Mejor ir al cine


Eduardo Navarrete

@elnavarrete

Para leer con: “Cigarettes in the Theatre”, de Two Door Cinema Club

 

Una de las métricas sociales para exhibir el disgusto con la realidad es la capacidad que tienen las salas de cine para ser abarrotadas. Cuanto más se llenan, podría decirse que menos quiere estar la gente afuera, con su propia historia.

Adentro, en esa oscuridad con sonido cuadrafónico y palomitas cada vez más sofisticadas, suceden cosas que afuera no ocurrirían. Por dos horas no habrá políticos ni soberbias que aguantar y los problemas que verás se resolverán en la misma butaca.

Las historias del cine han sido diseñadas para absorber la atención del espectador y a cambio hacerle olvidar que está sentado en un bodegón frente a una pantalla blanca en la que se reflejan cuadros por segundo. Ahí sucede la magia de transportarte a donde el proyector designe.

Por eso quien juzga una película como “buena” o “mala” muestra una profunda confusión. Por el contrario, si en silencio se trata de comprender el mecanismo de la obra con sus diferentes soportes y recursos, el aporte habrá sido auténtico y habrá tenido lugar una conversación.

Para François Truffaut, director y crítico francés, una película podría resumirse con un solo sustantivo. Y esto lo orienta en torno del hallazgo a partir de lo visto, de la capacidad que tenemos para resonar con lo percibido y, después de todo, expresarlo.

La sala de cine puede entonces ser entendida como refugio, como una experiencia estética de encuentro y ritual para habitar historias que impactan y orientan la vida misma.

Antes de esta cuarentena íbamos al cine sin sospechar que esa industria libraba una discreta guerra con las plataformas emergentes. No solo se disputaban presupuestos, sino audiencias, actores e historias.

Con la aparición del videocasete vino el primer aviso para la industria cinematográfica, misma que tuvo que reinventarse para subsistir.

Luego de esta pandemia, el cine no se verá mejor en el cine porque se disolverá el sentido de comunalidad y las restricciones serán, precisamente eso.

Sin embargo, la necesidad de contar con relatos visuales permanecerá bajo el soporte y la tecnología que nos queramos regalar. Ir al cine como lo hacíamos hace unos meses difícilmente será otra cosa que una buena anécdota.

Solo así pueden entenderse las filas para entrar a las salas en el intermedio de una pandemia. Y confieso que me ha sucedido: cuando escucho el discurso oficial me han dado ganas de salir a festejar que por quinta ocasión la hemos domado. Tan pronto noto que las propias cifras gubernamentales mantienen su ascenso, caigo en cuenta que más bien estaba viendo o protagonizando una película.

Tan cuestionable es romper la cuarentena como criticar el hecho en un contexto en el que la ciencia es de ficción. Si ventilar esta realidad te hace abrazar nostalgias en proceso, recurramos al objeto mismo de la narrativa: fluir.

 


Sobre el autor:

Eduardo Navarrete es un periodista, fotógrafo y administrador público que se apasiona por los contenidos. Condujo equipos en Grupo Reforma, Grupo Medios, Televisa y Cultura Colectiva. Participa en una iniciativa de acompañamiento a empresas para formar equipos de alto desempeño desde la atención plena y recién fundó una empresa de generación y curaduría de contenidos transmedia.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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