Más de lo mismo


Raquel López-Portillo Maltos

@rak_lpm

 

Hace unos días, tuve la oportunidad de participar en un encuentro para dialogar sobre el futuro (y presente) del servicio público. Luego de escuchar a los ponentes y mentores del evento, realizamos un ejercicio en donde alrededor de cuarenta y cinco jóvenes de distintas edades, formaciones, y trayectorias nos dividimos en equipos para esbozar un manifiesto del servidor o servidora pública. Es decir, un documento que plasmara cuáles son, desde nuestra perspectiva, las diez cualidades o atributos básicos que aquellas personas que piensan dedicar su vida a la función pública deben tener. El ejercicio fue muy enriquecedor, no solo por las ideas que surgieron, sino porque evidenció que, en mayor o menor medida, compartimos una imagen clara de lo que esperamos de nuestras y nuestros representantes. 

 

Este martes tuvo lugar el segundo (con más sabor a séptimo) informe de gobierno del Presidente de la República. Aunque sabíamos qué esperar, creo que más de uno compartió una fugaz ilusión de que dicho informe fuera mucho más que cualquier mañanera. Que nuestro jefe de Estado asumiera con franqueza tanto sus aciertos como sus desaciertos. Que contagiara fortaleza ante un momento de tanta incertidumbre. Que mostrara empatía ante el dolor de tantas víctimas de la desigualdad y la injusticia. Que nos dotara de esperanza ante el sentimiento de un futuro sombrío. Tristemente, no fue así. Tristemente, fue más de lo mismo. 

 

Después de un fin de semana inspirador de convivir con personas interesadas en construir una mejor democracia, los sesenta minutos de palabras vacías fueron un golpe de realidad. Por ello, quise retomar algunos de los puntos compartidos de los manifiestos, para reconstruir aquello que nos hubiera gustado escuchar.

 

Las y los servidores públicos que México merece son humildes y empáticos. El informe de hoy demostró la egolatría que emana la personalidad del presidente. “Soy de los primeros en una encuesta mundial”, “tenemos el mejor gobierno”, “he sido el más atacado”, “contamos con el programa más importante del mundo”. En ocasiones, el poder hace olvidar que el nosotros debe estar por encima del yo. Perder esto de vista provoca que el discurso se traduzca en un proyecto personal y no en la ruta que impacta en el devenir de más de 126 millones de personas. Finalmente, no hay mayor elogio que los resultados (o la falta de ellos) que hablan por sí mismos. 

 

Las y los servidores públicos que México merece son honestos, transparentes y rinden cuentas. Esta es una pieza clave, pues el discurso del presidente enuncia un mundo paralelo en donde existe la justicia, en donde no hay torturas ni desapariciones, en donde se defienden los derechos humanos, en donde no hay hambruna y en donde se protege al medio ambiente. Pese a que ese es el México al que aspiramos, los datos no empatan con la realidad.

 

Si bien a lo largo de la historia los informes presidenciales se han destacado por ser narrativas que maquillan la verdad, no podemos seguir aceptando verdades a medias y mentiras flagrantes. No cuando 100 personas son asesinadas a diario, cuando la violencia de género ha llegado a su máximo histórico, cuando solo en lo que va del año suman 16,703 desapariciones forzadas, cuando el desempleo es la nueva normalidad y cuando estamos en el escenario catastrófico pronosticado por el subsecretario de salud. La transparencia y la rendición de cuentas son el pilar de toda democracia, puesto que lo que no es medible y verificable no existe. Las palabras sin sustento no bastan para cambiar la realidad.  

 

Las y los servidores públicos que México merece cuentan con un liderazgo y una visión emanadas de su vocación de servicio. Tras presumir que 95 de los 100 compromisos propuestos hace dos años en el Zócalo ya se han cumplido, el presidente Andres Manuel López Obrador comentó que “es mucho lo realizado, que de lo fundamental queda poco por hacer”. Este cierre resulta decepcionante, considerando que quedan cuatro años de su administración. El liderazgo de una nación implica un compromiso constante con y para la gente. Proactividad y previsión. Preparación constante. Coherencia. Inclusión. Autocrítica. Y, sobre todo, mucha responsabilidad. 

 

Hoy, como siempre, nos toca seguir exigiendo desde la trinchera que nos corresponde. Hoy, como siempre, toca comprometernos con una participación ciudadana que vaya más allá de un voto ocasional. Hoy, más que nunca, necesitamos hechos, no palabras. 

 


Sobre la autora:

Raquel López-Portillo Maltos es licenciada en Derechos Humanos y Gestión de Paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue Coordinadora General de la campaña HeForShe de ONU Mujeres en su universidad y actualmente es Asociada del Programa de Jóvenes del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Se ha desarrollado en los sectores público, privado y de la sociedad civil en temas de seguridad, igualdad de género y educación.  Apasionada del flamenco, la fotografía y la literatura. A favor de: el derecho a elegir, el debate, las opiniones sustentadas y la igualdad de oportunidades. En contra de: la violencia, la ignorancia, la mediocridad y las mentes cerradas.

 

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