La realidad que construimos


Ricardo M. Salas

@segunricardo

“Siembra un pensamiento y cosecharás una acción. Siembra una acción y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino.”

—Ralph Waldo Emerson, escritor estadounidense. 

 

¿Te has sentido abrumado por algún problema en el trabajo? ¿Te preocupa una fecha límite o te estresa alguna relación tensa que tienes en casa o en la oficina? ¿Qué tan grandes son realmente los obstáculos que te ha puesto la vida por delante? Quizás no tanto como los imaginas. La clave está en tu percepción y la forma en la que entiendes  los estímulos que te arroja el mundo minuto a minuto. 

La mente humana es una máquina muy curiosa. ¿Acaso nuestras preocupaciones y niveles de estrés reflejan la verdadera dimensión de los problemas que nos agobian? La verdad es que rara vez lo hacen. 

Llevo algunas semanas leyendo el blog Smarter Living, que redacta Tim Herrera para el New York Times, y es fantástico porque trata una serie de reflexiones semanales que ayudan a pausar un momento y analizar esos pequeños pensamientos y acciones que tenemos día a día, y que podrían parecer insignificantes en el marco de nuestra vida profesional, de pareja, o de nuestros logros personales. Sin embargo, los avances en neurociencia nos hacen entender cada vez más que esas pequeñas acciones y pensamientos son mucho más poderosas de lo que  creemos, y que éstos determinan nuestros destinos de formas que rara vez dimensionamos.

La realidad es que la cultura occidental nos ha acostumbrado tanto a desarrollar nuestra personalidad en torno a lo que tenemos y producimos, que rara vez paramos para analizar si la forma en la que nuestra mente —esa gran computadora que regula y controla todo lo que hacemos con el cuerpo— está llevándonos en la dirección correcta. 

“Nuestros errores son rara vez tan grandes como imaginamos que son, y todo el mundo tiene cosas más importantes que hacer que pensar sobre nuestros errores”, escribe en su blog Tim Herrera, autor su blog en el NyTimes. 

Todo indica que la mayoría de nosotros estamos acostumbrados a actuar de esta forma. Reaccionamos con preocupación ante problemas que quizás no son tan grandes como pensamos, nos enfadamos por conflictos que tal vez no son tan importantes, y ponemos el grito en el cielo cuando las cosas no salen como queremos, mientras (como indica la experta María Rojas-Estapé) segregamos cortisol en cantidades que ultimadamente serán dañinas para nuestro cuerpo. De ahí la pregunta: ¿Controlamos nuestra mente o dejamos que ésta nos controle? 

A pesar de todos los avances que ha habido en el campo de la psicología, nuestra cultura no nos ha inculcado el explorar nuestra propia mente. De repente parece que entendemos mucho más sobre el universo observable que sobre el cerebro humano. Sé que esto puede parecer una aseveración un tanto hippie o “New Age”, pero en una era en la que somos bombardeados por estímulos ininterrumpidos y el comparar nuestros éxitos es más fácil que nunca, vale la pena repensar la importancia que le estamos dando a nuestros pensamientos y si éstos nos permiten reaccionar al mundo como realmente es, o como imaginamos que es (ojo, hay una gran diferencia entre éstas dos). 

El efecto “Cocktail Party” es el mecanismo cerebral que nos permite filtrar una conversación y aislarla de otros estímulos auditivos en lugares como fiestas o salones de baile. Imagen: SilverSurfers

A finales de 2017 me encontraba en un punto crítico de mi maestría, me encontraba en el extranjero y estaba pasando un invierno particularmente oscuro y frío. Fue entonces, cuando en medio de una serie de entregas finales, sufrí un ataque de ansiedad que me hizo preguntarme si las decisiones que estaba tomando en mi vida habían llegando demasiado lejos. Fue a partir de ahí que introduje un poco de meditación en mi vida diaria a través de headspace (aunque hay muchas similares y no tengo relación con la empresa, más allá de mi experiencia personal). 

Esta práctica no solo mejoró mi calidad de vida de una forma sustancial, sino que despertó en mí una gran curiosidad por la forma en la que nuestra mente percibe la realidad, y lo que sucede cuando la gente incurre en esta clase de técnicas para entrenar la mente y tener un poco más de control sobre lo que ocurre en nuestro interior. 

