Niñas y niños refugiados


Maite Belausteguigoitia

Maite Belausteguigoitia

@maitebelausteguigoitia

 

La niñez centroamericana tras las rejas conmovió al mundo, lástima que esa indignación no evitó más oleadas de pequeños migrantes. Su delito es soñar con sus familias una vida libre de  violencia, pero cuando eres pobre los derechos son un lujo arrebatable. Miles de niños(as) juegan con cualquier cosa, ellos(as) se juegan la vida todos los días. Dejaron de esconderse en el recreo para hacerlo en los árboles de la selva, en el agua de los ríos, en la arena del  desierto, en las carreteras. Sus amigos(as) no los buscan, de eso se encargan las autoridades migratorias y el crimen organizado. A veces los acompañan sus familias o un pollero, y otras se ocultan solos. En su mundo no existe el Ratón Pérez, el conejo de pascua, los reyes magos,  los juguetes, las canciones y los cumpleaños. Esa magia de la infancia se desvanece ante la pobreza, la persecución y el encierro. 

El triángulo norte centroamericano que comprende Guatemala, Honduras y el Salvador es una de las regiones más violentas del planeta. Las acciones de distintos grupos delictivos amenaza la seguridad de las personas en el territorio, particularmente la de los niños y niñas. El reclutamiento forzado, la violencia sexual y el tráfico de personas afectan directamente a la infancia en Centroamérica, además de  la violencia familiar, pobreza y la falta de oportunidades para el desarrollo. Cada día son más los niños y las niñas que viajan solos o acompañados para salvar sus vidas de este contexto de múltiples riesgos.

En mayo de 2018, las autoridades migratorias detuvieron en la frontera sur de Estados Unidos a 2000 migrantes menores edad y los separaron de sus familias. Al año siguiente, solo en ese mes se registraron 10 mil detenciones de niños y niñas migrantes. Actualmente, alrededor de 250 menores de edad  se encuentran detenidos en una estación migratoria en Texas. Estos son alojados en estaciones migratorias en condiciones inhumanas degradantes, donde viven situaciones de estrés que afectan su desarrollo integral. Aún cuando las leyes estadounidenses señalan un máximo de 72 horas para una detención, algunos(as) tienen semanas alojados en la estación migratoria. Se reportan condiciones de negligencia, malnutrición, piojos, contagios de gripe, falta de higiene y frío. Los niños y niñas más grandes cuidan a los más pequeños y permanecen sin ningún tipo de supervisión adulta. 

La detención impacta la integridad física y psicológica y en muchos casos resulta traumática. Distintos  estudios señalan múltiples repercusiones de la detención tales como depresión, cambios de comportamiento, ansiedad, pérdida de peso, negativa a alimentarse, falta de sueño, así como problemas dermatológicos y respiratorios.”  En el derecho internacional existen distintas leyes que prohíben la detención tales como el artículo 31 de la Convención del Estatuto de Refugiados de 1951 y el artículo 37 la Convención de los Derechos del Niño. Según la Corte Interamericana,  para los niños y niñas la detención por causas migratorias supera el requisito de necesidad y no corresponde al interés superior del menor. 

Dadas las nocivas consecuencias, dentro del contexto de la movilidad humana la detención sólo es adecuada para comprobar la identidad, analizar la solicitud de refugio y por motivos de seguridad nacional. Además de la libertad de circulación, otro de los derechos violados con esta medida es el refugio. El contexto de persecución de la niñez Centroamericana hace necesario realizar una evaluación para determinar si la deportación supone un riesgo importante para su integridad. La Convención del Estatuto de Refugiados de 1951 está elaborada desde una lógica adultocéntrica,  se necesita un abordaje adecuado para analizar el derecho al refugio que tienen los niños(as). 

Las detenciones en el gobierno de Trump vulneran el interés superior del niño de múltiples maneras, estas corresponden a una visión de criminalización de la migración y no de protección a la infancia. La migración infantil es una crisis humanitaria y requiere orientar la cooperación internacional para garantizar los derechos de la niñez en América. Asimismo, la cooperación internacional debe orientarse a atender las causas del desplazamiento forzado y garantizar el derecho a un desarrollo integral.


Sobre la autora:

Maite Belausteguigoitia es psicóloga, maestra en derechos humanos y próximamente comenzará un doctorado en psicología en la Universidad de Buenos Aires. Tiene experiencia profesional en el Centro de Investigación del ITAM y en consultoría de empresas.
Desde el ámbito psicológico ha trabajado con poblaciones en condiciones de vulnerabilidad como niños, niñas, adolescentes, mujeres indígenas, personas con discapacidad, entre otros. Le interesan los temas de psicoanálisis, salud mental, derechos humanos, infancia y género. A favor de: el pensamiento crítico, el arte como un arma de transformación subjetiva y social, modelos de desarrollo con un enfoque derechos y construcción para la paz. En contra de: el dogmatismo, el racismo, el machismo, la violencia en todas sus formas y la hipocresía.

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