La Navidad como escape del resto del año


Eduardo Navarrete

@elnavarrete

Para leerse con “Niño del Tambor” de Lost Acapulco

 

La Navidad se hizo para sacar ventajas. Es importante aprender a distinguir el cambio de giro de algunos franeleros y comerciantes informales (con ayuda de las autoridades de utilería) hacia lo que apunta un secuestro de carriles de arterias principales para mostrar sus pinos y la arrebatada artesanía navideña.

En tiempos de paz, quejarse es inidicio de amargue, así que si te quedas atorado en el tránsito, sólo baja de tu unidad en turno. Aprovecha para comprar uno o dos adornitos. Y regresa. Al cabo el tránsito de temporada te permite hacer eso y más.

Esta modalidad de congestión vial navideña no se padece, se agradece. En lugar de repartir insultos y mentadas a ciclistas que desconocen el color del semáforo y el sentido de la calle, uno puede ir contando los arbolitos de las casas, escuchando (y de preferencia entonando) villancicos en el auto y especialmente, apreciando el cargamento que transportan vochos y autos compactos que se saben comportar como tráilers, así de la misma manera como nos educó el pípila: piñatas y árboles sostenidos por dos vueltas de mecate con la garantía de quien los vendió.

Todo mundo sabe que el último destino a visitar en temporada navideña es un centro comercial. Y todo mundo sabe que es cuestión de tiempo, para verse formado en una de sus filas. El gusto por pertenecer a la estadística y padecer la Navidad lo vale, desde la resistencia a los tumultos, el tarjetazo en modo desesperación, hasta armarse de paciencia Zen para tolerar a quien convierte su vehículo en reno motorizado.

Esta época tiene también la particularidad de amenazar con que cualquier día de la semana es una preposada en potencia. No gastes más viernes y despilfarra los días con soltura. No importa si no hay letanía, ponche ni velitas, el punto es terminar la fiesta al día siguiente, en vivo y en la oficina. No es sólo socialmente aceptado, sino solicitado. Diciembre es el viernes de los meses.

Con las fiestas vienen los regalos. Y con los intercambios, los problemas. Si intentaste todas las tácticas para evitar la ridícula dinámica oficinil y fallaron, evita vengarte (y exhibirte) con tu buen gusto y abstente del truco de pasar de mano en mano  la porquería que ni regalada, alguien quiere. ¿Por qué habríamos de creer que el roperazo que no te gustó le va a emocionar a alguien más?

Puede sonar divertido… hasta que regalas unos audífonos inalámbricos y recibes un payasito de papel maché.

 


Sobre el autor:

Eduardo Navarrete es un periodista, fotógrafo y administrador público que se apasiona por los contenidos. Condujo equipos en Grupo Reforma, Grupo Medios, Televisa y Cultura Colectiva. Participa en una iniciativa de acompañamiento a empresas para formar equipos de alto desempeño desde la atención plena y recién fundó una empresa de generación y curaduría de contenidos transmedia.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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