Las leyendas se hacen fuera de la cancha


Gabriel Martínez

@gabomartinez_10

IG: gabo_martinez_

“Servir a otros es el alquiler que se debe pagar por una habitación en la Tierra”, Muhammad Ali.

 

El deporte no se cansa de dejar aprendizajes y lecciones de vida que van más allá de una pelota o una cancha. No se cansa de inspirar en lenguaje universal, ni de demostrar que los más grandes son los más terrenales.

Hace unos días, durante el primer Grand Slam del año, el Abierto de Australia, Rafael Nadal golpeó accidentalmente con la pelota el rostro de Anita, una niña de 12 años que ha estado trabajando en la competencia como recogepelotas. 

Al percatarse, el español soltó su raqueta enseguida y corrió para ver si la niña se encontraba bien. La valiente Anita, con gestos más de pena que de dolor, únicamente sonrió. Rafa le dijo algo al oído y le dio un beso en la mejilla, ante los aplausos de todo el público presente. Acabando el partido le invitó una bebida y se disculpó con su familia.

Miré el video una y otra vez, incrédulo de la calidad humana de una persona de tanto alcance mundial, fama y éxitos. Pero la respuesta a todas estas interrogantes que a bote pronto generan corto circuito en realidad es muy sencilla: Rafael Nadal es un atleta tan imponente, claro, por lo que hace sobre la pista, pero principalmente por lo que hace fuera de ella.

Casualmente, en este mismo entorno ocurrió otro hecho que llamó mucho la atención. Martina Navratilova y John McEnroe, dos de los tenistas más laureados de la historia, alzaron la voz pidiendo que la segunda pista más importante del Abierto de Australia, que lleva el nombre de otra figura del deporte blanco, Margaret Court, deje de llamarse así, luego de repetidos señalamientos homófobos de la 24 veces ganadora de Grandes Slams, como que los transgénero “son producto del diablo”, entre otras “linduras”.

Navratilova y McEnroe entienden que ser leyenda es en primer lugar ser un ejemplo de bien para los millones que inspiran sus acciones del día a día en el deporte.

Por eso, la muerte de Kobe Bryant ha causado convulsión a nivel mundial. Era un hombre querido por la magia que plasmaba sobre la duela, pero también por su resiliencia fuera de ella. Porque mostró su lado más humano y cometió errores muy graves, como el de aquella infidelidad que se vio forzado a reconocer y que tumbó al sótano una reputación que le costó años recuperar, así como le costó sudor y lágrimas reconquistar la confianza de su familia, a la cual, cuenta la gente cercana a él, se entregó hasta su último día. “La cosa más importante es intentar inspirar a la gente, para que puedan ser grandes en lo que quieran hacer”, decía el basquetbolista. 

En una semana triste, pero también ideal para la reflexión y para calibrar nuestras armas humanas en tiempos tan intrincados, Navratilova continuaba recordando a Bryant y otros mitos, en su intervención por su inconformidad del caso de Court: “Pensemos en Muhammad Ali, Nelson Mandela, Martin Luther King, Billie Jean King, Rod Laver, Rosa Parks. ¿No sería apropiado que el Staples Center (el estadio de los Lakers) fuera renombrado como un homenaje a Kobe Bryant? Todos ellos sobresalieron en sus deportes y los trascendieron. Hicieron una contribución positiva a la humanidad; lideraron con el ejemplo”, recordó.

Llegamos a un punto en donde está muy bien ser el mejor cabeceador, el mejor tirador de tres puntos, el mejor revés, o el más rápido en los cien metros mariposa. Pero ya no es suficiente, y mucho menos en tiempos en donde las redes sociales registran y viralizan cada acto, del cual aprenden todos aquellos, sobre todo menores de edad, que al enamorarse de su capacidad atlética imitan sus movimientos, pero también sus acciones extradeportivas.

Por eso Javier el ‘Chicharito’ Hernández no es una leyenda. Porque está más preocupado por recibir esa etiqueta que por ser un ejemplo en todos los aspectos de su persona. Y no es crítica, porque no es nada sencillo tener millones de reflectores y estar obligado a solapar juicios, muchos de ellas sin fundamento. Es una losa que no todos pueden sostener.

“Regresé como una leyenda”, dijo el Chicharito en su presentación con el Galaxy de Los Ángeles. El exjugador de las Chivas tiene millones de seguidores y de gente que lo quiere tan sólo por lo que ha hecho dentro del campo de juego. Pero no es su decisión si es una leyenda o no, ni está en él decirlo, porque las acciones hablan por sí solas. Hernández tiene en su persona una arma muy poderosa para hacer del mundo, o al menos de México, un mejor lugar. Sólo si logra hacerlo, entonces será una LEYENDA: palabra que por el bien de todos, hoy debemos reservar para aquellos que por medio de su trabajo hacen crecer a la humanidad.

 


Sobre el autor:

Gabriel Martínez es un periodista especializado en deportes. Ha trabajado en el diario español La Vanguardia, actualmente es conductor del programa televisivo de Adrenalina en Grupo Imagen y escribe en el periódico Excélsior. Tiene un máster en periodismo y un diplomado en marketing y negocios deportivos. Es violonchelista de clóset y devoto de la actividad física. A favor de: la educación y la igualdad social. En contra de: la censura, el radicalismo, y el sedentarismo.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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