Terrorismo doméstico: ¿Qué implica combatirlo?


Por: Mauricio Rojsen

El miércoles 6 de enero de 2021, el Capitolio de Estados Unidos fue invadido por primera vez desde 1814. Lo sucedido hace más de 207 años se dio en el marco de La Guerra de 1812, donde una Unión Americana naciente combatió contra el Reino Unido, una superpotencia mundial. Lo acontecido en la primera semana del año en curso fue muy diferente: una mezcla de neonazis (evidenciado por distintos manifestantes que portaban camisetas con frases como “Camp Auschwitz”, en alusión al campo de concentración y exterminio donde fueron asesinados millones de judíos durante el Holocausto), supremacistas blancos y simpatizantes de Donald Trump lograron ingresar al asiento del gobierno de Estados Unidos con la intención de frenar la votación que más tarde certificaría a Joe Biden como nuevo presidente del país. 

En respuesta a este día tan gris en la historia de los Estados Unidos, varios miembros del Partido Demócrata, incluyendo al Presidente Electo Biden, calificaron a este grupo como insurreccionistas, sediciosos y, sobre todo, terroristas domésticos. El nuevo presidente, según el Wall Street Journal, estaría dispuesto a apoyar proyectos legislativos para enfrentar a estos grupos. Aquí es donde radica el problema. Si bien creo que todo el mundo puede estar de acuerdo en la gravedad de los sucesos, creo que debemos hacer uso de nuestra memoria histórica para recordar la lucha contraterrorista de George Bush. 

Después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, la Unión Americana inició algo a lo que muchos han llamado la “Guerra Contra el Terrorismo”. De este suceso han resultado hechos condenables como invasiones militares en Irak y Afganistán, pero quizá ninguno afecte la vida del estadounidense promedio más que el famoso “Patriot Act”. Esta ley, entre otras cosas, permite a las agencias de inteligencia el monitoreo de teléfonos celulares nacionales e internacionales. La controversial legislación ha sido nombrada como la propulsora del “Estado Vigilante”, donde el gobierno de Estados Unidos, sobretodo sus agencias de inteligencia como la CIA o la NSA, atenta contra la privacidad de los ciudadanos en nombre de la protección. 

El conocimiento sobre estos hechos se lo debemos a Edward Snowden, quien renunció a su ciudadanía y al país que lo vió nacer. Este norteamericano fue acusado de espionaje en 2013 por revelar al mundo lo que distintas empresas de telecomunicaciones, asociadas con el gobierno, estaban haciendo con los datos de los ciudadanos. El nacido en Carolina del Norte reveló, entre otras cosas, que la NSA podía revisar secretamente los récords telefónicos de los estadounidenses, el programa PRISM (el cual permite al gobierno solicitar información de los usuarios de compañías como Facebook y Apple), la presencia de las agencias de inteligencia a otros países del mundo y el motor de búsqueda XKeyscore, que permite a la NSA buscar la actividad que realizan millones de usuarios en el internet. 

Esto cobra una mayor relevancia en la era de las redes sociales. Simplemente no podemos permitir un mayor acceso a información que ya está lo suficientemente comprometida. El nuevo proyecto de ley sin duda traería beneficios presupuestales para los distintos órganos de seguridad del país, los cuales podrían conseguir acceso a una cantidad de información sin precedentes que los ciudadanos entregan, sin saberlo, diariamente a diferentes empresas como Google, Facebook y Twitter.

Otro grupo que se vería afectado por la nueva lucha contra el “terrorismo doméstico” es el de las minorías. Dejando a un lado el racismo sistémico que existe en la “tierra de los libres”, nada nos garantiza que organizaciones como Black Lives Matter no sean catalogadas como terroristas. Recordemos la brutalidad policial a la que se enfrentan las personas negras en Estados Unidos. Ahora sumemos a eso la excesiva fuerza que ha ocupado el gobierno norteamericano en contra de presuntos terroristas: violaciones contra derechos humanos, bombardeo de ciudades en el Medio Oriente, la tortura en los diferentes centros de detención. Una suma de estos dos factores no puede ser permitida. La “Guerra Contra el Terrorismo” se lucha contra un enemigo invisible; ha cobrado miles de vidas desde su inicio. Sería erróneo pedir que no se hiciera nada en contra de los culpables de lo sucedido en el Capitolio, pero un extenso proyecto legislativo que pueda abarcar a más grupos debe ser rechazado. ¿Qué pasa si se expande al territorio norteamericano? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que un activista se encuentre en una lista de “no volar”, como sucedía a principios de siglo? ¿Cuándo veremos a un líder de BLM en una cárcel como Guantánamo? ¿Cuánta libertad estamos dispuestos a sacrificar en nombre de la seguridad?

 


Mauricio Rojsen es estudiante de la licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública en la Universidad Iberoamericana. Entre sus temas de interés se encuentran la política estadounidense y las elecciones alrededor del mundo. Durante el ciclo electoral estadounidense de 2020 condujo el podcast “Lobos entre burros y elefantes” y ha escrito varios artículos sobre lo que sucede en Washington D.C.

 




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