Todo lo que tienes que hacer cuando eres niño


Eduardo Navarrete

@elnavarrete

Para leer con “Cyclic”, de Buffalo Daughter

 

Tienes que patear una piedra o una corcholata hasta hacer una diferencia geográfica en la vida de ese ser inanimado. Tienes que tender la cama en contra de la voluntad de todas las células que quieren dejar destendido tu cuerpo. Tienes que tomar la mano de un adulto al cruzar la calle (como si el adulto supiera a dónde va). Tienes que caminar por la calle sin pisar las líneas del adoquín. Tienes que hacer trampa en el Rubik y arrancar las estampas de colores (el mejor atajo que la creatividad pudo abrazar).  Tienes que generar el odio más férreo al momento del domingo en el que el día empieza a oscurecer. Tienes que estirar la cara cuando te cambian de lugar por hablar en clase (y luego se preguntan por qué no cuentas con habilidades comunicativas). Tienes que voltear a ver las nubes y atestiguar la lucha entre dragones y quimeras. Tienes que hacerte el dormido cuando se acercan tus papás para constatar que te has dormido y entonces poder discutir a gusto. