Los otros síntomas del virus


Fernanda Zamora

@Fer_ZamoraR

 

Me debatí mucho acerca del tema de este texto, pues no me quedaba del todo claro si era sensato escribir de un tema que vivimos, respiramos, comemos y dormimos todos los días. Pero, al final, creo que sigue habiendo muchas aristas que vale la pena seguir analizando y de las que hay que seguir hablando. La crisis que estamos viviendo con el Covid-19 es sin precedente, al menos para nuestra generación y área geográfica, por lo que no podemos saber todavía cuáles van a ser los impactos en el tejido social. Más allá de los efectos más evidentes en el sistema de salud y en la economía, la crisis tiene consecuencias importantes en tema de género e, incluso, en el de salud mental. 

 

Para dar un poco de contexto, quería empezar por contar acerca de la experiencia que se ha vivido en el aislamiento obligatorio desde el 17 de marzo en Francia. Los días pasan indistintos, como si se derritieran y se mezclaran entre sí. Cama, cocina, escritorio, en un loop infinito. Y es que hay un límite de lugares en los que esconderte cuando hay tres personas en 30 metros cuadrados. Las semanas se hacen largas pero al mismo tiempo se escurren y se desdibuja el tiempo que ha pasado. Siempre parece que son las 4 de la tarde. 

 

Ha pasado casi un mes desde que el gobierno declaró el estado de cuarentena. Tres semanas que con un dejo de ironía han coincidido con los primeros días soleados del año. Es una cuarentena estricta, para salir a la calle hay que hacerlo con un permiso. Es un formato de gobierno que puedes descargar e imprimir (o si como es mi caso, no tienes impresora, escribir en un papel y firmarlo). Esta attestation establece los motivos por los que puedes desplazarte, los cuales incluyen visitar un familiar gravemente enfermo, trabajo indispensable (personal médico), compra de artículos esenciales y hacer ejercicio (antes de las 10 o después de las 19, limitado a una hora y a un km a la redonda del domicilio). Así que sí, permiso e identificación siempre. Los motivos de las medidas adoptadas por el Estado son claros, y en algunos casos pueden no diferir mucho de la vida diaria, pero el solo hecho de saber que por ley no puedes salir te hace no poder pensar en otra cosa. 

 

Y es que como bien menciona Scott Berinato en un artículo para el Harvard Business Review, hay un sentimiento generalizado de duelo. Puede sonar un tanto extremo pero al adaptar las cinco etapas de duelo en el marco del Coronavirus, tiene mucho más sentido. El duelo tiene cinco etapas: negación (el virus no es real, no nos va a afectar), enojo (no me quiero perder cosas, me están forzando a quedarme en casa), negociación (bueno, si nos quedamos adentro dos semanas ya con eso se arregla, ¿no?), tristeza (no sé cuánto más va a durar esto, ¿Qué va a pasar con nosotros?) y finalmente, aceptación (esto es una realidad, no sabemos cuándo va a terminar pero podemos tratar de sacar lo mejor de esto. ¿Qué puedo hacer para ayudar?). 

 

Al pensarlo, no es solo la pérdida de un ser querido lo que nos puede llevar a pasar por un proceso de duelo. La pérdida de trabajo, la cancelación de planes, viajes o hasta bodas, la falta de contacto físico, la habilidad de estar cerca de las personas que queremos, la pérdida de autonomía y libertad, las expectativas del año, la incertidumbre financiera, el sentido de normalidad, seguridad o estabilidad y en general la pérdida de nuestra cotidianidad, son motivos más que válidos para un proceso de duelo. Así que es importante darnos espacio y tiempo para sanar, legitimando lo que podemos estar sintiendo. 

 

Pero la crisis va mucho más allá de nuestras experiencias personales; nos ha cimbrado a nivel global y no sabemos exactamente cuáles van a ser las implicaciones a futuro. Si algo nos ha dado la crisis, además de comprobar nuestra capacidad de ver Netflix por varias horas seguidas, es la oportunidad de reflexionar sobre nuestra realidad y de cuestionar dogmas que considerábamos inamovibles. Porque tiempo para pensar sí que tenemos. 

 

Podemos empezar por entender nuestro privilegio, que el auto aislamiento es algo que no todos se pueden procurar. Aún cuando en Francia ha sido impuesto por el gobierno, so pena de multas que van desde los €200 a los 3750€, o hasta 6 meses de cárcel (dependiendo del número de veces que haya sido violado el confinamiento), las situaciones particulares son muy distintas dependiendo del estatus económico, físico, emocional y habitacional.

 

A nivel global las condiciones de cada país son determinantes en la forma en la que se vive la crisis. En temas económicos, de acuerdo con cifras del CONEVAL, en México hay 52.4 millones de personas en situación de pobreza, es decir el 41.9% de la población, porcentaje que varía de acuerdo al estado, con mucha mayor concentración en los estados del sur de la república. Si bien estos son datos bastante conocidos y para los cuales se han establecido varios programas sociales, la crisis pone aún más en evidencia la inequidad del país. Y es que si en condiciones “normales” hay 9.3 millones de personas en pobreza extrema, en momentos de crisis y con un acceso muy limitado a los sistemas de salud, la vulnerabilidad de estos sectores de la sociedad se incrementa muchísimo. 