Según entiendo, hay una gran cantidad de técnicas de meditación y disciplinas que se enfocan en el estudio de la propia mente. Algunas son seculares como el famoso mindfulness (que ahora está tan de moda), mientras que otras se basan más en doctrinas budistas o que van de la mano con tradiciones orientales y de carácter un tanto más místico. Aún así, el componente principal que tienen todas estas tradiciones es el poder poner atención al presente y tener más control sobre nuestros pensamientos para identificar cosas como el enojo, la ansiedad, el nerviosismo e incluso la felicidad y prácticamente cualquier impulso, para reaccionar ante ellos de una forma un poco más objetiva y saludable. En corto, el observar la mente permite le otorga a la persona más control sobre su cerebro, y ultimadamente, sobre su vida.  

“El poder observar nuestra mente y nuestras emociones promete darnos vidas más plenas y felices en un mundo que demanda cada vez más de nuestra atención en la era del internet de las cosas.”

Los mecanismos de la mente han sido estudiados por milenios en el oriente, pero las culturas occidentales realmente comenzaron a adoptar algunas prácticas como el mindfulness o la meditación a partir del boom de la psicodelia y la contracultura de los sesenta, principalmente en Estados Unidos y Europa. Hoy en día con la segunda era del internet, también parece haber un resurgimiento en el interés por algunas de estas prácticas mientras más gente comienza a sentirse abrumada por la rapidez del estilo de vida urbano y la búsqueda de un propósito conforme satisfacemos las necesidades humanas a una edad más temprana. 

Sorprendentemente, autores como el historiador Yuval Noah Harari recomiendan la meditación com una de las prácticas esenciales para la vida en el siglo XXI, al igual que muchos otros personajes, yendo desde el productor musical Rick Rubin, hasta otros ídolos de la cultura pop como Rivers Cuomo, cantante de la banda Weezer, y el genio tecnológico detrás de Apple, Steve Jobs

El cerebro es una máquina maravillosa, pero no siempre interpreta la realidad como es. De hecho, si nos ponemos a pensarlo, ¡es bastante increíble que nuestro cerebro pueda interpretar al mundo de forma alguna! Piensa en la cantidad de estímulos a los que cualquier ser vivo está expuesto en el planeta tierra, desde toda la radiación comprendida dentro del espectro de la luz, hasta el montón de estímulos auditivos y táctiles, así como sabores, olores, patrones, y múltiples pensamientos asociados con la capacidad humana de reconocer que somos una persona con identidad propia (los animales no se preguntan quiénes son, ¿cierto?). 

Yuval Noah Harari afirma que no habría podido escribir Sapiens o Homo Deus sin la claridad mental que la meditación le otorga. El intelectual Sam Harris (derecha) también ha abordado el tema en repetidas ocasiones. Imagen: ‘Making Sense’, de Sam Harris.

El cerebro hace una labor espléndida filtrando todos estos estímulos, a través de un mecanismo conocido como “Sensory Gating” (o “Puerta Sensorial” en español). De hecho, prueba de ello es el llamado “Cocktail Party Effect”, lo que hace que podamos poner atención a la voz de una sola persona y filtrar todas las demás cuando nos encontramos en un salón con múltiples conversaciones alrededor. 

Si consideramos lo complejo que es este mecanismo que nos permite filtrar todo lo que ocurre en nuestro entorno, no es ninguna sorpresa que a veces fallemos al dimensionar y ordenar toda la información que recibimos día a día. Quizás ese trabajo que no conseguiste o ese pago que se te olvidó hacer no son tan determinantes como los haces en tu mente. Como bien decía Ralph Waldo Emerson y algunos promotores de la nueva cultura del entusiasmo, como el catalán Victor Küppers, nuestra mente y la forma en la que reaccionamos a ella (o sea, nuestra actitud) forjan nuestro día a día, nuestro trabajo, nuestros hábitos, y al final, nuestro destino. Quizás es tiempo de ponerle más atención a  lo que ocurre en nuestra mente, no hay mayor fuerza que rija nuestras vidas. 


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

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