de este tipo, pero no puedo evitar denotar algunas similitudes con algunos megalómanos que han probado las mieles del poder cuando veo la obsesión de AMLO con poner como padres de la patria a figuras como Benito Juárez, Lázaro Cárdenas y Emiliano Zapata; figuras que en su visión novelesca de la historia, son retratadas como perfectas, solemnes e impolutas.

El punto que quiero resaltar es que gobernar, de hecho, sí tiene mucha ciencia. Recordemos que hacer política es muy diferente que hacer política pública. La primera (por lo menos en mi experiencia) se refiere a la acción de establecer vínculos, asociaciones y negociaciones que pueden llevar a un grupo de individuos al poder y otorgarles la capacidad de establecer un gobierno, que en el mejor de los casos, debe representar los intereses de una mayoría que deposita su confianza e intereses en dicho grupo.

Hablar con datos: Fundaciones como la Bertelsmann Stiftung publican reportes anuales sobre los niveles de buen gobierno y desempeño de distintos países. México no pinta nada bien en 2019. Imagen: Bertelsmann Stiftung 2018

Hacer política pública, por otra parte, tiene que ver más con el hecho de gobernar, regular y proponer leyes que garanticen la seguridad, igualdad y el pleno desarrollo de una sociedad en general. Esto último sí que tiene mucha ciencia, de lo contrario, todos los estadísticos, economistas y politólogos que colaboran para los reportes de organizaciones como el Banco Mundial, la ONU, la OCDE y una enorme cantidad de think tanks locales e internacionales estarían sin empleo. Este tipo de instituciones publican —año con año— información científica sobre los niveles de corrupción en distintos países, reportes sobre cómo eficientar el gasto público en áreas como la salud o educación, así como recomendaciones para mejorar la inclusión financiera, eficientar la movilidad urbana, o para aumentar la transparencia gubernamental, entre muchas otras.

El presidente se equivoca. Gobernar a dedazo y bajo la ilusión de “aquí mis chicharrones truenan” no solo es un reflejo de que México no ha dejado atrás su amor por los líderes caudillistas y los redentores sociales que confían más es su carisma que en la construcción de instituciones independientes. Como bien ha retratado Ma. Amparo Casar (una de las politólogas más respetables que pude conocer durante mi tiempo como periodista), gobernar por encima de la ley bajo la premisa de que una visión de gobierno es más justa que otras no solo es peligroso, sino altamente destructivo para el futuro de un país.

Una nación que construye sus instituciones principales alrededor de la figura de una persona duran lo mismo que dure el jefe máximo en el poder. Un  verdadero estadista entiende que el Estado se compone de instituciones resilientes, autónomas, y cuya integridad está garantizada sin tomar en cuenta qué persona o partido esté en el poder. Este tipo de hombres o mujeres entiende que el gobierno debe basarse en mejores prácticas, promover y adoptar los últimos avances científicos y actuar bajo la autocrítica y la medición objetiva de resultados. En pocas palabras, el gobierno no puede ser soberbio y tiene la obligación de poner las mejores herramientas para gobernar al servicio del pueblo. 

En los tiempos del nuevo populismo y la era de la post-verdad, vale la pena recordar mensajes como los del historiador británico, Lord Acton: “El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. 

 

Una nota dulce

En un tema totalmente diferente. Mientras leo sobre la última ola de calor que está provocando el cambio climático, la reactivación de la caza de ballenas en Japón, y muchas otras noticias desalentadoras sobre el estado del mundo, he encontrado un gran motivo de felicidad en las canciones del cantautor y violinista estadounidense Andrew Bird. 

Bird (a quien pude ver en el Coachella en 2012) es uno de esos artistas cuya música permite escapar a otra realidad por unos momentos y apreciar las cosas más sencillas y bellas de la vida. Canciones como “Take Courage” son un respiro para el alma en estos tiempos confusos, lo recomiendo de sobremanera. 


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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