 

De igual forma, hay un gran porcentaje de la población que no cuenta con un refugio seguro. Según cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), se estima que hay un total de 14 millones de mexicanos viviendo en situación de calle en el país. Pero no hay realmente datos para comparar estos números, la única información reportada hasta ahora es la de la Secretaría de Desarrollo de la Ciudad de México, las cuales señalan que había 4 mil 354 personas sin hogar en la capital. Es hasta la recolección actual del censo que se va a contabilizar formalmente a este grupo poblacional. Y esto es crucial, porque sin datos claros, lo que no se cuenta, no existe. 

 

También está el tema del trabajo, en el cual las personas en el sector informal (67% de la fuerza laboral en México), o en sectores menos estables como las artes o freelancers, son mucho más vulnerables. Y es aquí donde, como en muchas ocasiones, vuelve a salir el tema de género, ya que estos sectores laboralmente vulnerables están compuestos principalmente por mujeres. Una de éstas áreas es el trabajo doméstico. En el país hay 2.2 millones de personas que se dedican al trabajo del hogar remunerado, 90% de los cuales son mujeres y 75% no tiene ningún tipo de prestaciones. Si bien, en mayo del año pasado se votó en el congreso para otorgar derechos laborales básicos, aún queda mucho por hacer para poder formalizar los contratos y dar acceso a la salud pública, un factor esencial en estos momentos. 

 

Claro que hay varios factores en juego en estos momentos y no se trata de una competencia para ver quién es el más afectado, pero pese a que se ha encontrado una tasa más alta de mortalidad en hombre que en mujeres por coronavirus, las estructuras sociales hacen que las mujeres se encuentren en una posición más vulnerable ante la crisis en general. Esto es por tres razones principales, la primera es que a nivel mundial las mujeres constituyen el 70% los trabajos en sectores de salud y trabajo social. Y la segunda, que afecta a la gran mayoría de la población femenina es que la división de trabajo doméstico y cuidado de los niños sigue recayendo en las mujeres quienes dedican en promedio 39 horas al trabajo doméstico a la semana, comparado con 14 horas de los hombres. El tema de división de trabajo doméstico da para un análisis mucho más profundo, pero pensando solo en la situación actual es importante pensar que en muchos casos se pagaba a una tercera persona por hacer todo este trabajo no remunerado de mantenimiento de la casa y cuidado de los hijos. Sin embargo, esta situación cuestiona este arreglo cuando se tiene que priorizar el trabajo que paga mejor. Esto, por motivos que van desde la tendencia en la población femenina a estar en trabajos de medio tiempo o peor pagados, generalmente recae en la mujer. 

 

Por último, la tercera razón es un tema de violencia de género. A nivel global se ha observado una tendencia a la alza, que ha sido agravada por el estrés del aislamiento y el virus. Solamente en Francia, desde que se decretó el aislamiento el 17 de marzo hasta hoy, han subido un 30% las denuncias de violencia doméstica. En la zona aledaña a Wuhan, las denuncias se triplicaron en el primer mes. Y es que no parece haber una alternativa, además de que todo indica que la situación exacerba comportamientos violentos. En Francia y España se han establecido protocolos de ayuda en las farmacias a través de códigos o palabras clave. El miedo al contagio propio o a exponer a familiares, así como la imposibilidad de juntar el dinero necesario para poder huir, hace que la situación sea aún más desoladora. Según la Red Nacional de Refugios (cuya asignación anual no ha sido renovada por el Instituto Nacional de Desarrollo Social), durante el periodo de aislamiento voluntario las llamadas por violencia de género aumentaron un 60% y las peticiones de asilo un 30%. Los refugios han asegurado que aun con capacidad rebasada, sin presupuesto formal y con posibles síntomas de infección, las mujeres y sus hijos seguirán siendo recibidas, dando un poco de luz a la pesadilla de miles de mujeres. 

 

Mi intención con este texto es poner un poco en perspectiva nuestra situación y pensar que tal vez hay una forma de salir de esto mejor de lo que entramos, de reflexionar sobre lo que ya no puede seguir igual. La crisis ha llegado a evidenciar y exponenciar todas esas inequidades que ya existían, alterando profundamente el tejido social. Esto va desde el rechazo a la cultura de influencers que ha surgido en redes, hasta lo molestas que resultan las celebridades quejándose en sus mansiones. 

 

Así que sí, es un texto más acerca del coronavirus. Y es que sigue y seguirá siendo parte de nuestra realidad por un buen rato, así que vale la pena seguir hablando de lo que nos está pasando como sociedad, de lo que sentimos y de lo que nos preocupa. Porque podremos estar aislados pero el sentimiento colectivo y de comunidad está más presente que nunca. Con riesgo a sonar como final de película cursi o frase ilustrada de WhatsApp, nos necesitamos más que nunca, pues al final, todos estamos juntos en esto. 

 

P.d. Si buscas ideas para combatir el aburrimiento date una vuelta por el podcast “The Girl Manual” en Spotify o Apple Podcasts.

 


Sobre la autora:

Fernanda Zamora es comunicóloga, maestra en política pública. Ha trabajado haciendo investigación en temas de políticas de innovación, política social y justicia restaurativa, entre otros. Como consultora de comunicación ha participado en el diseño e implementación de estrategias de comunicación para ONGs, sector público e iniciativa privada. Apasionada por los temas de equidad de género, innovación social y desarrollo. Lectora voraz, bailarina frustrada y adicta a los podcasts.
Está a favor de: Feminismo, empoderamiento e innovación. En contra de: Injusticia, intolerancia.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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