¿Qué tan justo es lo “justo” en Internet?


Ricardo M. Salas

@segunricardo

“Para mí, Spotify ni siquiera es un mal necesario. Me ayuda a hacer lo que quiero hacer”

–Ed Sheeran

 

Paul Davids era un joven holandés con un trabajo común y corriente, pero aprovechaba las noches y fines de semana para subir videos a YouTube en donde hablaba sobre su verdadera pasión: la guitarra y la música. Paul hacía un poco de todo en línea desde dar clases gratuitas hasta reseñas de productos y curiosidades sobre la industria. Un buen día el holandés se dio cuenta de que su popularidad era tal (sobre todo en EEUU) que decidió renunciar a su trabajo y dedicarse 100% a subir contenido a su canal, donde ya contaba con patrocinadores a través de Patreon y algunas alianzas con marcas que constantemente le enviaban productos para que diera su opinión sobre ellos. El trabajo de Paul se ve tan divertido como demandante, y por ello parecería justo que Paul reciba algo de dinero por dedicarse a esta actividad, ¿cierto?

Lo curioso de los últimos años de la era digital es que estamos comenzando a ver las primeras reacciones para tratar de controlar al Internet como lo conocemos. Sigo a Davids desde hace un tiempo, veo sus videos en mis desvelos esporádicos y cuando tengo algo de tiempo para mis pasatiempos musicales. Pero para mi sorpresa, hace poco este joven publicó un polémico video en donde no toca una sola nota. En este clip de diez minutos, el guitarrista critica la reciente adopción de una reforma al copyright europeo que obliga a plataformas como YouTube y Facebook a ser mucho más estrictas con el contenido que se publica en sus páginas y procurar que los artistas reciban una paga cuando sus canciones o videos (incluso pedazos de éstos) son usados por otros generadores de contenido—desde nosotros los mortales, hasta los youtubers más endiosados, ellos saben quiénes son.

En el video de Davids, el youtuber se queja abiertamente sobre cómo una de sus publicaciones (en donde analiza una canción muy conocida con fines educativos) ha logrado más de un millón de vistas, y sin embargo no ha recibido ni un solo centavo de esta publicación porque la canción sobre la cual trata el video está protegida (Paul, por cierto, toca solo un pedazo de la canción y nunca usa el track original). Otra denuncia interesante fue cuando recibió una notificación de Google llamándole la atención porque uno de sus videos estaba violando los derechos de propiedad… ¡de una canción compuesta por él mismo! Esto se dio después de  que un artista en el extranjero tomara un track compuesto por Davids, le añadiera letras y registrara la canción antes de subirla a  YouTube y como si fuera de su autoría.

Davids es solo uno de tantos youtubers que se han visto afectados por la adopción de esta reforma a los derechos de autor en el viejo continente, mientras que la industria musical ha definido este cambio legal como uno de los grandes logros en la historia reciente y en defensa de los artistas.

Supongo que los dos lados tienen algo de razón. Pero… ¿qué tan justo es lo “justo” en Internet? La nueva ley del derecho de autor europea es la más estricta hasta la fecha, pero es importante tenerla en cuenta porque, de alguna forma, marca un precedente que podría provocar reformas similares en otros países en América Latina.

“Take it down!”: Paul Davids mostrando la cantidad de demandas que recibió de Google después de que se implementara la nueva ley de derechos de autor en su país.

Sobre esto, tuve la suerte de hablar con alguien que sabe más del tema, mi amigo y compositor Juanma Borbolla: “Partamos de que YouTube es hoy en día la plataforma en donde la gente tiene más acceso a la música, simplemente porque es gratis”, me comenta en el teléfono;  y con sobrada razón, pues YouTube sigue siendo el mayor portal de consumo de música por streaming. “Yo lo veo como que es un arma de dos filos: una porque sí estás llegando a mucha gente que puede conocer tu trabajo, y por ahí despegar. Pero a la vez sí debería tener regalías como cualquier otra sincronización”, comenta el músico mexicano.

