Los retos de la próxima década


Raquel López-Portillo Maltos

@rak_lpm

 

Diciembre es un mes que invita a la reflexión; de lo vivido, de lo que salió bien y de lo que podría estar mejor. Al ser seres sociales, marcados por el tiempo y por los ciclos, diciembre también incita a pensar en el porvenir, siendo la temporada predilecta para fijar propósitos y metas a cumplir. En este 2019, el sentimiento es más marcado, pues no solamente despedimos un año, sino que se cierra una década e inicia una nueva, con todo lo que esto conlleva.

El panorama global no está exento de estos ciclos. También se encuentra plagado de propósitos que atender. Prueba de ello, es la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. En ella se encuentran los grandes desafíos de la era, desde la pobreza hasta el cambio climático. Mediante la elaboración de 17 objetivos (ODS) y 169 metas específicas, se pretende trazar una hoja de ruta con la cual los países signatarios adapten los cambios necesarios para alcanzarlos, a más tardar al final de la próxima década.

Sin duda, la Agenda 2030 ha sido uno de los esfuerzos de cooperación internacional más ambiciosos de la historia reciente. No solo por haber resumido en un documento los más grandes retos a los que nos enfrentamos, sino por el ímpetu en conjuntar a 193 Estados con la sociedad civil mediante un diálogo sostenido durante dos años. Así mismo, considero positivo el hecho de que se haya tomado en cuenta lo humano y lo ambiental como parte de un todo, evitando separar dichas esferas como se había hecho con anterioridad. De esta forma, se plantea una visión de desarrollo humano integral, abonando contenido a este derecho humano que generalmente había sido abordado únicamente desde el ámbito económico o desde lo teórico. Finalmente, el hecho de que se parta de una responsabilidad universal con el planeta y con la humanidad es plausible, pues involucra a todos los actores tanto en el papel que juegan en las causas del problema, como en la creación de nuevas soluciones. 

Sin embargo, como suele ocurrir, las buenas voluntades no bastan para concretar resultados. Estos primeros cuatro años desde la creación de la Agenda han sido un periodo de prueba y error, en donde apenas se han dado los primeros pasos. En este sentido, a los ya sumamente complejos desafíos globales se les suma la dificultosa implementación de soluciones. Si bien la Agenda 2030 constituye en sí misma un avance, si se pretende cumplir lo pactado en los próximos diez años, deberá de tomarse en cuenta que la Agenda es un instrumento inacabado. En 15 años, es probable que los problemas vayan mutando, y por ende, que sea necesario pensar otro tipo de soluciones. Así mismo, aún falta incluir ciertos criterios, aproximaciones y estándares para poder materializarla. Por estas razones, considero pertinente poner atención en los siguientes aspectos: la responsabilidad compartida, la rendición de cuentas y la metodología de evaluación. 

Si bien, es loable que la universalidad sea el eje de la Agenda, la realidad es que vivimos en un mundo de grandes desproporciones. Los ODS parten de la idea de que deben ser cumplidos por todos los Estados de una misma forma, cuando existen grandes desigualdades entre ellos y, por lo consiguiente, los retos serán muy distintos para cada sociedad. Sobre esta misma línea, el haber extendido las metas a 169 genera un mayor costo económico que algunos países no podrán disponer para su cumplimiento efectivo. El seguir pensando en una realidad de fórmulas únicas, con responsabilidades iguales y con resultados miméticos, a la larga, puede ser más dañino que beneficioso.

Por su parte, del dicho al hecho hay un gran paso. Como ocurre en este tipo de instrumentos, el que no sea vinculante y que no se genere algún tipo de responsabilidad efectiva dificulta enormemente su ejecución y su respectiva rendición de cuentas. Tal como ocurrió en la reciente Cumbre Mundial del Clima, los Estados pueden quedarse de brazos cruzados en el cumplimiento de sus promesas sin repercusión alguna. A la par del desarrollo de la agenda, deberán pensarse mecanismos que refuercen el compromiso con cumplir lo pactado y nuevos incentivos que alienten a los Estados a hacerlo. 

Finalmente, el monitoreo y la evaluación de cualquier proyecto es fundamental para lograr su cometido. Sin un medición correcta, ¿cómo saber si se va por un buen camino? Uno de los aspectos más criticados de la Agenda 2030 es la metodología que utiliza, pues es poco clara o carece de datos suficientes para una correcta evaluación. Según un informe de Global Policy Watch, ante esta problemática, los expertos se están enfocando en encontrar al menos un indicador útil por cada una de las 169 metas. Sin embargo, hasta el momento, sólo han podido rescatar 121, dejando 48 metas en standby al no contar con la información necesaria para desarrollarla. Además de las consecuencias obvias que esto también genera un problema en la estimación de recursos que deben ser destinados a cada meta, haciendo aún más difícil su ejecución. 

Teniendo esto en cuenta, el éxito o fracaso de la Agenda 2030 dependerá en gran medida de la capacidad de la ONU, de los Estados y de la sociedad civil de plasmar los cambios necesarios para corregir estas lagunas. Así mismo, es preciso entender que los ODS no bastan si a la par no hay un replanteamiento del sistema económico, de nuestros patrones de consumo y de las relaciones de poder asimétricas que nos han traído hasta aquí. De lo contrario, todo este esfuerzo se quedará meramente en un acto simbólico pero poco trascendental. Apostemos porque la igualdad, la inclusión y la sustentabilidad sean los ejes rectores de esta nueva década. 

P.D. – ¡Feliz Navidad y lo mejor para el 2020! Nos leemos en enero.

 


Sobre la autora:

Raquel López-Portillo Maltos es licenciada en Derechos Humanos y Gestión de Paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue Coordinadora General de la campaña HeForShe de ONU Mujeres en su universidad y actualmente es Asociada del Programa de Jóvenes del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Se ha desarrollado en los sectores público, privado y de la sociedad civil en temas de seguridad, igualdad de género y educación.  Apasionada del flamenco, la fotografía y la literatura. A favor de: el derecho a elegir, el debate, las opiniones sustentadas y la igualdad de oportunidades. En contra de: la violencia, la ignorancia, la mediocridad y las mentes cerradas.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password