¿A dónde va el mundo: proteccionismo o globalización?


Sofía Niño de Rivera

@sofiapac

 

La ciencia nos ha llevado de nuevo al espacio y promete llegar próximamente a Marte. Mientras que aquí, en el planeta Tierra, esa misma ciencia nos mantiene a la espera de un medicamento que evite las muertes por un virus.

 

Resulta irónico que en pleno dos mil veinte hayamos podido enviar una cápsula tripulada a 340 kilómetros de altitud, pero pensar en un roadtrip cruzando fronteras entre países se vuelve imposible por el momento. Este contraste de experiencias reales y expectativas nos arroja una noción de hasta qué punto la desigualdad protagonizará la nueva crisis.

 

Nos enfrentamos al escenario más complejo que la humanidad ha atravesado. El mundo se sumerge en la violencia de la desigualdad racial, la economía es una olla en ebullición, la crisis sanitaria es una gran amenaza para la sociedad y las dinámicas políticas son un desastre en muchos países.

 

Ya habíamos vivido cada uno de estos problemas. Sin embargo, ahora la amenaza radica en su sincronía. Estos fenómenos se han enlazado hasta parecer uno solo. La gran incógnita para todos radica en cómo abordar las estrategias para superarlos. 

 

Algunos plantean que la vacuna para esta crisis política-económica-social debe tener una alta dosis de nacionalismo, donde se le demande al Estado tener mayor capacidad de intervención y mayor proteccionismo comercial, donde se reactive la economía mediante la centralización y la estatización de servicios.

 

Por otro lado, otros argumentan que la vía de escape se construirá manteniendo las redes globales de cooperación, multilateralismo y una postura comercial liberal. 

 

A partir de lo anterior, se puede prever que el rumbo del mundo se jugará entre dos extremos: el proteccionismo nacionalista, donde el Estado se vuelva una especie de búnker ante externalidades y la globalización, donde la interacción entre actores internacionales genere políticas adaptativas ante la nueva realidad.

 

El historiador Yuval Noah Harari habla de la importancia de optar por la vía de la cooperación, ya que el triunfo de los humanos como individuos y como componente de la célula social está en lo colectivo y es lo que nos ha permitido evolucionar. Sin embargo, la teoría es más fácil que la práctica. En Latinoamérica no sabemos deletrear la palabra integración, en la Unión Europea sostienen el Brexit como emblema de un momento desglobalizador, y Estados Unidos anuncia cada vez más sanciones comerciales a China. Claramente, las tensiones geopolíticas que subyacen a esta crisis nos indican que la tendencia actual no está resultando como aconsejaría Yuval Noah Harari.

 

Por si fuera poco, recientemente el presidente Donald Trump en lo que parecería ser un intento de fastidiar más al mundo, aplazó casi tres meses la reunión anual del G7. El desatino de su decisión esquiva la coordinación global que se requiere para recuperarnos de la crisis. En tanto que continúa imponiendo aranceles y negando visas para entrar a EE.UU. a los juristas de la Corte Penal Internacional como castigo por haber acusado a algunos militares y agentes secretos de EE.UU. por crímenes de guerra en Afganistán.

 

Otra señal de que EE.UU., así como varias regiones del mundo se están inclinando por la estrategia del proteccionismo es la pista que lanzó un informe del Bank of America Global Research, quienes publicaron que el 83% de las empresas estadounidenses planean relocalizarse. Algo similar ocurre de forma paralela en la Unión Europea, ya que el costo de producción en China se ha exponenciado por encima de los de Vietnam, India, algunos países de Occidente, o incluso de los costos de producción doméstica de cada país.

 

Para echarle más leña al fuego, la situación social actúa como un combustible eficaz ante el incendio que implica toda esta realidad. En América Latina habrá doce millones más de desempleados según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Banco Mundial, también se estima que la pobreza aumentará a 214 millones de personas, y otras 84 millones vivirán en pobreza extrema. La brecha de la desigualdad se estirará aún más y esto siempre ha sido un factor de inestabilidad para la política y la economía. Si la gente percibe que los gobiernos progresistas y populistas que instalaron en el poder para generar mayor bienestar social solo cumplen en discurso y letra muerta, podría producirse una crisis aún más grave.

 

La cereza de este pastel cocinado con hartazgo ciudadano y crisis económica, se llama racismo e impunidad. Las protestas antirracistas por la muerte de George Floyd durante los días pasados acentúan la crisis política que existe no solo en nuestro vecino del norte, sino a nivel internacional. La marea antirracista ha llegado a muchos rincones del mundo, desde las manifestaciones masivas en Estados Unidos, hasta la petición de algunos partidos políticos alemanes de eliminar de la Constitución la palabra “raza”, por considerarla obsoleta y discriminatoria. El descontento social coincide con la crisis sanitaria/económica en la velocidad con la que ha escalado y en que ambas requieren de una estrategia global para solucionarse. 

 

Mientras los gobiernos deciden si optan por soluciones individuales o colectivas, no podemos dejar que estas diferencias trastoquen aún más nuestro entorno. La diferencia con el fin de la Primera Guerra Mundial (1918) , la Gran Depresión (años treinta), el Gran Salto Adelante de China (1958), y muchas otras crisis que han sacudido al mundo, es que hoy la humanidad tiene más (mucho más) para contener y vencer la hostilidad de esta crisis, a través de una forma más racional a través de las herramientas que brinda la cooperación global que en otro tiempo habría sido no solo descartada sino inimaginable.

 


Sobre la autora:

Sofía Niño de Rivera es internacionalista, especialista en derecho internacional. Fue funcionaria pública en la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Secretaría de Economía, donde participó en negociaciones comerciales internacionales y representó a México en varias Organizaciones Internacionales. Actualmente, está encargada de Policy & Public Affairs para el sector Fintech y es asociada del Programa de Jóvenes del COMEXI. Está a favor de: la justicia y la colaboración global. Está en contra de: la intolerancia y el abuso.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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