Emprender para salvarnos del abismo


Ricardo M. Salas

@segunricardo

“Por cada problema complejo, hay una solución clara, simple y equivocada”

—H. L. Mencken, periodista norteamericano.

Cuánta razón tiene esta cita atribuida al sabio de Baltimore, a quien (esto lo aprendí mientras escribía este texto) se le considera uno de los periodistas más influyentes de la primera mitad del siglo XX. En fin, la cosa es que por más que nos guste creerlo: no hay problema complejo que tenga una respuesta sencilla, por lo menos cuando se trata de diagnosticar las múltiples fallas que presenta México como proyecto de nación.

Ya desde 1950, el poeta e intelectual mexicano Octavio Paz se preguntaba en El laberinto de la soledad qué era lo que hacía tan única a la identidad mexica, y qué era lo había en la consciencia colectiva del país que lo diferenciaba de tantos otros (para bien y para mal) en la región. Si bien Paz escribió su famoso ensayo desde la óptica de la psicología y la antropología, hoy parece que muchos economistas a nivel internacional también se están rascando la cabeza y preguntándose por qué México, un país con grandes recursos naturales, una población joven, un régimen (pseudo)democrático y con un sistema de libre mercado no ha prosperado a la par de otras economías como la de China, Corea del Sur, Chile o Singapur, y por qué nuestro país muestra tales niveles de desigualdad y debilidad institucional después de tres décadas de grandes oportunidades para ser una verdadera potencia económica.

Éstos fueron algunos de los puntos que pudimos discutir la semana pasada durante un pequeño simposio sobre los retos para el emprendimiento y la productividad en México, organizado por la Hertie School of Governance. Durante el evento, tuvimos la oportunidad de conocer el trabajo de Leonardo Iacovone y parte de sus investigaciones sobre el caso de México, y sobre el potencial que representa el emprendimiento para la innovación y el crecimiento del país.

Iaconove —quien además ha vivido en múltiples ocasiones en México y tiene un hijo con esta nacionalidad—, es uno de los expertos más reconocidos en emprendimiento, comercio internacional y productividad laboral. Este economista italiano nos recordaba que, a pesar de que México es una de las 20 economías más importantes a nivel mundial, el país ha crecido apenas un 2.67% en promedio desde 1990, según datos del Banco Mundial (mismos que yo calculé en una tablita de excel), mientras que Chile lo había logrado en 4.68%, China en un asombroso 9.54%, y Corea del Sur en un 5.20%. ¿Qué fue lo que hicimos mal y por qué estamos tan resentidos contra el famoso neoliberalismo de las décadas anteriores?

No soy economista, pero lo que me pareció muy claro a partir de la plática con el Dr. Iaconove y con el grupo de egresados internacionales que nos acompañó, es que México no ha sido capaz de destapar su potencial productivo por un cóctel de factores que le han pesado como si fuera un barco con el ancla suelta en plena regata.

¿Dónde están los Einstein mexicanos? ¿Dónde están los Jeff Bezos, las Malala Yousafzai y los Steve Jobs nacionales? ¿Los Usain Bolt y los Lionel Messis? ¿Cuántos genios, empresarios o científicos están perdidos en regiones cuyos niveles de desarrollo no les permiten alcanzar su nivel óptimo de productividad y realización personal? Nótese que aquí la clave es la productividad, el resultado medible de cuando una persona aporta su talento, tiempo y esfuerzos para crear un producto o servicio que le dé un valor agregado a la sociedad.

Challenges for Entrepreneurship and Innovation: Leonardo Iacovone exponiendo por qué México ha tenido un crecimiento tan pobre en las últimas décadas, y cómo usar al emprendimiento como motor de crecimiento. Imagen: Pedro Wunder.

La evidencia muestra que para sacar a la gente de la pobreza, hace falta ser más productivos, ya sea a través de mejorar la tecnología disponible, aumentar el número de gente trabajando (en México cinco de cada diez lo hacen en el sector informal), o simplemente con un mejor capital humano a través de una mejor educación y capacitación para los trabajadores. Si consideramos que un zapatero en Chiapas —en términos estadísticos— genera tan solo una quinta parte que lo que el mismo zapatero generaría en la Ciudad de México, no es nada sorprendente que algunos de los estados más pobres y rezagados del país sean Chiapas, Oaxaca y Guerrero, los mismos con menor capacidad productiva en todo el país. ¿Cómo sería la calidad de vida para la gente en Chiapas o Oaxaca si estos estados hubieran crecido al mismo ritmo que Querétaro o Aguascalientes? Seguramente  mucho más próspera.

