Nos quisieron enterrar, no sabían que éramos semillas


Maite Belausteguigoitia

Maite Belausteguigoitia

@maitebelausteguigoitia

 

Con las manos llenas de tierra clavan la varilla en el suelo, si tienen suerte encontrarán un cuerpo a pedazos. Solo puede ser alguna de las más de 40 mil personas desaparecidas. ¿En qué momento encontrar un cuerpo se volvió un triunfo? La muerte es el único consuelo frente al doloroso limbo de la desaparición. Cuando la crueldad es tanta no alcanza con arrebatarles la vida, el duelo se transforma en un lujo al que te acercas desenterrando los restos de extraños entre la maleza. Este es nuestro México, un país donde miles de familias se juntan para escarbar la tierra en busca de sus hijos(as) y descubrir las complicidades ocultas del gobierno. Imaginarme esa desoladora escena me recordó a esa famosa canción titulada “Desapariciones”, interpretada por MANÁ en el año 1999.

“¿A dónde van los desaparecidos? 

busca en el agua y en los matorrales

¿Y por qué es que se desaparecen? 

Por qué no todos somos iguales y cuándo vuelve el desaparecido

cada vez que lo trae el pensamiento

cómo se le habla al desaparecido

con la emoción apretando por dentro”

Esa estrofa se adelantó casi 20 años a narrarnos la realidad tan desgarradora de las desapariciones forzadas en el marco de la guerra contra el narcotráfico. No solo los(as) buscan en el agua y en los matorrales, también en el desierto, los campos, las selvas, las montañas, las playas, los bosques y las ciudades. En todos los rincones del país se vive este fenómeno  sistemático, pero afecta más a las poblaciones en condiciones de pobreza. Nuestro suelo es un cementerio furtivo con más de 1,100 fosas clandestinas, la más grande de ellas es Colinas de Santa Fé

A 15 kilómetros de Xalapa, la capital de Veracruz,  se encuentra un predio donde se hallaron 298 cráneos y 22,500 restos humanos. Las madres integrantes del Colectivo Solecito fueron quienes descubrieron esta inmensa fosa, paradójicamente fue el crimen organizado facilitó su búsqueda. El 10 de mayo de 2016 a las 5 pm, este colectivo se disponía a protestar ante la pasividad de las autoridades cuando dos hombres bajaron de un auto, les entregaron un mapa y les dijeron: “Ahí encontrarán los cuerpos de todos los desaparecidos de Veracruz, apoyados por el Ministerio Público y el gobierno de Duarte” y la hoja la firmaba “El Causante Quinto del C.J.N.G. (Cártel de Jalisco Nueva Generación). 

La exploración de la fosa fue concluida el pasado 8 de agosto del 2019, después de tres años de difícil trabajo y una obstaculización importante del gobierno local. Veracruz es uno de los estados con mayor número de desapariciones forzadas y múltiples evidencias señalan que es una práctica sistemática e institucionalizada. Dentro de la policía veracruzana se crearon escuadrones de la muerte para luchar contra los Zetas, el principal cártel de la región. La Academia de Policía se transformó en un centro de tortura y ejecuciones extrajudiciales, donde detenían mayormente a jóvenes en situación de pobreza para inculparlos(as) por delitos que no cometieron. El gobierno de Javier Duarte representó una importante crisis de derechos humanos para el estado, gracias a la corrupción, los vínculos con el narcotráfico, los crímenes cometidos contra la población civil y un deterioro institucional. 

La participación de las víctimas resulta clave en los procesos de verdad y justicia, uno de los ejemplos más importantes en latinoamérica es el caso de las Abuelas de Plaza de Mayo. En esta lucha incansable de este colectivo de mujeres, en busca de sus hijos(as) y nietos(as), logró grandes avances en el campo jurídico, científico y psicológico. La pacificación del país se consigue fortaleciendo la participación de las víctimas en el proceso, no incrementando la militarización del país y agravando la situación de seguridad. El paradigma de la cuarta transformación profundiza aún más la crisis de la desaparición forzada con los recortes de 68 millones de pesos para la búsqueda de personas desaparecidas en el país, en contraste con los 17,200 millones de pesos destinados a la Guardia Nacional. 

Este paradigma privilegia la guerra y la crisis de derechos humanos, sobre la búsqueda de la verdad y la justicia. Nos aleja de una reparación integral para las víctimas que permita la reconstrucción del tejido social y la paz sostenible en el tiempo. Mientras que en el gobierno continúe la impunidad y la falacia de conquistar la paz con la guerra, seguirá la búsqueda de los(as) desaparecidos(as). Se buscará en el agua y en los matorrales, cada vez que los traiga el pensamiento y siempre se hará con la emoción apretando por dentro.

 


Sobre la autora:

Maite Belausteguigoitia es psicóloga, maestra en derechos humanos y próximamente comenzará un doctorado en psicología en la Universidad de Buenos Aires. Tiene experiencia profesional en el Centro de Investigación del ITAM y en consultoría de empresas.
Desde el ámbito psicológico ha trabajado con poblaciones en condiciones de vulnerabilidad como niños, niñas, adolescentes, mujeres indígenas, personas con discapacidad, entre otros. Le interesan los temas de psicoanálisis, salud mental, derechos humanos, infancia y género. A favor de: el pensamiento crítico, el arte como un arma de transformación subjetiva y social, modelos de desarrollo con un enfoque derechos y construcción para la paz. En contra de: el dogmatismo, el racismo, el machismo, la violencia en todas sus formas y la hipocresía.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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