La era postcovid19 ¿un escenario para una nueva guerra fría?


Luis León

@luismaleon

 

La pandemia del SARS CoV2 (COVID19) moldea una estructura en la cual no solo las personas nos adaptamos a nuevos medios para interactuar, sino que las relaciones internacionales también se abren hacia una nueva normalidad: seguridad sanitaria sobre la migración, cooperación internacional en torno a una agenda de salud, la observación constante sobre la movilidad pública, foros digitales sin la necesidad de producir deslumbrantes cumbres de encuentro y la profundización de disputas hegemónicas entre China y Estados Unidos.

El creciente ascenso económico de China en los últimos años alteró el status quo estadounidense y hace tiempo que la disputa bilateral rebasó la frontera de lo comercial. Ahora, la pandemia visibiliza de forma clara un esquema de competitividad en diversos ángulos entre Washington y Pekín.

Donald Trump y Xi Jinping han compartido puntos de vista sobre el origen del virus. Mutuamente se responsabilizan por la catástrofe económica y epidemiológica, y orientan recursos hacia una carrera sanitaria para el desarrollo de una vacuna que salve a la humanidad. A la vez, la Casa Blanca rompió relaciones con la Organización Mundial de la Salud, tras acusarla de beneficiar los intereses de China durante la pandemia.

Aprovechando la coyuntura electoral del 2020, el presidente Trump alimenta la idea de un Estados Unidos “fuerte” para enfrentar las amenazas extranjeras como si el COVID-19 fuese un enemigo por vencer en términos de política exterior. El racismo y la xenofobia hacía la comunidad asiática han ido en aumento por sus referencias al “virus chino”.

La campaña electoral republicana busca asociar al candidato demócrata Joe Biden con China, lo define como una del mascota del régimen y un medio para la intervención de intereses extranjeros en el país. A la vez, Washington categorizó a parte de la prensa china como propaganda de Pekín

El lanzamiento de SpaceX recobró la nostalgia de la carrera espacial para los estadounidenses, sin embargo, de forma geoestratégica China colocó su último satélite de navegación BDS que da una cobertura global para competir con el sistema GPS de Estados Unidos.

En Hong Kong la nueva ley de seguridad promovida por el Gobierno de Xi al término del confinamiento puso en duda la autonomía del territorio y generó protestas sociales que fueron reprimidas. Estados Unidos condenó las acciones autoritarias y anunció que dejaría de dar beneficios arancelarios a los hongkoneses.

Anteriormente el intervencionismo propuesto por Washington para responder a la crisis humanitaria en Venezuela se había encontrado con rígidas declaraciones y el uso del veto por parte de China en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La nueva configuración de dicho organismo amanecerá en el 2021 con los siguientes retos: responder de manera coordinada a las consecuencias de la pandemia y cooperar en una creciente polarización entre los gigantes del pacífico.

En el marco del CS es importante mencionar que la iniciativa franco-mexicana pretende limitar el uso del veto en cuestiones de crímenes atroces para así responder a crisis humanitarias evitando pasar por disputas políticas entre las potencias, en caso de una guerra fría la aprobación de esta iniciativa sería vital para tener un CS dinámico.

China apunta a dejar de tener una postura moderada y tan solo de competencia comercial. Busca expandir su esfera de influencia a través de la diplomacia cultural, el apoyo político a gobiernos aliados, proyectos de infraestructura, creación de dependencia económica y de desarrollo.

Un ejemplo de ello es el proyecto de infraestructura Belt & Road, que recorrerá 70 países principalmente en África. Esto personaliza a China como un inversionista y acompañante del progreso y abre la puerta a nuevas relaciones de poder político y de influencia cultural. Aunque China no cuenta con la capacidad armamentística de Estados Unidos, su primer base militar en el extranjero, en Djibouti, servirá para supervisar y proteger esta ruta comercial que cruzará el Mar Rojo para llegar a Europa.

Se desdibuja paulatinamente Estados Unidos en el sur global. Lo mismo ya había sucedido en América Latina con las economías de Brasil, Perú y Chile en las cuales China se convirtió en su principal socio comercial en exportaciones e importaciones. 

El aislacionismo de la administración Trump deja vacíos de poder que China puede ocupar, incluso relaciones con aliados históricos de los norteamericanos como Francia. La relación Emmanuel Macron – Xi Jinping se ha venido fortaleciendo por medio de los Acuerdos de París y la respuesta conjunta para luchar contra el COVID-19.

La pandemia demostró las capacidades del gigante asiático, la era postcovid19 traerá consigo un mayor avance de la influencia de Pekín en el mundo, no es poca cosa que China ocupe el papel del enemigo externo en las elecciones estadounidenses del 2020.

 

El gran desafío es que el sueño chino no sea la pesadilla de Estados Unidos

Liu Yazhou, 2015

 


Sobre el autor:

Luis León estudia Relaciones Internacionales en la Universidad Iberoamericana. Ha colaborado con UNICEF, en la Clínica Jurídica Alaíde Foppa para refugiados y en Wikipolítica. Actualmente preside la Sociedad de Estudiantes de RRII y es asistente de investigación en el Departamento de Estudios Internacionales en la IBERO. Le gusta pintar, visitar museos y escuchar música. A favor de: Energías Renovables. En contra de: Xenofobia.

Mercedes Migoya60 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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