Los mitos del riesgo y la innovación


Ricardo Salas

@segunricardo

“En cuanto admitamos que el sector público carga con una inmensa parte del riesgo en toda la cadena de innovación, será crucial encontrar formas para dividir tanto los beneficios como las recompensas”.

Mariana Mazzucato

 

Este año tuve el gusto de retomar la conducción de un programa sobre emprendimiento e innovación con un grupo de medios digital. A raíz de esto y como era de esperarse, gran parte de mis conversaciones al aire comienzan a enfocarse en negocios, liderazgo, tecnología, innovación… y riesgo. Después de unas semanas en el ruedo, es justamente éste último el que me empieza a parecer sumamente interesante.

La historia demuestra que los países y compañías que invierten un porcentaje importante de sus ganancias en innovación tienden a disfrutar los frutos de este sacrificio al mediano y largo plazo porque se vuelven más productivos, además de que obtienen una ventaja competitiva que les permite sobrevivir en un mundo en donde los mercados evolucionan a un paso cada vez más veloz.

Ciertamente asumir una cantidad determinada de riesgo es importante para el progreso, tanto en la vida, como en los negocios y entre los gobiernos. No es coincidencia que Mark Zuckerberg, Elon Musk, el mismo Steve Jobs y prácticamente cualquier otro gurú del emprendimiento han hablado extensamente sobre cómo el asumir riesgos en momentos críticos propulsó sus carreras y convirtió a sus respectivas empresas en los gigantes tecnológicos que son ahora. Si bien hay algo de verdad en estas palabras, el creciente culto al riesgo en el internet y entre los contenidos motivacionales (todos seguimos a alguien así en Instagram), me hizo recordar un libro que disfruté mucho en su momento. Se trata del Estado Emprendedor, escrito por Mariana Mazzucato, una economista y profesora de la University College de Londres que está revolucionando a la forma de emprender y de hacer gobierno (Mazzucato además es una rockstar entre los pensadores del siglo XXI, madre de cuatro hijos y nadadora competitiva, ¡superen eso!).

“No te metas con la economista más imponente del mundo”: Los periódicos británicos y el mismo Bill Gates no han dejado de expresar su admiración por el trabajo disruptivo de Mazzucato.

 

El libro de Mazzucato se ha vuelto algo controversial porque pone en jaque la creencia de que basta con juntar a un grupo de soñadores con grandes ideas y dispuestos a tomar riesgos para crear la siguiente generación de Apples, Facebooks y Microsofts. La autora sugiere en su libro, que fue el gobierno estadounidense el que asumió los verdaderos riesgos al invertir en el desarrollo en tecnologías como el internet y las pantallas touch, muchos años antes de que surgiera la World Wide Web y que compañías como Apple incorporaran las pantallas táctiles en sus teléfonos. En corto, la economista propone que hay un cierto romanticismo sobre la idea de que la startup dispuesta a tomar riesgos (la mayoría no pasa de la barrera de los dos años) podrá cumplir sus sueños de grandeza, y que son realmente los gobiernos los que pueden crear e impulsar ciertos mercados si tienen la visión suficiente como para apostar por tecnologías aún en una etapa muy inicial, pero que después se puedan comercializar a nivel masivo. El punto final de Mazzucato es que el riesgo y los beneficios involucrados en el ciclo de la innovación deben ser compartidos entre gobierno y sector privado. Desde su punto de vista, una gran parte de la innovación que ha salido de lugares como Silicon Valley fue fondeada —en principio— con impuestos de millones de ciudadanos, mientras que los beneficios se concentraron en manos de aquellas startups tecnológicas que se vieron beneficiadas por dichas inversiones que el gobierno estuvo dispuesto a asumir cuando la mayoría de ellas eran empresas de garage.

Puede que Mazzucato tenga razón, o no, pero sin duda sabe algo sobre riesgo (no es una verdadera influencer por nada). Lo que rescato de su libro es que hay que tener cuidado con idealizar el riesgo y tomarlo con brazos abiertos; a veces también la mesura es necesaria y es la mejor receta para evitar un fracaso estrepitoso. Manoj Bhargava, el fundador de la famosa bebida 5-HOUR Energy tiene una filosofía un poco más realista sobre al respecto: “Nuestro trabajo como emprendedores es minimizar el riesgo, gestionarlo, dárselo a alguien más. Si lo que quieres tomar riesgos, ¡vete a Las Vegas!”.

Hablando de riesgos… Venezuela:

Ya que estamos sobre el tema de riesgo, uno de mis programas de análisis favoritos últimamente es GZERO World, de Ian Bremmer, uno de los politólogos de mayor renombre alrededor del mundo y quizás el mejor analista de geopolítica de nuestros tiempos. Bremmer fue el creador del primer índice de riesgo político (Global Political Risk Index) y se dedica a tomar el pulso de las últimas tendencias a nivel político y económico.

La semana pasada publicó un reportaje sobre la desesperación que viven los habitantes en Venezuela y los orígenes de una crisis humanitarias que ya se considera como una de las más severas en los últimos tiempos. El episodio es sumamente interesante y permite entender a fondo lo que está ocurriendo en el país sudamericano y lo que podría venir después del regreso de Juan Guaidó, quien busca derrocar al régimen de Maduro y consagrarse como presidente interino.

Las imágenes, sin embargo, son desoladoras y le parten a uno el alma. Tengo grandes amigos venezolanos y que me apoyaron enormemente durante un tiempo en el extranjero. No imagino su dolor ni puedo más que expresar mi más grande solidaridad con ellos, para los que han tenido que dejar a sus familias atrás, y para todos aquellos que esperan con ansias regresar a una Venezuela libre.


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com




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