La irresponsabilidad de Salinas


Ricardo M. Salas

@segunricardo

 

“El problema del poder, es cómo lograr un uso responsable de él […] sin caer en la indulgencia.”

 —Robert Kennedy, político estadounidense.

¡Vaya semana de desinformación y frases lamentables! En tan solo unos días me ha hervido la sangre en varias ocasiones al leer la incongruencia, la improvisación y la poca claridad del gobierno federal y varias figuras públicas ante el comienzo de un aumento vertiginoso de contagios por Covid-19 en México y gran parte de América Latina. 

Desde hace un par de semanas, la iniciativa privada y la sociedad civil han tomado cartas en el asunto y promover el distanciamiento social en la medida de lo posible. Y no es casualidad, pues una gran mayoría de expertos coinciden en que la mejor forma de minimizar los contagios y muertes por una enfermedad tan contagiosa como ésta es promover el distanciamiento social durante las primeras fases de la pandemia, esto es, cuando los primeros casos comienzan a manifestarse dentro de un nuevo territorio geográfico. 

La famosa frase “aplanar la curva” [“to flatten the curve”] se ha vuelto trillada, pero tiene una base científica probada detrás. Hoy en día la estadística es una de las ciencias más eficaces en predecir comportamientos sociales futuros (como es el número de contagios y fallecimientos por una enfermedad infecciosa) y hay millones de especialistas que han repetido hasta el cansancio la necesidad de frenar los contagios multitudinarios a modo de no rebasar la capacidad de los sistemas de salud públicos. 

Sobre esto mismo, hace unos días el presidente de Grupo Salinas, Ricardo Salinas Pliego, dio un discurso que fue retransmitido a través de varios canales del mismo grupo empresarial y en otros medios informativos. Durante su intervención, el magnate mexicano trató de poner en perspectiva los riesgos del contagio por coronavirus y aclaró que el efecto más dañino de un agente infeccioso de este tipo no sería para la salud pública, sino por la desaceleración en la actividad económica del país, en donde la gran mayoría de sus habitantes son pobres y no tienen un ingreso que contínuo que les permita quedarse en casa. 

Salinas tiene razón, los efectos económicos de una cuarentena nacional serán devastadores y provocarán hambre, no puedo contradecirlo. Pero está mal en la forma en la que el señor minimiza los riesgos de un contagio masivo y es engañoso con la perspectiva que plantea sobre la pandemia. Durante su discurso, Salinas se echó un desatinado comentario en donde criticaba la forma en la que los detractores del presidente Andrés Manuel López Obrador estaban usando a la llegada del Covid-19 en México como herramienta política — cosa que también es cierta, pues el la enfermedad también ha tenido un alto grado de politización entre algunos grupos bastante irresponsables.

“… y conviene mucho que la oposición fifí (aquí hay algunos), se moderen”, se atrevió a decir Salinas Pliego durante su discurso ante la cara atónita de periodistas como Sergio Sarmiento, colaborador de Grupo Salinas y un reconocido crítico del presidente de México. “Oposición Fifí” dijo el empresario… como si Salinas Pliego se formara a comer pozole en La Casa de Toño todos los días (nada personal contra usted, señor Antonio). El yate de Salinas, su posición como consejero de López Obrador y su poca conciencia social no son particularmente característicos del pueblo bueno, humilde y sabio con el cual asegura tener simpatía. 

En fin, basta de derramar bilis. Ricardo Salinas mencionaba que hasta el 24 de marzo de 2020 habían muerto solo 17,507 personas a causa del coronavirus, cuando enfermedades no contagiosas como la hipertensión y el tabaquismo provocan 10 y 7 millones de muertes anuales, respectivamente. Si vamos a minimizar datos, bien podría el señor usar referencias más impactantes. Una de las principales causas de muerte a nivel global es la malaria, una enfermedad tratable y prevenible que le cuesta la vida a casi medio millón de personas al año a nivel global, y nadie hace ruido sobre ello. A consecuencia de esto, uno de los principales impulsores de tratamientos y campañas de prevención contra la malaria es el magnate y filántropo estadounidense Bill Gates quien, junto con su esposa Melinda, ha realizado un trabajo social admirable para tratar de minimizar este tipo de muertes alrededor del mundo. Por lo tanto, si hablamos de uno de los agentes más mortíferos e ignorados en el mundo, probablemente  deberíamos hacer mención de este pequeño parásito.

