Mi querido Kirguistán


Ricardo M. Salas

@segunricardo

“Así se comporta la globalización. No te pide permiso, y no espera a que te pongas al día. No sé si sea bueno o malo que traigamos a un montón de turistas aquí.

No lo sé, no soy un profeta.”

—Emil Ibakov, habitante de Jyrgalan, Kirguistán.

 

Emil, protagonista de My Dear Kyrgyztan comparte los atractivos de su comunidad con el mundo. WeAreMovingStories

Llevo unos buenos meses obsesionado con Kirguistán. No sé mucho de este lugar ni qué hay ahí, pero desde que un un grupo de amigos muy aventureros me contó sobre sus aventuras en este país de Asia central durante un mochilazo de verano, tengo una gran curiosidad por ver lo que este bastión de la Unión Soviética tiene que ofrecer en estos días. Y no es para menos. He escuchado a la gente referirse a este país –que en tan solo un siglo pasó de ser parte del imperio mongol, a la rusia zarista, y a la URSS– como “la Suiza del continente asiático”. Algo tendrá que tener.

Basta con ver algunas fotos en internet para maravillarse con la belleza natural de Kirguistán. Desde grandes y coloridas mesetas, hasta frondoso valles y lo que aparenta ser una de las mejores experiencias de esquí en la montaña, el país promete una visita memorable. Eso parece, por lo menos a través de sus fotografías.

Fue justo ayer, antes de dormir, que llegué a pensar que esta ligera obsesión se estaba convirtiendo en un llamado (aunque probablemente el país solamente se esté volviendo un destino más popular) cuando me topé con el mini-documental “My Dear Kyrgyzstan”, de los jóvenes directores Noam Argov y Alex Pritz. Esta obra de 12 minutos relata la historia de Emil Ibakov, un padre de familia que decide regresar a su natal Jyrgalan, un pueblo en medio de la nada en Kirguistán, para inyectarle nueva vida y colocarlo en el mapa a través del turismo internacional y el uso de las redes sociales.

La historia es conmovedora y comienza con un pequeño mensaje de Emil en su idioma natal (no sé si sea kirguís o ruso), invitando a su público de 14 mil seguidores en Instagram –ahora tiene 25 mil– a visitar su comunidad y admirar la belleza natural de este remoto lugar al noreste del país. “Papá, por favor no. Esto está en la mitad de la nada, no me voy a venir aquí por nada contigo”, era lo que decía la hija de Emil cuando su familia tomó la decisión de regresar a este pueblo para ponerlo en la mira del mundo.

Lugares vírgenes: El mini-documental My Dear Kyrgyzstan muestra la belleza inexplorada del territorio Kirguí. Imagen. WeAreMovingStories

Durante los días de la Unión Soviética, Jyrgalan se encontraba en el centro de la producción minera de la región. Era un pequeño pueblo de gente de clase trabajadora que había adoptado las costumbres del régimen hasta donde sus costumbres locales lo permiteran. Sin embargo, parece que la vida era relativamente tranquila, al grado de que, según Emil, nadie en el pueblo sabía cómo hornear pan porque todos los recursos básicos eran provistos por las fábricas. Después vino lo inevitable.

“Puedes imaginarte lo que sucedió después de los noventa después del colapso de la Unión Soviética. Aquellos fueron años terribles, y las cosas solo fueron empeorando”, comenta el hombre de mediana edad, quien parece bastante orgulloso por los frutos que comienzan a dar los sacrificios que él y su familia tuvieron que hacer para rehacer su vida en esta pequeña comunidad kirguiz (o “kurgí”, según algunos traductores). “Llega un momento en la vida en donde te das cuenta de que tienes que dejar un legado. Aquí es donde crecí… creo que salvamos al pueblo cuando vinimos”, comparte Emil con los documentalistas, a quienes conoció durante un primer viaje a Kirguistán como turistas, un par de años antes.

Cineastas aventureros: El equipo de Noam Argov y Alex Pritz durante el rodaje de My Dear Kyrgyzstan. Imagen. WeAreMovingStories

“My Dear Kirguistan” le ha dado la vuelta al mundo entre los festivales de cine de montaña y como parte de la comunicación de Mailchimp, un servicio para generar mensajes en serie y newsletters. Mailchimp, al igual que WeTransfer son tan solo algunas de las múltiples compañías digitales que promueven historias atractivas como parte de su servicios freemium (un modelo de negocio en el cual los usuarios obtienen un servicio gratuito hasta cierto punto en donde hay que pagar).

El pequeño film es muy recomendable y cuenta, más que la historia de una comunidad, una historia sobre la globalización y la vida de aquellos grupos sociales que quedan al margen de un mundo que se se interconecta cada vez más rápida e irreversiblemente. Emil, aclara que pueblos como el suyo no tienen más que intentar abrirse a este fenómeno y aprovechar industrias crecientes como la del turismo internacional.

En la cinta, el hombre presume cómo este año están trayendo unos 500 visitantes para disfrutar de los paisajes y montañas, tanto en el verano como durante la temporada de de esquí en invierno, y tienen planes para construir un hotel, un teleférico, y hasta un aeropuerto para los futuros turistas. Pero no todo mundo está contento. “Como cualquier persona bajo los reflectores, todo mundo tiene una opinión diferente de Emil. Algunos están celosos, otros le tienen rencor, y algunos dicen que nada más lo hace por sí mismo”, apunta su esposa.

Creo que el relato de Emil es un pequeño esfuerzo que nos ayuda a comprender los efectos de la interconexión global. ¿Deben estos lugares poco explorados sacrificar su tranquilidad y vida discreta a cambio del progreso que traen el turismo y el desarrollo comercial? Todo está depende del cristal con que se mira, y es innegable que este tipo de transformaciones no vienen sin costos ambientales, sociales y económicas para cada comunidad. Durante mi servicio social universitario (hace ya muchos años), pude observar un efecto similar en una comunidad indígena en el estado de Querétaro, en México. Este pueblito, llamado San Ildefonso, y al cual también le hicimos su propio documental, se encontraba en el mismo proceso de transformación a través del turismo y no pude evitar recordar esta experiencia al ver la historia de Emil. Me puso a pensar en cuántos como Emil, tanto hombres y mujeres, están tratando de poner su granito de arena a nivel local para mejorar la vida de sus comunidades, por más pequeñas que sean. Darwin sostenía que la especies que sobreviven son aquellas que se adaptan mejor al cambio, estas comunidades no parecen ser la excepción.

 


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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