Regresemos el centro de atención a la energía sostenible


Mónica Rodríguez

@mony_diaz

 

El mundo estaba encauzado para lograr, en 2030, las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), entre los que se encuentra el ODS 7 “energía asequible y no contaminante”. Repentinamente, la pandemia provocada por la COVID-19 lo pasó todo a un segundo plano, al menos en la opinión pública. Los impactos más visibles de la pandemia enfocaron toda la atención en el papel de las instituciones de salud y organizaciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el control de la pandemia en las distintas latitudes del mundo y el conteo de muertes.

No obstante, las implicaciones a futuro abarcan una amplia gama de temas. El cambio de paradigma que estamos viviendo tendrá implicaciones para la sostenibilidad a futuro. Ante una realidad marcada por constantes cambios, incertidumbre y desconfianza en las instituciones, se ha evidenciado la necesidad de avanzar hacia un sistema más resiliente y sostenible que permita enfrentar el impacto del coronavirus en el desarrollo sostenible, así como replantear la forma en la que entendemos y gestionamos la sostenibilidad.

En este sentido, es fundamental plantear un cuestionamiento profundo sobre el uso de la energía, cuya generación es el principal factor que contribuye al cambio climático, pues representa alrededor del 60% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial. Sin embargo, la importancia de la energía sostenible y asequible no radica únicamente en la importancia de buscar fuentes de energía más limpias para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

La electricidad es necesaria para todas las actividades de la vida diaria y , particularmente en el contexto actual, es primordial en aspectos desde proveer el suministro eléctrico a establecimientos de salud y servicios de bombeo de agua,  hasta mantener los servicios de tecnologías de la información y comunicación para mantener la conectividad de las personas, lo que facilita el distanciamiento social. En este escenario de crisis, la falta de acceso a la energía puede obstaculizar los esfuerzos por contener la pandemia, pues los servicios de energía eléctrica son clave para prevenir enfermedades.

Por otro lado, como resultado de las cuarentenas impuestas globalmente, se generó la noción de que la pandemia de la COVID-19 estaba dando buenos resultados para el medio ambiente, y se habló de una mejora en la calidad del aire y de un reclamo de la naturaleza por espacios perdidos por la actividad humana. Sin embargo, un futuro más contaminante podría estarse gestando mientras esperamos el fin de la pandemia. 

El impacto de la pandemia de la COVID-19 ha aumentado la urgencia de ampliar las soluciones de energía sostenible a nivel mundial. Los países no solo deben continuar los esfuerzos para lograr los ODS, sino que deben proteger los logros ya alcanzados y acelerar los esfuerzos para lograr una energía asequible, segura y sostenible para todos. Las crisis económica y sanitaria, que continúan, plantean el problema de desviar el foco de atención de los líderes mundiales sobre el cambio climático, fenómeno que finalmente había logrado colocarse en la esfera política internacional como una prioridad.

Hay que preguntarse y analizar si los gobiernos buscarán la recuperación económica con el apoyo de industrias viejas y contaminantes, o se dará prioridad a una agenda verde integral, a fin de generar empleos y resiliencia a través del impulso de las energías limpias y la eficiencia energética. Cabe puntualizar también, que dirigir las políticas públicas hacia un futuro bajo en carbono, al mismo tiempo que se abordan las desigualdades económicas y sociales que la pandemia ha expuesto profundamente, implica mucho más que unos meses de emisiones reducidas, resultado de una excepción en el status quo.

Una nota adicional…La transición energética parecía estar tomando forma en México. Las energías renovables alcanzaron los precios más bajos de América Latina y el país se perfilaba para disminuir el uso de combustibles. Ahora, el aumento en el uso del carbón, la quema de combustibles fósiles y la construcción de refinerías reflejan un camino que nos aleja de la meta de energía sostenible y asequible.

 


Sobre la autora:

Mónica Rodríguez Díaz es internacionalista especializada en regulación energética. Fue asesora del Órgano de Gobierno de la Comisión Reguladora de Energía, con enfoque principalmente en temas de electricidad.  Está enfocada en crear sinergias entre el sector público y el privado, en temas de energía y medio ambiente. Sus temas de estudio incluyen también paradiplomacia y gobiernos locales. Vive con las ideas de Simone de Beauvoir siempre presentes. Amante de la naturaleza. Está a favor de: energías limpias, igualdad de género y desarrollo sostenible. En contra de: el fanatismo, la corrupción y todo tipo de violencia.

Mercedes Migoya60 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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