La era de la (des)memoria


Ricardo M. Salas

@segunricardo

Ámense los unos a los otros, ¡y guarden sus teléfonos!

—Florence Welch, cantante.

 

El fin de semana pasado tuve dos experiencias que me hicieron pensar sobre el futuro de nuestra memoria conforme entramos de lleno en la era de la comunicación instantánea y la información omnipresente. La primera fue durante un concierto de la banda británica Florence and the Machine en la Ciudad de México (un gran espectáculo por cierto). Además de pasarla en grande y de ser testigo de una voz tan potente como la de Florence Welch, vocalista del grupo, me llamó la atención la cantidad de gente que estaba disfrutando del concierto a través de su teléfono celular.

Aceptémoslo, todos lo hemos hecho alguna vez y se han escrito miles de notas y artículos al respecto, y algunos artistas incluso están contratando a compañías que garantizan ambientes libres de teléfonos celulares. Sin embargo, este fenómeno empieza a ser ya tan recurrente, que parece ser que los públicos se han ido acostumbrando, no sin cierta impotencia, a esta constante obstrucción visual por parte de sus vecinos.

Mi filosofía personal es que está bien tomar una foto para el recuerdo, si esto no te toma más de 20 segundos y es… bueno… ¡una foto! Pero en una era en la que nueve de cada diez conciertos (me estoy inventando la cifra, no me citen por favor) están disponibles en YouTube, creo que cada vez estoy más en contra de compartir videos de calidad cuestionable, y que muy probablemente nunca vas a volver a ver en la vida. Para mi sorpresa, la cantante británica parecía estar de acuerdo con esto, porque durante el concierto, Florence Welsh aprovechó una pausa durante alguna de las canciones para invitar al público —con un carisma y una elegancia que nunca había visto antes en situaciones similares—, a que guardara sus teléfonos. La vocalista pidió a la audiencia disfrutar el momento, que todos le dijeran a sus vecinos cuánto los quieren, y que… como diría la reina Isabel: ¡Guarden su pinche teléfono! (entre risas).

Qué forma tan refinada de abordar un problema tan molesto para un artista, nunca había visto algo así, y francamente había olvidado cómo se veía un concierto sin smartphones en el aire (aunque fuera por los cinco minutos en los que tuvo efecto la petición).

“Put your f*cking phones down!” Artistas desde Bjørk y Jack White, hasta Tool y Ryan Adams se han mostrado visiblemente enojados al tocar frente a un mar de teléfonos celulares. Imagen: Sacha Lecca para RollingStone.

Sea como sea, es un fenómeno interesante, ¿no es cierto? ¿No es paradójico que este último par de años hayamos generado el 90% de toda la información que haya sido producida en la historia humana y que aún así tengamos una creciente obsesión por documentar absolutamente todo?  ¿Qué efectos tendrá en nuestra mente y en nuestra sociedad el que cada uno de nosotros haga su propia versión de Big Brother, o que viva su propio reality show a través de una red social como Instagram? ¿O a través de las Stories de Facebook o WhatsApp? —Sí, ustedes saben quiénes son, pero bueno, cada quién sus gustos.

¡Esos clics se sienten muy bien (mientras duren)!

La gran paradoja del acceso permanente a la información y la creciente necesidad de hacerle saber a la gente quiénes somos, qué hacemos y dejar una huella (aunque efímera) sólo se explica a través de la biología. Quizás nos dé miedo ser olvidados o caer en la irrelevancia en una era en donde casi todo los que estamos conectados a la red vivimos constantemente invadidos por todo tipo de estímulos, pero la verdadera razón por la que nos gusta ser recordados y reconocidos es porque esto le gusta al cerebro. La ciencia indica que cuando recibimos un mensaje, un like o generamos interacciones positivas a través de la red, nuestro cuerpo recibe una descarga de dopamina, el mismo químico (o neurotransmisor, para ser exactos) que liberamos los humanos al realizar actividades placenteras, desde fumar y comer dulces, hasta hacer ejercicio, ver una serie en Netflix, y sí, también las relaciones sexuales.

La dopamina parece jugar un papel fundamental en una serie de procesos como la regulación del sueño, la motivación, el movimiento, y muchos otros en el cuerpo humano, pero está principalmente vinculada con nuestro sistema de recompensa, razón por la cual el recibir atención en línea nos hace sentir bien y por la que algunos autores se muestran preocupados sobre el potencial adictivo de la comunicación instantánea y constante a través de un aparato.

La memoria está en el internet

Creo que la discusión de arriba explica, en parte, nuestra obsesión por hacernos presentes en una era en la que nunca ha sido tan fácil conocer lo que está pasando en un lugar mientras ocurre. Para eso existen Twitter e Instagram, y nadie necesita otro video mal grabado del último concierto al que fuiste, y sin embargo lo hacemos, porque queremos recordarle constantemente al mundo sobre nuestras vidas.

Aquí es en donde llega a mi mente la segunda experiencia de fin de semana. El domingo pasado pude visitar la exposición “Restablecer Memorias” del artista y activista chino Ai Weiwei en la Ciudad de México. El trabajo que trae a nuestro país se centra en la idea de la memoria colectiva y la necesidad de recordar eventos y tradiciones que forman parte de la identidad de una sociedad, ya sea para bien o para mal. En su exhibición, Ai Weiwei, acerca al público con un templo de madera de 400 años de edad, perteneciente a la dinastía Ming en China, vestigios de una nación que trató de dejar este tipo de construcciones en el olvido durante la Revolución Cultural que impulsó Mao Zedong en 1966.

Por otra parte, el artista expone una serie de documentales e información sobre el caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, señalando una herida abierta en la sociedad mexicana, que más allá de la noche en Iguala, demuestra la escalofriante realidad de las desapariciones forzadas, la violencia y la infiltración del narcotráfico en instituciones clave para el país y en todos los niveles de gobierno. ¿Cómo, pues, se está transformando la memoria humana? ¿Estamos entrando a una época de memorias efímeras si todo se puede consultar en internet? ¿Cómo estamos construyendo los recuerdos de eventos clave en nuestra sociedad? Y más importante, ¿qué papel juegan estas memorias en nuestra identidad como sociedad, como país o como individuos en un mundo cada vez más globalizado?

Siempre polémico: Fiel a su trabajo como activista, el artista Ai Weiwei escogió el caso de los 43 estudiantes de la Normal Rural Isidro Burgos para mostrar la necesidad de que la sociedad tenga recuerdos en común en un mundo en donde olvidar es cada vez más fácil. Imagen: Reuters vía the BBC.

Quizás es un pensamiento irrelevante, pero puede que Ai Weiwei tenga un punto. Basta con buscar en Wikipedia sobre la dinastía Ming o sobre el caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa para enterarse de un hecho relevante para una sociedad. Sin embargo, este tipo de memorias colectivas no siempre están presentes y puede que cada vez tengan un menor peso conforme incrementamos nuestro consumo de información. En China, por ejemplo, la mayoría de los jóvenes con menos de 30 años no saben absolutamente nada sobre la Masacre de Tiananmen en 1989, en gran parte gracias a la estricta censura que ha impuesto el gobierno del gigante asiático para borrar ese episodio de la memoria colectiva.

No sé en qué forma vayan a evolucionar nuestras mentes conforme vayamos convirtiéndonos cada vez más en sociedades digitales. Pero si algo rescato de estas dos experiencias, es que a veces vale la pena parar un instante y vivir un momento. En una era en la que toda la información está disponible en línea, mantener ciertas memorias presentes parece ser cada vez más un acto de responsabilidad social.

 


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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