Quédate en México


Raquel López-Portillo Maltos

@rak_lpm

 

Hoy en día, nos enfrentamos a una crisis humanitaria en la que millones de personas se encuentran huyendo de sus hogares en busca de un sitio seguro en el que puedan desarrollarse y continuar su plan de vida. Desafortunadamente, pese a que hay esfuerzos que fomentan su acogida, en su mayoría se han establecido límites y restricciones dirigidas hacia la población migrante. Esto ha generado que miles de personas se vean en la necesidad de tener que regresar a su país de origen sin recursos, protección, ni esperanzas.  

Este es el principal problema derivado de los Protocolos de Protección a Migrantes, mejor conocidos como Programa “Quédate en México”. Resultado de las negociaciones entre México y Estados Unidos en materia de migración, este consiste en enviar a aquellos solicitantes de asilo en Estados Unidos a esperar respuesta en territorio mexicano, principalmente en zonas controladas por el crimen organizado. Desde su puesta en marcha en enero de 2019, esta medida ha dejado como resultado a 55,000 solicitantes de asilo retornados a México (de los cuales al menos 16,000 son niños) y solo a tres se les ha otorgado refugio, 418 secuestros de enero a mediados de octubre (de los cuales 50 son menores de edad), 144 mil detenciones en estaciones migratorias (75% más que en el 2018 y de los cuales 43,000 son niños) e innumerables violaciones a derechos humanos que no han sido denunciadas. 

Ante este panorama, cabe aclarar que la libre circulación y la libre residencia son derechos básicos para todas las personas, sin importar el territorio del que se hable. Este es el punto de partida del término ius migrandi, es decir, el derecho de toda persona a desplazarse y mudar su lugar de asentamiento a donde crea conveniente. Sin embargo, a lo largo de la historia contemporánea, se han convertido en derechos restringidos. Bajo los argumentos de la seguridad, el orden y la soberanía, se ha ido abriendo paso al uso del poder coercitivo estatal para repeler la inmigración, en especial la “irregular”. 

Con sustento en estos discursos, se ha optado por las barreras físicas y por la implementación de operaciones policiales. Ahora, como en el ejemplo planteado, se ha hecho uso de la figura de tercer país seguro. Sin embargo, estas medidas poco han logrado en términos de detener la inmigración. Por el contrario, sólo ha puesto en mayor riesgo físico a las personas y ha aumentado el que recurran a traficantes de personas para lograr su objetivo. Así mismo, lejos de lograr una mayor seguridad para los nacionales, se han fomentado dinámicas excluyentes (físicas, territoriales, normativas y simbólicas) que continúan alejando a la población inmigrante de la esfera pública y al acceso legítimo de los recursos básicos para su supervivencia. 

Con el programa Quédate en México, tanto México como Estados Unidos atentan contra los estándares mínimos de protección a migrantes. Ambos países cuentan con obligaciones, tanto nacionales como internacionales, de garantizar el ejercicio de los derechos y libertades de los extranjeros, con independencia de su situación migratoria, incluidos el reconocimiento de su personalidad jurídica, la seguridad personal y derecho a ser tratados sin discriminación alguna. Dentro de estas garantías, el principio de no devolución es fundamental, no sólo en términos legales, sino en términos humanitarios, al ser el criterio de máxima protección para aquellos migrantes cuya vida corre peligro. 

Si bien, las fronteras continúan siendo uno de los temas más polémicos actualmente, no se puede permitir que la población migrante sea abandonada a su suerte. La situación se complejiza aún más ante la violencia generalizada, un sistema migratorio rebasado en demanda y recursos, y “soluciones” que hasta el momento sólo han reforzado los nacionalismos y han sido utilizados como una herramienta legitimadora de poder. No sé por dónde se empieza, pero sé que se necesita mucha congruencia. No se puede hablar de un país democrático cuando esto ocurre. No se puede hablar de un país “con una larga tradición de asilo” cuando esto ocurre. No se puede hablar de un país preocupado por los derechos humanos cuando sólo se aplican a unos cuantos. Resulta urgente generar una respuesta multilateral y coordinada que alivie esta crisis en la que estamos inmersos.

 


Sobre la autora:

Raquel López-Portillo Maltos es licenciada en Derechos Humanos y Gestión de Paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue Coordinadora General de la campaña HeForShe de ONU Mujeres en su universidad y actualmente es Asociada del Programa de Jóvenes del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Se ha desarrollado en los sectores público, privado y de la sociedad civil en temas de seguridad, igualdad de género y educación.  Apasionada del flamenco, la fotografía y la literatura. A favor de: el derecho a elegir, el debate, las opiniones sustentadas y la igualdad de oportunidades. En contra de: la violencia, la ignorancia, la mediocridad y las mentes cerradas.

Geo Bailon1500 Posts

Una huelga de aquellas

Buena

Buena racha

En

En busca de Evo

¡Liberen

¡Liberen a Assange!




Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password