Te vale madres


Eduardo Navarrete

@elnavarrete

Para leerse con “Heartbeats”, de José González
No es tragedia si no toca tu círculo más próximo.
No lo es si tu casa está fortificada y alambrada. Tampoco es tragedia si te asusta lo narrado en el noticiario y con apagarle o cambiarle al programa de concursos limpias tu mente de tal horror.
No es tragedia si no te pasa a ti, si no te envuelve la experiencia del despojo, de la injusticia y de la impunidad.
No hay manuales para saber por qué olvidamos, pero peor aún, por qué nos importa un bledo el prójimo, como para convertirnos en máquinas de displisencia hasta lo más profundo del valemadrismo.
Parece fábula de Esopo (aún sin llegar a la moraleja):
  1. En 2018 asesinaron en México a 131 niñas menores de 10 años.
  2. De acuerdo con la ONU, 10 mujeres son asesinadas al día.
  3. La violencia que se ejerce contra las mujeres en el hogar es catalogada como “muy severa” de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares.
  4. 20% de las mujeres mexicanas de 15 años y mayores enfrentan agresiones violentas.
  5. 33% de las mujeres detenidas son violadas, de acuerdo con Amnistía Internacional.
Hay gente que quiere discutir si debemos llamarle “feminicidio” o no; hay quienes suponen que con decir “las y los” o “les” basta; hay quienes cuestionan el enojo y una marcha luego de estos cinco datos abrumadores y siguen su día (mientras no les pase a ellos). Hay quienes dicen que como son mucho más los hombres asesinados, detenerse en esta reflexión es fútil. Hay quienes insisten en blindar su puerta y, mientras no les pase nada, aseguran que nada pasará.
Podrá engañarse quien quiera. Más de mil mujeres fueron asesinadas el año pasado, y si eso no mueve la conciencia y el cuerpo deliberado de una sociedad entera, podremos sentarnos a esperar que la ola de violencia, en cualquiera de las formas crecientes, consuma lo que se imaginaba impensable.
(¿O te parece pensable que maten a mil mujeres al año?)
¿Te has preguntado qué cuerpo es este?
Homo sapiens sapiens. Así se llama la especie a la que pertenecemos y apunta a un ser humano que se da cuenta de que se está dando cuenta. Así nos autoetiquetamos, pues.
Pero darte cuenta de que te estás dando cuenta es mucho más que una frase cíclica. La idea supone claridad de atención y discriminación en el proceso de la experiencia cotidiana.
La realidad es de ellos. De quienes se dan cuenta de esta forma. De los que se declaran abiertos a entender que el mundo no es como lo ven, sino como son. Atreverse a ser introspectivos. A cuestionar lo que parece “normal”. A reconocer que la tragedia es la indolencia. Y que es imperativo hacer algo al respecto.
Nacemos, crecemos y nos morimos. Todos. Negar el principio de la biología en el que la convivencia y la empatía son una meta compartida como principio de bienestar, solo puede ser entendido a partir del pretender pasarse de listo, del “hambreado” que cree que merece un trato diferente a los demás, del ignorante de las formas y los fondos, del valemadrista, pues.
La inteligencia boca abajo
¿Cómo  transmitirías a otro la necesidad de hacer un cambio drástico e inmediato? ¿En qué instante se nos olvidó y nos valió lo que le pase al otro?
No abordaré las respuestas de quienes tienen el encargo de la administración pública, que no es otra cosa, que el encargo del pueblo, a un puñado de personas para asegurar el orden y el crecimiento social.
Somos un vehículo, y me gusta verlo de esta forma, porque dentro del cuerpo, tal vez a la mitad del entrecejo, en el pecho o a la altura del ombligo, esté el piloto. Eso a lo que algunos llaman conciencia, otros mente o espíritu.
No es debate de este texto, pero es es mucho más absurdo pensar que somos una pieza en bruto que tan solo viene a acumular cuanto pueda (dinero, reputación, cariño, propiedades) y de pronto se extingue, así sin más.
Bajo esta forma de interpretar el mundo, es muy factible que la historia puesta en ese corto plazo sea vista como una plataforma en la que el que no transa no avanza, y en la que uno tiene derecho a lo que sea, mientras mi meta de acumulación dicte el rumbo.
Pero hay otra forma de interpretar esto. Una en la que dicho piloto (no automático) se da cuenta de que se está dando cuenta de su conducción perosnal y con esa claridad, dirige el proceso de socialización. A partir de la empatía y la responsabilidad.
¿Cómo le hacemos, pues, para que nos importe el otro?
Reconocer a partir de este piloto, que hay otros vehículos con sus respectivos pilotos, que experimentan dudas, problemas y logros, así como tú, reblandece el terreno para entender el prinicipio de otredad, mejor visto como alteridad.
De verdad, ojalá nos valiera madres, si es que la madre sigue siendo una mitad de tu origen y por lo mismo, de lo más valioso que alguien pueda atesorar. De otra manera, queda claro que ni tantita madre hay.
¿Cuánto madres te vale?


Sobre el autor:

Eduardo Navarrete es un periodista, fotógrafo y administrador público que se apasiona por los contenidos. Condujo equipos en Grupo Reforma, Grupo Medios, Televisa y Cultura Colectiva. Participa en una iniciativa de acompañamiento a empresas para formar equipos de alto desempeño desde la atención plena y recién fundó una empresa de generación y curaduría de contenidos transmedia.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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