Es cierto que los patrones de consumo de música en el viejo mundo son muy diferentes a los del mercado latinoamericano, pero esta plática me permitió entender que en la era digital hace falta una regulación inteligente que pueda beneficiar a artistas, generadores de contenido, y consumidores, a modo de que siga habiendo creatividad sin fomentar la censura y apagar la flama de la creatividad colectiva. Después de todo, tanto los youtubers tipo Paul Davids, como los artistas que componen las canciones que enseña inyectaron horas de trabajo para darle al mundo un producto terminado, suena lógico que ambos puedan cosechar los frutos de dicho esfuerzo. También falta establecer criterios que determinen cuando alguien realmente está lucrando con las ideas de otra persona deliberadamente y cuando no, para que nosotros los ciudadanos comunes podamos seguir poniendo nuestra canción favorita en el video de nuestras vacaciones sin ser demandados por una disquera.

Quizás un último punto a considerar, es el apuntar que el trabajo de los artistas independientes también tiene un valor, y que éste debe de pagarse adecuadamente, ya que muchas veces los que van empezando en la industria son sobreexplotados al no contar con la protección legal y mercantil de un representante. “El artista con la disquera está mucho más amparado”, apunta Borbolla, quien cree que aún falta proteger a los artistas independientes y darles la opción de tomar acción legal si sus creaciones son utilizadas con fines de lucro.

Este tipo de discusiones son la punta del iceberg en una serie de cambios legales que se irán dando conforme nuestras vidas comiencen a depender más y más de contenidos subidos en la nube. En el caso de la música, se ve claramente como los creadores de contenido y artistas tienen argumentos para hacer del Internet más o menos laxo. Este tipo de regulaciones cambiarán según cada país lo decida. Lo que sí es inevitable, es que el Internet como lo conocemos será un lugar muy diferente en los años que vienen, y comenzará cada vez más a regularse como una extensión del mundo real; simple y sencillamente porque cada vez vivimos más en línea.

Para tu último sorbo de café:

Eso que dicen los que se quedaron en la vieja escuela de que la música era mucho mejor antes es una gran mentira (además porque que la frase “en mis tiempos…” siempre varía dependiendo de la edad de la persona. No se lo crean). Hoy en día hay grandes artistas haciendo cosas increíbles, sobre todo en Internet. Sin embargo, tenemos tal cantidad de información disponible, tantos géneros y tantas canciones para gustos tan variados, que lo verdaderamente excepcional nos pasa frecuentemente desapercibido. Soy fiel creyente de que las cosas que se hacen con pasión y autenticidad acaban siendo reconocidas. La pasión y la honestidad son características humanas tan evidentes que no se me ocurre ningún algoritmo o fórmula que pueda reemplazar una canción, una pintura o un poema hechos verdaderamente con el corazón.

Es por eso que siempre me da gusto descubrir artistas que, fuera de su habilidad técnica o lírica, cantan y tocan sin pretensiones. Ese es el caso de AnnenMayKantereit, un grupo de rock-pop alemán que se ha convertido en mi obsesión más reciente. Este grupo de jóvenes se hizo famoso tocando en las calles de la ciudad de Colonia, cerca de la frontera con Bélgica y Holanda, y se ha ganado el corazón de millones de personas por ser la voz de una nueva generación. Sus canciones hablan sobre relaciones amorosas en los tiempos de Netflix, fiestas, conciertos, la tolerancia hacia la migración, y otras cosas tan básicas como el cariño hacia los padres. La banda resalta además por la voz de su cantante Henning May, una de las más rasposas y aguardentosas que se han escuchado en los escenarios desde Tom Waits (????si aún no sabes quién es).

AnnenMayKantereit (un nombre que conjuga los apellidos de los integrantes) me fascina por ser es una de esas bandas que no conquistan al público tocando por su habilidad, efectos especiales o escándalos mediáticos. Lo hacen porque tocan temas con los que todos nos identificamos en algún punto de nuestras vidas, y sobre todo, porque tocan desde el corazón. Eso, y nada más, es lo que hace a un artista original.

Middle Class Heroes: AnnenMayKantereit disfrutando de un éxito sin pretensiones.

Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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