Por favor, ni te apures en llegar tarde


Eduardo Navarrete

@elnavarrete

Para leer con “Tranquilo y tropical”, de Los Aguas Aguas

 

La realidad se abre del lado que uno se levanta de la cama. Solo así se entiende y se justifica que alguien llegue tarde a trabajar.

En el poco, pero probable caso de que sigas haciendo una cuarentena artera, libre de serpientes o escaleras, ni tentaciones para pasear por impaciencias o asomos de ocasión, no tendrías excusa para llegar tarde a nada.

Si, por el contrario, tu jefe hace de la nueva normalidad un viejo truco, o si no hay posibilidad para hacer lo que haces más que estando ahí, en teoría, tampoco deberías llegar tarde.

La puntualidad para el mexicano es una misteriosa carta de intención que se ve delatada con palabras de uso común que no expresan, más que falta de claridad y el privilegio de posponer: “al ratito”, “10 minutitos”, “ahí mañana”, “híjole, te la debo”. “a la vuelta”.

Solo en sueños, podría uno llegar a tiempo aquí. No importa que no salgas de casa, habitando esta ciudad, tienes licencia para llegar tarde cuando quieras.

O el tiempo pasa volando, o es la percepción del vuelo en solitario, pero algo pasa y no parece haber suficiente nivel de respuesta colectiva frente a esta situación. Nos importan más el Covid y sus círculos cercanos de efectos, que la rifa del avión, la administración del grito y el paso del tiempo, hecho sexenio. Estamos locos.

A gatas hemos llegado a lo que podemos nombrar “hoy”, y tal hazaña debe ser festejada como un logro marcado por la fiesta imposible de aplazar. Como mañana todavía no es hoy, atesóralo mientras dura: el principio ontológico de la impuntualidad.

Tras la desmañanada entre semana, se forma una tormenta tropical de remedios para una cabeza que duele, gira y jura que no volverá a pasar… hoy. Los #10Minutitos serán #50 y #MeVale. Cuando suene el reloj, en efecto será en calidad de alarma.

Como llegar tarde aquí, en realidad es llegar “un poquito tarde”, resulta de utilidad guardar un listado de excusas por si acaso. Las marchas y bloqueos son excelentes opciones, pero no en estos tiempos. Retenes u operativos siempre funcionarán. Familiares enfermos no cabrían en un alma con decoro. La excusa revela una parte de la personalidad, aún para el impuntual.

La vida, al alcance de ese “ratito” que nadie sabe cuánto dura, es impuntual con nosotros. Mientras, el minuto es declarado como eternidad, tal vez como inconsciente reto a la idea restrictiva del tiempo. El mal de la humanidad: la impuntualidad. El bien de la humanidad, la impuntualidad.

El tiempo, asumiendo que tal cosa existe, empezará a merecer su nombre una vez que deje de ser desperdiciado. Mientras eso sucede, por favor no te apures en llegar tarde.

 


Sobre el autor:

Eduardo Navarrete es un periodista, fotógrafo y administrador público que se apasiona por los contenidos. Condujo equipos en Grupo Reforma, Grupo Medios, Televisa y Cultura Colectiva. Participa en una iniciativa de acompañamiento a empresas para formar equipos de alto desempeño desde la atención plena y recién fundó una empresa de generación y curaduría de contenidos transmedia.

Mercedes Migoya60 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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