Salinas pliego menciona lo siguiente sobre el Covid-19 en un artículo en El Economista, publicado a la par de su discurso. De acuerdo con sus cifras,  el virus:

 

  1. Es muy contagioso
  2. La enorme mayoría lo tienen y no presenta síntomas, lo cual lo hace más contagioso
  3. Sabemos que te da y te recuperas y desarrollas inmunidad
  4. También sabemos que en algunos pocos casos graves se desarrolla una especie de neumonía que afecta más a ancianos y a quienes tienen problemas de salud previos
  5. Sabemos que casi no afecta a niños y a jóvenes

Fuente: El Economista, 2020. 

 

Si bien parece que los adultos mayores son mucho más vulnerables al Covid-19, no parece haber un criterio muy claro sobre cómo afecta a la población joven. Esta misma semana el virus cobró la vida de un diplomático británico en Hungría de 37 años y un reciente estudio por los Centros para el control y prevención de enfermedades en Estados Unidos analizó los casos graves por coronavirus y vio que entre el 14 y 20% de los adultos de 20 a 44 años acaban siendo hospitalizados. 

Las economías en desarrollo no tienen la infraestructura ni los mecanismos sociales para garantizar la supervivencia de los millones de personas que trabajan en la economía informal, que no pueden hacer su trabajo a distancia y que subsisten con un sueldo mínimo (o menos) en países como México. Una historia publicada por el periódico español El País relata de forma desgarradora la situación a la que se enfrentan los más de 52.4 millones de mexicanos que no pueden darse el lujo de estar en cuarentena para evitar contagiarse de la enfermedad. 

Sin embargo, el punto medular aquí es que nos encontramos ante un gran encrucijada: ¿cómo encontrar el punto medio entre prevenir un contagio descontrolado y mantener la actividad económica de un país? Por primera vez en la historia contemporánea enfrentamos una enfermedad tan contagiosa y tan impredecible como lo es este tipo de coronavirus. La globalización y la velocidad con la que viajan productos, información, cadenas de suministro y personas no tiene precedente alguno, por lo cual, sencillamente no hay forma de saber cómo evolucionará esta enfermedad y qué afectaciones provocará entre la población general. Claro está que 17,507 muertes palidecen ante los 20 (o 40, dependiendo de la fuente) millones de personas que mató la gripe española en 1918, pero relativizar las recientes muertes por el nuevo virus no deja de ser mezquino y engañoso.

No tengo herramientas para predecir las bajas totales que el nuevo coronavirus le ocasionará al mundo. Pero que quede claro, muchas personas morirán –incluso con las medidas que varios países están adoptando– y cientos de miles más perderán la vida si la gente en cargos públicos no ve la seriedad de la situación que enfrentamos. Entiendo el riesgo que implica parar o reducir drásticamente las actividades productivas de un país, y créanme que no tengo una solución idónea a estas alturas del partido ni una bala de plata (no existe tal cosa en política pública). Pero lo que me queda claro es que el desdén y la soberbia, costarán muchas vidas si esta enfermedad no se toma con la seriedad que amerita. Hace unos días, el gobernador del estado de Puebla en México, Miguel Barbosa, mencionaba en un discurso público que el virus ataca en su mayoría a gente acomodada. “Si ustedes son ricos, tienen el riesgo; si ustedes son pobres, no. Los pobres estamos inmunes”, pregonaba el político de izquierda.

Decir este tipo de cosas en un momento de tanta incertidumbre y en donde tantas vidas dependenden de información veráz, no solamente es ignorante, sino altamente irresponsable –y francamente– un acto de cobardía y egoísmo absolutamente imperdonable en tiempos en donde las inacción cuesta vidas.


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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