La fragilidad de la imaginación


Eduardo Navarrete

@elnavarrete

Para ser leída con: “Spanish Flea”, de Herb Alpert & The Tijuana Brass

 

¿Cuántas pandemias se tienen que vivir para encontrar algo que hacer, cuando parece que no queda nada más por hacer?

Basta colocarse en la fila del recommendation engine de Netflix para medir fuerza con las veces que uno puede repetir la palabra “no” y, al paso de 30 minutos, aceptar la debilidad y apagar la tele.

Si es cierto eso que la felicidad en tu vida depende de la calidad de tus pensamientos, antes de hacerte la pregunta “¿Qué estoy pensando?” prepara un video en formato selfie. No solo habrás encontrado algo qué hacer, sino tendrás una pieza en video que podrás disfrutar durante varias repeticiones.

Pero si es esa repetición la que surte la aparente delicia de la cotidianidad, la única manera de impedir tal legado es romper su fuente: el hecho mismo de acostumbrarse.

La costumbre es canija, pero más canijo es su efecto. En pocos estados se entra en un trance en el que adiestramos las capacidades más altas del ser, a bucear en aquellas tan básicas y abisales, que ni siquiera espantan.

La sed de necesitar algo a qué aferrarse no solo provoca que te lo creas y que lo proyectes al entorno, sino que algo tan lúcido e interesante como la imaginación, sea utilizado como papel de baño.

¿Qué hemos perdido, sino el presente? Nabokov decía que “realidad” tenía que entrecomillarse por el hecho de que cualquier percepción del mundo es subjetiva. Incluso su opinión. Pero si “realidad” está en el presente y nuestra condición habitual es una distraída, saca conclusiones.

Los conceptos divorcian del presente cuando nos divorcian del estado en el que nos damos cuenta de que nos estamos dando cuenta. Parece adivinanza, pero es triste realidad y, en el mejor de los casos, ni cuenta nos damos.

Por eso, cuando vienen a la mente posibles estrategias para emplear el tiempo y mantener el resguardo en casa por otros dos, cuatro, o sepa Gatell cuántos meses más, solo el susto colma la experiencia.

Estando presentes no hay lugar a la distracción. Y cada momento de no distracción, es de presencia.

El componente mágico de la imaginación es el de la presencia: es un larguísimo hilo desde el cual se suelta un globo inflado con helio mental que vuela sin perderse.

Bajo aceptación previa de que sonará aburrido, podrías jugar a reconocer y estabilizar esta presencia, haciendo lo que sea que estés haciendo. Cada instante: aquí. Lo que sea, pero con atención presente.

Resignificar la condición de vida es saber que no hay tiempo para distracciones. Ni siquiera estando en casa.

 


Sobre el autor:

Eduardo Navarrete es un periodista, fotógrafo y administrador público que se apasiona por los contenidos. Condujo equipos en Grupo Reforma, Grupo Medios, Televisa y Cultura Colectiva. Participa en una iniciativa de acompañamiento a empresas para formar equipos de alto desempeño desde la atención plena y recién fundó una empresa de generación y curaduría de contenidos transmedia.

Mercedes Migoya60 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password