¿Qué hacer con las drogas?


Ricardo M. Salas

@segunricardo

“Si no crees que las drogas han hecho buenas cosas por nosotros, vete a casa y quema todos tus discos, todos tus cassettes y cd’s y quémalos. Porque, ¿sabes qué? Los músicos que hicieron toda esa gran música que ha enriquecido a nuestras vidas a lo largo del tiempo estaban veeeeerdaderamente pasados.”

Bill Hicks, comediante. 

 

Los medios en América Latina no pasan una sola semana sin encabezados sobre alguna captura de un capo, enfrentamiento entre la policía y el crimen organizado o la incautación de grandes cargamentos de estupefacientes. Décadas después de que se declarara la guerra contra las drogas, esta estrategia parece haber traído más violencia que la que buscaba erradicar en primer lugar, y sin embargo, el consumo de drogas parece estar más vivo que nunca en todo el mundo. ¿Qué hacer ante este panorama?

Conforme 2019 llega a su fin y éste se perfila como el año más violento a la fecha, vale preguntarse si hay alguna solución efectiva para minimizar el daño social que ocasionan el consumo y el tráfico de drogas en México y en el mundo. Como no soy un especialista en el tema, tuve la oportunidad de hablar con Zara Snapp –una de las activistas y analistas de política de drogas más prominentes del país– y conocer su opinión sobre qué se puede hacer en la región para poder minimizar el daño que la venta y distribución de estas sustancias ha causado hasta la fecha. 

El primer punto de nuestra conversación se centró en la experiencia de países como Portugal y Holanda, lugares que han optado por despenalizar varios tipos de drogas como estrategia de prevención y reducción de riesgos. Zara me comenta que el caso de Portugal es muy particular, las autoridades del país decidieron descriminalizar el consumo de sustancias tan nocivas como la heroína cuando se dieron cuenta de que el país tenía una de las tasas más altas de VIH/SIDA en toda la región debido al uso de drogas inyectadas (30% de todos los casos en la región provenían solo de Portugal). La analista afirma que en 2001 el gobierno portugués decidió despenalizar el consumo de cualquier tipo de enervantes y comenzó a tratar a sus usuarios como un problema de salud, en vez de un problema de seguridad nacional, minimizando el número de encarcelamientos y reduciendo drásticamente la epidemia de VIH que recorría al país con programas de reducción de riesgos como el intercambio de jeringas. 

En Portugal, si la autoridad se topa con un usuario de alguna droga, éste es citado voluntariamente por una “comisión de disuasión” –formada por un psicólogo, un abogado y un trabajador social–, para determinar si el uso de esa persona es problemático. Según Zara, la mayoría de los casos de consumo de cannabis se dejan ir por no considerarlas como un riesgo para la sociedad, pero cuando se trata de otros productos, hay más instancias en las que se puede canalizar a estas personas. 

Repensar la estrategia: Fuente: El Norte

“Creo que es algo que sí podemos aprender aquí en México porque, el modelo que hemos implementado e importado, son las cortes de drogas, que sigue siendo dentro de la rama judicial… sigue habiendo una criminalización”, afirma Zara. “Eso (y nos lo han dicho), no significa que todo es bonito ahora, pero bajaron drásticamente los casos de VIH, y hasta ha bajado el consumo de drogas por inyección.”

México

Sin embargo, Zara no cree que México podría replicar estas medidas de forma idéntica. Ella asegura que el país debe hacer una despenalización efectiva de estupefacientes, comenzando por aumentar el umbral de posesión y portación de drogas en la Ley General de Salud. “No pueden ser 5, tienen que ser 25, o más [en cannabis]”, dice Zara. 

Desde su experiencia, estos límites permitidos no han hecho más que fomentar los casos de corrupción y las oportunidades para que las autoridades puedan extorsionar a un detenido. La idea, comenta Snapp, es reducir las ventanas para la extorsión y que los usuarios no tengan ese tipo de contacto con agentes de seguridad.

La analista asegura que el problema para México (contrario a países como Portugal y Holanda) es el de la producción. “En México somos productores de cannabis, de amapola, y de muchas otras drogas sintéticas porque se trata de una actividad económica” dice Snapp, quien cree que una posible estrategia en México tendría que estar centrada en regular la producción de estupefacientes, por lo cual una despenalización similar a la de los países europeos no sería una solución totalmente funcional. 

Expertos como ella, creen que México debe tener una regulación de drogas completa y una política de salud pública que se ajuste a la realidad actual del país. Su grupo de trabajo propone esta regulación principalmente para el cannabis, pero la experta comenta que esto también podría contemplarse para la amapola y los posibles productos que se podrían hacer con esa planta. De esta forma, los agricultores podrían también obtener los derechos al cultivar este tipo de sustancias y aportar al PIB como una actividad económica.

“Los precios en un mercado ilegal son más altos, pero ¿cómo se distribuyen esos recursos? ….en el soborno a las autoridades porque estás moviendo el producto”, comenta Snapp. Bajo su óptica, todas esas cosas que suceden para aumentar los precios podrían distribuirse para aminorar la desigualdad que entra en juego en todas las cadenas de valor, por lo cual sugiere una regulación completa y no solo una despenalización al estilo Portugal.

Es obvio que no se pueden ignorar los riesgos y daños para la salud que todas las drogas implican. Sin embargo, si se considera el fracaso que ha generado la guerra contra las drogas, la idea es desarrollar una política pública que minimice los riesgos y la violencia causadas por el consumo de estas sustancias. 

Zara comenta que la tendencia mundial va hacia la regulación de varias drogas, justo esta semana un comité del Congreso de EEUU aprobó una iniciativa para despenalizar el cannabis a nivel federal (algo que catapultó el valor de muchas acciones vinculadas a este estupefaciente). Por lo tanto, se está viendo una tendencia hacia la regulación y nadie parece retractarse después de haber puesto en efecto este tipo de medidas.

Holanda, por ejemplo, tiene una descriminalización de facto de drogas suaves desde los años setenta. No obstante, no ha regulado su producción, sino la venta de drogas suaves como el cannabis y ciertos tipos de hongos alucinógenos. Ahora los Países Bajos están buscando un “experimento” que se estará implementando en 10 ciudades del país para ver cómo funcionaría el regular la producción de este tipo de sustancias.

El despertar de los psicodélicos 

Otra vertiente que vale la pena observar es el renacer en el consumo y la investigación de algunas drogas psicodélicas como la psilocibina, el LSD, e incluso algunas anfetaminas como posibles tratamientos para enfermedades mentales como la depresión y la ansiedad crónica. 

MAPS (Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies) es una organización que se encuentra haciendo estudios en Canadá, Israel y Estados Unidos como tratamientos para varios tipos de trastornos mentales, e incluso para el tratamiento de pacientes con enfermedades terminales. Estudios similares están siendo desarrollados en centros educativos de vanguardia como Johns Hopkins, y han sido cubiertos extensamente por escritores como el estadounidense Michael Pollan, en su polémico e interesantísimo libro y plática titulados How to Change Your Mind

Cambiar la mente: Pollan explicando sus investigaciones en carne propia con How to Change Your Mind

No hay respuestas definitivas al problema de seguridad que enfrenta México, uno de los principales exportadores de drogas, pero ejemplos como los que se están viendo alrededor del mundo están cambiando el paradigma de cómo distintos países ven este problema social, uno que cada vez más está siendo tratado como un tema de salud y no uno de seguridad. ¿Tú qué opinas?


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

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