Reflexiones en la fila del baño


Fernanda Zamora

@Fer_ZamoraR

 

Me pasó el otro día mientras corría para tomar un avión, cuando decidí pasar al baño antes de subir y, después de buscarlos por un buen rato, me encontré con una línea de más de quince mujeres. A todas nos ha pasado, saliendo del cine, en un concierto, restaurantes, o hasta lugares de trabajo, SIEMPRE hay fila en el baño de mujeres.

Puede parecer un poco extraño que haya decidido hablar de baños pero en realidad son un reflejo de algo mucho más grande. Después de un poco de investigación al respecto, encontré un nuevo libro, escrito por Caroline Criado Pérez, en el que no solo compartía mi indignación con las eternas filas, sino que da una explicación y complementa con ejemplos que me hicieron repensar problemas que siempre justificaba como consecuencia de mis características personales. ¿Será que después de años de estirarme para alcanzar los pedales, levantar un garrafón, bajar cosas de la repisa más alta o abrir un molesto frasco de mermelada, no era tanto mi culpa como una negligencia de diseño?

En el libro Invisible Women: Data Bias in a World designed for Men, Criado muestra, a través de una imponente cantidad de datos, cómo las mujeres suelen quedar fuera del proceso de diseño. La investigación va desde lo más mundano, como las razones por las que las mujeres tardan 2.3 veces más en ir al baño y lo ineficiente de la repartición 50/50 del espacio destinado para estos, hasta como las audiciones “ciegas” aumentaron en un 50% la contratación de músicos mujeres en las orquestas.

Y es que sin querer sonar como teoría de conspiración, mientras más leía al respecto, más notaba ejemplos en la vida cotidiana. Parte del problema en materia de diseño es que, en un afán de hacer el diseño “neutral”, se usa como referente estándar al hombre promedio de entre 25 y 30 años. De acuerdo con lo reportado por la investigadora, el software de reconocimiento de voz de Google es 70% más propenso a entender los comandos dichos por un hombre, al captar mejor los registros de voz más graves. Sí, todas esas veces en las que se te ha caido el celular porque es demasiado grande, o cuando NUNCA cabe en las bolsas del pantalón (y eso cuándo es que tienen, ya que la furia que genera que los jeans de mujer no tengan bolsillos es tema de cinco artículos más) no es realmente culpa tuya, sino de los 14 cm en promedio que mide un smartphone.

Pero esto va más allá de guardar cómodamente tu smartphone o que el monitor de fitness registre correctamente tus pasos, en algunos casos se trata de temas de vida o muerte. Según un estudio del proyecto Horizon 2020 de la Unión Europea, Gendered Innovations: How Gender Analysis Contributes to Research, aunque los hombres tienen más probabilidad de estar involucrados en un accidente de coches, cuando hay una mujer involucrada, tiene 47% más probabilidad de ser gravemente herida y 17% más probabilidad de morir por ser consideradas “conductores fuera de norma” al necesitar estar más cerca del volante para alcanzar los pedales o tener menos resistencia en los músculos del cuello. Y es que fue hasta 2011 cuando se empezaron a usar “dummies” femeninos en las pruebas de choque (eso contando cómo femeninos modelos masculinos a escala, sin busto o pelvis diferenciado).

Como humanos, somos seres muy diversos entre género, raza y etnicidad, con características que debemos tener en cuenta cuando las herramientas de trabajo no son del tamaño o forma adecuadas para cumplir su función. Como podría ser el caso de chalecos antibalas que aprietan el busto de las mujeres o no cubren el torso de manera adecuada. Puede parecer extremo pensar que el sistema de salud tenga también un problema de género, pero es una de las áreas donde sigue estando muy presente. En un artículo para The Guardian, la cardióloga Nikki Stamp describe cómo el acercamiento distinto a los síntomas de ataque al corazón en hombres y mujeres afecta sistemáticamente a las mujeres.

Hay una tendencia en las mujeres a no reconocer los síntomas de un ataque al corazón, ya que los síntomas con los que comúnmente se asocia el padecimiento son aquellos típicos en hombres. Los síntomas femeninos se diagnostican generalmente como parte de un cuadro de ansiedad o indigestión, menospreciando la gravedad de la situación. Ha habido varias campañas de concientización, como Just a little heart attack para dar a conocer los síntomas en mujeres: náusea, presión en el pecho, dolor en el cuello y mareo. Al ser distintos a los que normalmente vemos en películas y demás, hay una tendencia a no identificarse a tiempo, con un 59% de los casos teniendo un primer diagnóstico erróneo. Pero esto pasa en parte por el diseño de los estudios y pruebas creados alrededor de las enfermedades al corazón. Al considerarse un padecimiento mayormente masculino, la mayor parte de los textos se centra en los síntomas masculinos, considerando los femeninos como la excepción.

Asumiendo el riesgo a parecer teórica de los iluminati, creo que el tema de perspectiva de género en el diseño es mucho más importante y trascendente de lo que nos damos cuenta. Adoptar una perspectiva de género e integrar diferentes morfologías en las proyecciones no solo nos ahorra minutos de espera en el baño, o evita que se nos caiga el celular, es un tema de justicia y equidad.

Con esto no me refiero a crear productos que fomenten el “impuesto rosa”, el costo extra, de aproximadamente el 13% en la categoría de higiene, que se le pone a los productos femeninos. Se trata de diseñar con perspectiva de género, tomando en cuenta necesidades y morfologías distintas, más allá de trucos mercadológicos (como el caso de “Bic for Her”, una pluma idéntica al bolígrafo tradicional pero de colores “femeninos”).

Y es que si el estándar de diseño sigue siendo un hombre de mediana edad, esto me lleva a  pensar, ¿qué tanto del mundo sigue siendo construido en función de las necesidades masculinas, sin tener en cuenta una perspectiva de género? Los diseñadores pueden creer que están creando productos para todo el mundo, cuando en realidad los están haciendo para hombres, tal vez es momento de integrar a las mujeres.

En fin, solo queda pensar en que debemos adoptar una perspectiva de género en diferentes aspectos para que un baño sin fila no sea un escenario solo posible en sueños.

Detonador de conversación – ¿Poder vivir sin dormir o poder vivir sin comer? 


Sobre la autora:
Fernanda Zamora es comunicóloga, maestra en política pública. Ha trabajado haciendo investigación en temas de políticas de innovación, política social y justicia restaurativa, entre otros. Como consultora de comunicación ha participado en el diseño e implementación de estrategias de comunicación para ONGs, sector público e iniciativa privada. Apasionada por los temas de equidad de género, innovación social y desarrollo. Lectora voraz, bailarina frustrada y adicta a los podcasts.
Está a favor de: Feminismo, empoderamiento e innovación. En contra de: Injusticia, intolerancia.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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