Late Bloomers


Ricardo M. Salas

@segunricardo

“En 2014 la revista Time comenzó una lista de los adolescentes más influyentes del mundo. Así es… adolescentes”.

—Rich Karlgaard, periodista y escritor norteamericano.

¿Qué estabas haciendo a los 13 años? ¿Cuáles fueron tus logros a los 18? ¿Y qué errores marcaron tu vida en tus primeros veintes? ¿Habrías cambiado algo durante tu etapa universitaria? Éstas no son preguntas fáciles. Además, admito que algunos lectores de esta columna quizás aún no hayan llegado a alguna de estas etapas de la vida (aunque según me cuenta el equipo de Telokwento es muy probable que, así como como yo, caigas en la categoría del millennial y andes en tus veintitantos). De cualquier forma: ¿qué tan maduro o madura crees que eras hace unos diez años? ¿Qué tan maduro o madura te sientes ahora? ¿Crees haber desarrollado tu máximo potencial creativo o productivo?

Últimamente he pensado mucho en esta serie de preguntas, en particular después de comenzar a leer el libro Late Bloomers: The Power of Patience in a World Obsessed with Early Achievement (“Bloomers tardíos: el poder de la paciencia en un un mundo obsesionado con el logro temprano”). En este libro el periodista estadounidense Rich Karlgaard se dedica a investigar y explicar la obsesión que parece tener la cultura occidental con el éxito en plena adolescencia en relación a aquellas personas que alcanzan su potencial en la vida más tarde de lo esperado.

No fue hasta que comencé a leer el trabajo de Karlgaard que pude darme cuenta de un fenómeno sociocultural que por más obvio que parezca nunca me había llamado la atención. Sólo basta con fijarse bien en las portadas de las revistas por el tiempo suficiente, la cultura popular occidental parece, en efecto, estar obsesionada con los jóvenes prodigios, quienes antes de los veinte años ya tienen una startup valuada en miles de millones de dólares, están cambiando las leyes en su país, rompiendo las listas de popularidad, o bien, consumando un movimiento ecologista o poniendo a toda una industria patas arriba.

Es muy cierto, el mundo parece estar obsesionado con saber quién será el siguiente Mark Zuckerberg, Justin Bieber, o la siguiente Greta Thunberg. Late Bloomers, sin embargo, comienza con dos ejemplos que no podrían estar más lejos de estos casos. Desde el primer capítulo, Karlgaard cuenta la historia de J.K. Rowling y Ken Fisher, la primera una madre soltera y con depresión que llegó a vivir de una pensión del Estado, y el segundo, un joven que reprobó la preparatoria y pasó todos sus veintes tocando en bares y haciendo trabajos de carpintería. Para muchos el nombre estos dos personajes les será familiar, Rowling decidió ponerse a escribir la exitosa serie de novelas que dieron vida a Harry Potter, mientras que Fisher logró fundar la gestora de inversiones Fisher Investments, que maneja más de 100 mil millones de dólares para unos 50 mil clientes alrededor del mundo. Nada mal para un par de personas condenadas al fracaso bajo los estándares de las redes sociales contemporáneas.

El punto medular de Late Bloomers es muy sencillo, pero hay que saber leer entre líneas. En este libro, el autor no invita a los lectores jóvenes a vagar por la vida y sin rumbo hasta convertirse en millonarios exitosos. Pero sí hace una crítica muy necesaria en relación a la vara con la que estamos midiendo a la siguiente generación de jóvenes que está entrando a una etapa productiva. Si te acuerdas de tus clases de la prepa, recordarás que las reglas de la estadística predicen que un individuo se encuentra más cerca de una cifra promedio que a los extremos. Es por eso que, por más triste que suene, no todos llegaremos a ser el siguiente Bill Gates o los siguientes outliers que aparezcan en la portada de la revista Time, mucho menos antes de los veinte años. ¿Y saben qué? No, pasa, nada.

Early Bloomers: Evan Spiegel (Izq) y Mark Zuckerberg (der), perfectos ejemplos del Early Bloomer y modelos del éxito juvenil.

Es aquí cuando hay que ser cautos con la lección de Karlgaard, y es que está bien incentivar a los niños a perseguir su sueños, está bien querer darles una educación competitiva y que destaquen en los deportes o el arte, pero suponer que una persona sólamente es verdaderamente exitosa o tiene un futuro asegurado si logró notoriedad, fortuna, una trayectoria profesional admirable antes de los 30 limita severamente las posibilidades de desarrollo de cada persona.

¿No es esto un efecto sumamente paradójico si consideramos que hoy en día la expectativa de vida (y también de vida productiva) es mucho mayor que nunca entre los ciudadanos de países de ingreso medio para arriba? Los jóvenes de hoy van a tener carreras profesionales mucho más largas que las de sus padres, ¿no nos dice algo que la depresión y la ansiedad se están volviendo unas de las principales causas de discapacidad entre los jóvenes en los países desarrollados?

Creo, que lo que busca hacer Karlgaard en su libro no es promover el conformismo generalizado y cortarle las alas a toda una generación emergente. Pero creo que sí apunta a un problema de referencias y expectativas que se han popularizado tanto, que están comenzando a provocar grandes sentimientos de frustración entre muchos jóvenes alrededor del mundo, y les están volviendo menos resilientes y menos tolerantes frente al fracaso. Esto es grave. Si esperamos que un joven tenga su vida definida a los veinte años, en lugar de aprovechar esta década para experimentar, cometer errores (dentro de parámetros comprensibles, claro) y reorientar su futuro, ¿entonces cuándo va a tener oportunidad de hacerlo?

“Pasemos por un momento. No estamos mal en reconocer y felicitar a los jóvenes bloomers, sus logros merecen reconocimiento. Pero nuestra obsesión con el éxito temprano se ha vuelto perjudicial para la mayoría de la población, para la mayoría de nosotros que se desarrollan en diferentes formas y a diferentes ritmos”.

—Rich Karlgaard, autor de “Late Bloomers”.

20 Under 20: Revistas como Entrepreneur dedican secciones enteras a adolescentes que ya son CEOs de marcas influyentes.

Late Bloomers: The Power of Patience in a World Obsessed with Early Achievement me parece un libro bastante recomendable en una sociedad obsesionada con la inmediatez y con mostrar las mieles del éxito lo antes posible. No hay que ver este tipo de textos como una invitación a la mediocridad o una condena para las aspiraciones de los jóvenes que quieren cambiar al mundo, pero me parece una lección importante para cuestionarnos si nuestros parámetros y modelos de éxito están bien fundamentadas. Después de leer esto, creo que no:

“… si no te has vuelto famoso, reinventado una industria o tienes más de siete ceros en el banco mientras te sigan pidiendo tu identificación, entonces haz hecho algo mal en la vida. Este mensaje, creo, es mucho más peligroso de lo que la gente cree.”


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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