Para salvar al océano urge desplastificarnos


Vía: Rawpixel

Por: Alejandra Guraieb y Michelle Guraieb

 

El océano pudiera ser descrito como hermoso, misterioso, majestuoso y atemporal, inspirador, inmenso e imponente. Pocos pensarían en la palabra “sucio” para describirlo. Siendo tan aparentemente infinito, resulta difícil creer que existen cinco zonas enormes de acumulación de plástico y otro tipo de basura en las vastas aguas saladas del planeta. La más grande de ellas, la “Gran Mancha de Basura del Pacífico”, ubicada entre Hawaii y California, es una isla flotante de basura que mide aproximadamente tres veces el tamaño de Francia. Según The Ocean Clean Up, la inimaginable cantidad de plástico en la Gran Mancha equivale a 250 pedazos de plástico por cada ser humano del planeta. ¡Terror!

El plástico es un elemento muy importante para la economía mundial y su utilidad no puede negarse. Sin embargo, en los últimos años el uso de plástico ha incrementado exponencialmente. De hecho, según National Geographic la mitad de todo el plástico producido en la historia se produjo en los últimos 15 años. La UICN estima que anualmente se producen más de 300 millones de toneladas de plástico (la mitad para hacer objetos desechables) y que 8 millones de toneladas de dicho material llegan a nuestros mares cada año. Esto es el equivalente a verter en los océanos un camión de basura lleno de plástico por minuto. 

¿Cómo llegan estos desechos al océano? Por un lado, algunos visitantes  de las playas dejan atrás cuantiosos residuos plásticos. Por ejemplo, los reportes indican que en la Semana Santa de 2019 turistas en Acapulco dejaron 90 toneladas de basura al día en las playas. No obstante, una gran parte del plástico que ingresa al océano proviene de basura en calles, vertederos a cielo abierto y terrenos baldíos, que con las lluvias llega a los ríos y desagües que desembocan en el mar. 

El uso irresponsable de los plásticos representa una amenaza para la salud de los océanos e incluso la salud humana. Para empezar, es común que los desechos plásticos sean ingeridos por animales como las ballenas, las aves marinas, las tortugas y los tiburones. Esto puede ocasionar que sus estómagos se llenen y consecuentemente pierdan el apetito hasta morir de desnutrición. Se estima que 90% de las aves marinas han ingerido plástico alguna vez en su vida. Además, muchos animales se enredan en objetos tales como bolsas de plástico y anillos de “six pack” lo cual puede causar severas lesiones o muerte.

Por otro lado, condiciones tales como las corrientes marinas pueden fragmentar los desechos plásticos hasta convertirlos en microplásticos. Estas mini partículas llegan a ser del tamaño de un grano de arena o hasta tan diminutas que resultan invisibles. Los microplásticos también son un frecuente componente de muchos productos de belleza y limpieza que algunas veces pueden acabar en el mar. La problemática es que estas partículas están siendo ingeridas en grandes cantidades por animales marinos tales como el zooplancton, los peces, las almejas y las ballenas. El plástico se encuentra presente prácticamente en toda la cadena alimenticia, incluyendo gran parte de los peces y mariscos que consumimos. Debido a que contiene contaminantes nocivos para la salud, actualmente se están investigando los posibles efectos que pudiera tener el consumo de microplásticos en la salud humana.

Es normal que ante este panorama desolador sintamos impotencia pero también hay historias inspiradoras dignas de contar. Por ejemplo, en 2013 y con tan solo 18 años, Boyan Slat de Países Bajos comenzó a desarrollar tecnología para la limpieza de los océanos. El resultado de su proyecto, la ONG The Ocean Cleanup, estima que su equipo y tecnología pueden remover del mar una cantidad de basura equivalente a la mitad de la Gran Mancha del Pacífico cada cinco años. En la India, horrorizado por el “tapete de basura” en la playa que frecuentaba en Bombay, Afroz Shah comenzó a usar sus horas de descanso para limpiar la playa. Poco a poco, convenció a otras personas de unirse y gracias a las redes sociales ha motivado a más de 200,000 voluntarios y se le reconoce por encabezar la limpieza de playa más grande de la historia. 

Usemos estas historias para inspirarnos a mejorar nuestras conductas de consumo. ¿Cómo podemos hacerlo? Comenzar por reducir el uso de productos desechables es una gran idea. Por ejemplo, usar un termo en lugar de comprar agua embotellada tiene un gran impacto (según AIDA, ¡México consume el 12% del volumen mundial de agua embotellada!). Asimismo, intentemos decir no a los popotes, vasos desechables y bolsas de plástico y optemos por comprar productos sin envolturas plásticas. Llevemos nuestro termo a la cafetería que frecuentamos (a veces incluso ofrecen un descuento). También podemos presionar a restaurantes y hoteles para que ofrezcan alternativas a los plásticos de un solo uso. Por otro lado, inspiremos a nuestros colegas, amigos y familiares a desplastificarse. Platiquemos sobre lo que está pasando en el océano y ayudemos a concientizar.

En palabras de Peter Thomson el Enviado Especial de la ONU para los Océanos: “No podemos tener un planeta sano sin un océano sano”. Este mensaje es hoy, a la luz del Covid-19, más relevante que nunca. El océano debe ser protegido no solo por los valiosos recursos que aporta, sino también por su inigualable belleza. De seguir el rumbo actual se estima que para 2050 el peso del plástico en los océanos será mayor que el de todos los peces. Sin duda alguna, para salvar al océano urge desplastificarnos. 

 

Nota desmitificadora: Últimamente se habla mucho de los plásticos “biodegradables” como una alternativa ante los plásticos desechables. Sin embargo, estudios de la ONU han dejado muy claro que el uso de los productos categorizados como biodegradables no disminuirá sustancialmente el volumen de plástico que entra en los océanos. ¿La razón? La mayoría de los productos biodegradables requieren condiciones muy particulares para biodegradarse en su totalidad, por ejemplo, ser incinerados a 50ºC en plantas industriales. 

 

Algunas recomendaciones para desplastificarse: 

 


Sobre las autoras:

Alejandra es abogada egresada de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México de donde se graduó con el reconocimiento Excelencia Académica. Se ha enfocado en la práctica del derecho ambiental. Cuenta con una Maestría en Políticas Públicas Ambientales con especialidad en energía por el Instituto de Estudios Políticos de París – Sciences Po. Durante sus estudios de Maestría realizó prácticas profesionales en el Secretariado de las Naciones Unidas para el Cambio Climático en Bonn, Alemania. A favor de: la economía circular, la acción climática, la sencillez, la transparencia gubernamental y la igualdad de género. En contra de: la impunidad, la intolerancia, las economías altamente carbonizadas, la incompetencia y el materialismo desmedido. Twitter: @Ale_Guraieb 

Michelle se graduó de la Universidad de Sydney con una doble licenciatura en Ciencias Marinas y Geografía. Como parte de sus estudios universitarios, realizó investigación sobre la presencia de microplásticos en las playas de Sydney, Australia. Apasionada del mundo marino, Michelle practica el buceo con frecuencia y está comprometida a generar conciencia para un mejor cuidado de los océanos. A favor de: la conservación de la biodiversidad y la riqueza cultural, la igualdad de género y la libertad de conciencia. En contra de: la indiferencia ambiental, el abuso de poder y la discriminación.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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