Como mencionaba al principio, no hay problema complejo con una solución simple. Si bien hay una creencia generalizada de que las PyMes (pequeñas y medianas empresas) son las que generan el mayor número de empleos, Iaconove afirma que esto no es del todo cierto. La respuesta para el crecimiento y la generación de más empleos, según el investigador, no es tener muchas empresas pequeñas, sino tener empresas pequeñas que pueden volverse grandes en poco tiempo, como las famosas startups que proliferan en Silicon Valley y en otros hubs para el emprendimiento en el mundo.

Según la evidencia disponible, nos hace falta promover una cultura que sea más tolerante al fracaso, y diseñar esquemas legales para que cualquier persona pueda abrir y cerrar una empresa de la forma más rápida posible; esto para que si un proyecto de negocio fracasa, dicha persona pueda cerrarlo y estar fundando otro al día siguiente. El famoso mantra de “equivócate rápido, equivócate barato y equivócate mucho”, que tanto caracteriza a regiones de alto potencial para la innovación (como Silicon Valley, precisamente) parece ser cierto después de todo. Bajo un esquema más dinámico para el emprendimiento, podría ser que los primeros dos intentos de negocio de algún emprendedor fracasen, pero siempre hay la posibilidad de que el tercero sea todo un éxito y que esta empresa crezca de forma exponencial, sobre todo en el caso de las startups, las cuales, casi por naturaleza, tienen un componente digital y tecnológico. Ésta parece ser la mejor forma de impulsar ese vínculo de prosperidad que se genera con innovación, empleo y productividad, siempre y cuando haya esquemas de financiamiento, asesoría, e incentivos legales que permitan a la gente aventarse a poner un negocio, y qué mejor que sea un negocio que se pueda expandir rápidamente.

Emprendimientos con impacto: Empresas como Papel, Laboratorio de Ideas están ganando premios a la innovación con productos como el unicel biodegradable y otros materiales que prometen ser más amigables con el medio ambiente. Imagen: Expansión

Por último, hay algunas consideraciones a tener en cuenta: según entiendo, lo anterior no quiere decir que el gobierno le dé subsidios o beneficios a las zapaterías online sobre el pequeño comercio de zapatos en una esquina, solo propone diseñar un sistema que permita a la gente emprender de una forma fácil, rápida y formal. Por otra parte, la creación de empresas de rápido crecimiento —sobre todo aquellas que se dedican a los servicios por internet— también plantea retos como darle seguridad social y protección básico a los nuevos trabajos de la llamada “Gig Economy” (piense en los conductores de Uber  y Uber Eats, o en los motociclistas de Rappi,), quienes en muchos casos obtienen su ingreso principal a través de trabajos que, en principio, no estaban diseñados para ser de tiempo completo.

Aumentar la productividad de un país o región también supone el reto de que los beneficios generados lleguen a todos de una forma incluyente, sustentable y justa, para corregir las grandes desigualdades a las que apenas estamos abriendo los ojos, a casi tres décadas haber apostado todo al libre mercado. La solución no es revertir esta tendencia ni regresar a las economías cerradas del pasado, pero sí lo es reducir las externalidades negativas de nuestras actividades productivas (como poner impuestos a las emisiones contaminantes, por ejemplo), apostar por la mejor educación posible (cosa que no veo que ocurra al momento), hacer aún más fácil emprender a todos los niveles, y sobre todo, fomentar el estado de derecho (¡Como si esto fuera tan fácil! Pero es necesario).

Éstos son, en corto, algunos primeros pasos. China, Chile, Singapur y Corea del sur han entendido algunas de estas sugerencias, apostando casi todo a mejorar su capital humano y preparando a su fuerza laboral para el futuro. Un ejemplo de esto son los $325 dólares de crédito que Singapur le otorga a todos los ciudadanos mayores de 25 años para seguir mejorando sus habilidades y posibilidades de conseguir empleo a través de una serie de sitios educativos autorizados (The Economist, 2017). No conozco un programa similar en México, por lo menos hasta ahora. Pero para mí, la pregunta es si tenemos la voluntad social, política y personal para seguir el ejemplo.

 

Fuentes:

Banco Mundial. (2019). Crecimiento del PIB (% anual) | Tomado el 27/05/2019, de https://datos.bancomundial.org/indicador/NY.GDP.MKTP.KD.ZG?end=2017&locations=MX-KR&start=1961&view=chart

The Economist. (2017). Learning and earning SPECIAL REPORT. | Tomado el 28/05/2019, de https://www.economist.com/sites/default/files/learning_and_earning.pdf


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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