La ilusión de la pureza


Ricardo M. Salas

@segunricardo

“Señores, en lo puro no hay futuro… Señores, la pureza está en la mezcla… Señores, en la mezcla de lo puro, que antes que puro fue mezcla”.

— “En lo puro no hay futuro”, de Jarabe de Palo.

 

Confieso que tenía preparado un tema muy diferente para esta columna (¡ahí pa’ la siguiente semana!), hasta que me enteré de que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, le había escrito una carta al Rey Felipe VI de España, exigiendo una disculpa pública por las violaciones a los derechos humanos que sufrieron los pueblos indígenas de México durante la la conquista –inserte emoji con un facepalm aquí–. De acuerdo con la información disponible, el presidente mantenía en su mensaje que no podría haber una verdadera reconciliación entre los dos países hasta que no hubiera una solicitud de perdón por parte del rey, por lo cual solicitaba dicha disculpa a casi 500 años de la caída del imperio Azteca a manos de un pequeño grupo de españoles.

Estas declaraciones han sido una maravilla para la prensa y motivo de furia en las redes sociales, con gente opinando en pro y en contra de un acto diplomático tan incendiario (y contradictorio si consideramos que el gobierno mexicano sigue sin condenar al régimen de Nicolás Maduro por las violaciones a los derechos humanos en Venezuela). Pero bueno… sigamos.

¿A quién busca complacer la carta de López Obrador? De acuerdo con cifras oficiales, uno de cada diez mexicanos pertenece a un grupo indígena y solo 6.5% de la población nacional habla alguna de las 68 lenguas indígenas registradas. Esto sugiere que la mayoría de los mexicanos tiene una herencia genética y cultural mestiza, resultado de (casi) 500 años de mezcla entre europeos e indígenas. Desconozco el porcentaje de habitantes en México cuyo ADN no tenga algún rastro de esta mezcla (aunque el número parece ser sorprendentemente bajo). Sin embargo, sé que un estudio retomado por la UNAM recientemente analizó la carga genética de distintos grupos indígenas en el continente Americano y tuvo grandes dificultades para encontrar personas cuyo genoma fuera 99% indígena, lo cual sugiere que casi toda la población mexicana ha estado expuesta al mestizaje de alguna u otra forma.

Hablar de los indígenas conquistados como un solo pueblo, homogéneo y uniforme, es un gran error debido a la asombrosa diversidad genética y cultural que había entonces entre grupos como los tarahumaras y los mayas, así como entre sus descendientes—ojo, esto también es relativo porque está comprobado que las diferencias étnicas entre los seres humanos son resultado de variaciones minúsculas en el ADN—la ciencia sugiere que los habitantes de la tierra compartimos 99.9% del genoma humano.

De cualquier forma, el presidente olvida también que Hernán Cortés y su pequeño grupo conquistadores, no habrían podido derrotar al imperio Azteca sin la ayuda de una amplia coalición de pueblos indígenas que vivían oprimidos por Tenochtitlán. Creer que la conquista de las Américas se dio a cargo de un grupo de opresores contra un pueblo uniforme y armonioso descarta las grandes complejidades de la historia de nuestro continente. Bajo esta nueva lógica, haría bien el presidente en exigir una disculpa a la Unión Europea por habernos exportado enfermedades como la viruela y la sífilis, que fueron las que se encargaron de diezmar a las poblaciones indígenas desde que Cristóbal Colón descubrió el Nuevo Mundo.

Los mexicanos somos un coctél histórico que se fue formando durante siglos de encuentros culturales y biológicos. Sin este encuentro de lo europeo con lo indígena, no tendríamos símbolos como el tequila, la música banda, y el mariachi o hasta la vírgen de Guadalupe. Es por eso que promover una visión de nuestra historia como un cuento de buenos contra malos no solo es una equivocación, sino un acto irresponsable en un país donde nueve de cada diez personas no habrían nacido si no se hubieran mezclado los genes, ritos, creencias y costumbres de tantos grupos étnicos cuando nuestro país era aún conocido como la Nueva España. Si bien es cierto que la conquista se llevó a cabo a base de sangre y fuego, lejos de victimizarnos, hay que entender que México así como toda América Latina son producto de la la mezcla inevitable que ésta dejó a su paso.

Por su parte, el presidente haría bien en comprender que la historia estudia el pasado como fue, y no como nos gustaría contarlo. La experiencia humana prueba que usar la historia en estos términos es una política exterior muy pobre, y una política educativa que, lejos de aclarar nuestros orígenes, engaña, excluye y polariza.

Enfermedades traídas de Europa, como la viruela y la sífilis, hicieron que casi nueve de cada diez habitantes del continente Americano perdieran la vida. Fuente: Native Voices

Disclaimer: Este artículo es mi opinión personal y no trata de justificar los crímenes cometidos contra las poblaciones indígenas durante la era colonial, sino resaltar los peligros de distorsionar la historia y usarla con fines ideológicos o partidistas.


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

 

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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