Maternidades, un entretejimiento de claroscuros


Maite Belausteguigoitia

Maite Belausteguigoitia

@maitebelausteguigoitia

 

Mi abuela teje desde que tengo memoria, un día me confesó que algunos de los suetercitos eran para mis hijos(as). No sé a que edad fue eso, hasta la fecha esos seres ficticios siguen estando a años luz y sin padre. Parece que solo basta con tener un útero para inventarse deseos y personas en ese espacio que se dibuja justo en el centro de nuestros cuerpos, a veces lo haces tú y a veces otros(as). Cuando le dije que no estaba segura se sorprendió, al igual que muchas mujeres ella no concibe su identidad por fuera de la maternidad. Según nuestra sabiduría popular (siempre más popular que sabía), ser mujer es equivalente a ser madre.

¿Qué es ser madre? Difícil enmarcar en una definición algo que tiene tantas manifestaciones que van desde el caso de Miriam Rodríguez, una mujer asesinada el 10 de mayo de 2017 tras la investigación que realizó después de que su hija fuera secuestrada y asesinada por el crimen organizado; hasta Claudia Mijangos, la llamada “hiena de Querétaro” quien asesino a sus tres hijos(as) a sangre fría el 24 de abril de 1989.  Hay mujeres que dan la vida por sus hijos(as) aún después de su muerte y otras que se las arrebatan. En ese abanico de historias se viven desde las formas más sublimes del amor hasta las más crueles de las violencias.

Si pudiera describir la maternidad en una palabra diría “claroscuros”. Una ventana a ese mosaico de colores que es lo humano, atravesada por una pluralidad de sentidos, identidades y relaciones de poder. Para la identidad masculina el peso de la paternidad y la crianza es significativamente menor, y es justo ahí en, esa histórica desigualdad, donde nace una gran fuente de injusticia y resiliencia para las mujeres. Las representaciones de la maternidad son tan potentes que penetran los saberes “científicos”. Freud plantea que el deseo por un hijo(a) es la salida “normal” para el desarrollo psíquico de una niña cuando atraviesa por el Complejo de Edipo.

Pensar la maternidad como un destino para las mujeres es la semilla de una multiplicidad de violencias, esto se refleja en los miles de casos de mujeres que son encarceladas por tener abortos aún cuando son involuntarios. Un ejemplo es lo que le sucedió a Teodora Vázquez, una mujer salvadoreña condenada a 30 años de prisión por el aborto espontáneo de un hijo que ella deseaba, afortunadamente fue liberada después de 10 años en prisión. La crueldad de la maternidad impuesta se manifiesta también en los casos de abuso sexual de la infancia como es el caso de Lucía en Argentina, una niña de 11 años violada por la pareja de su abuela a quien le fue negado la interrupción legal del embarazo por el Ministerio de Salud Pública de Tucumán con el propósito de “salvar las dos vidas”, aún cuando su familia hizo esta petición del aborto con antelación.

Si el interés por la vida de los niños y niñas es genuino ¿por qué no existen protestas masivas para los miles que mueren a causa de la desnutrición o guerras?, ¿dónde está la indignación por las mujeres que quieren ser madres y tienen abortos espontáneos por vivir en situaciones de pobreza o aquellas que mueren por mala praxis en los hospitales públicos?  Hay un componente en la maternidad que nada tiene que ver con el amor a la familia y la protección a la infancia, sino con la necesidad de poder y control sobre los cuerpos de las mujeres. Aquello que moviliza las resistencias sociales es la apropiación de los cuerpos, no la dignidad humana. Solo desde ahí puede entenderse que las mujeres que se opongan a la maternidad sean castigadas, aún cuando esto hechos se desenvuelvan en las circunstancias más injustas.

Por otro lado, están las mujeres que son capaces de burlar las opresiones del Estado para protagonizar importantes transformaciones históricas y políticas desde su función de madres como serían las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Estas mujeres que movidas por el amor buscan a sus hijos(as) y nietos(as) desaparecidos y asesinados por la dictadura militar argentina y que en esa búsqueda han logrado resolver 129 casos de nietos(as) que fueron apropiados por los militares, además de lograr importantes contribuciones para el campo del derecho, la psicología y la genética. En México está el colectivo “El Solecito”,  un grupo de madres que busca a sus hijos(as) y que en 2017 halló 253 cuerpos en una fosa en Veracruz.

La forma en la que la maternidad es representada sobre las mujeres tiene una carga simbólica importante en lo subjetivo y lo colectivo, el campo de la salud mental ha contribuido particularmente a esto. Para el psicoanálisis las fallas en el ejercicio de las funciones maternas son clave para desarrollo de estructuras psicopatológicas, cabe aclarar que estas funciones no necesariamente las tiene que realizar una mujer. Sin embargo, la centralidad que se le ha dado a las mujeres históricamente para ocupar esta posición da lugar a un discurso que facilita la asimetría con respecto a las responsabilidades parentales y la culpabilización de las madres.

La biología del cuerpo femenino facilita que las mujeres ocupen ese lugar tan central, tales como la relación intrauterina y el vínculo que se fortalece con el amamantamiento. Sin embargo, existe algo que socialmente resulta excesivo en términos de carga moral y responsabilidades sobre las mujeres en lo que respecta a los hijos(as) y esto se refuerza desde el discurso de la psicología. Una de las muchas liberaciones de las mujeres está no solo en decidir si tener hijos(as), sino en interrogar los ideales de la maternidad que violentan y culpabilizan. El hecho de que la maternidad sea puesta como una mayor forma de realización para las mujeres que para los hombres provoca que no se perciba la desigualdad con la que se ejercen las funciones de cuidado en la familia y que las mujeres estén en una mayor posición de subordinación.

Tenemos que apostar por una deconstrucción de la maternidad para crear relaciones más sinérgicas, donde exista un mayor reconocimiento y haya redes de apoyo para las madres. Donde las mujeres puedan decidir y ejercer la maternidad libre de estigmas y violencias, donde la crianza sea un trabajo en equipo y no un asunto de mujeres. Es un cambio de paradigma que requiere estar en un estado constante de diálogo y conciencia, pero sobretodo de apertura. Así me gusta pensar las preguntas y las conversaciones entre mi abuela y yo alrededor de la maternidad, como un diálogo de distintas épocas y formas de ser mujer. Un encuentro donde ambas nos analizamos desde las coordenadas de nuestras historias y tiempos. Para ella ser madre fue un destino, para mí sigue siendo una pregunta abierta. Ya no hablamos mucho sobre el tema. No sé si hay esperanza o resignación, solo veo que sigue tejiendo…


Sobre la autora:

Maite Belausteguigoitia es psicóloga, maestra en derechos humanos y próximamente comenzará un doctorado en psicología en la
Universidad de Buenos Aires. Tiene experiencia profesional en el Centro de Investigación del ITAM y en consultoría de empresas.
Desde el ámbito psicológico ha trabajado con poblaciones en condiciones de vulnerabilidad como niños, niñas, adolescentes,
mujeres indígenas, personas con discapacidad, entre otros. Le interesan los temas de psicoanálisis, salud mental, derechos
humanos, infancia y género. A favor de: el pensamiento crítico, el arte como un arma de transformación subjetiva y social, modelos de desarrollo con un enfoque derechos y construcción para la paz. En contra de: el dogmatismo, el racismo, el machismo, la violencia en todas sus formas y la hipocresía. Si quieres leer más textos de Maite visita: https://amarrartedeletras.com

Mercedes Migoya0 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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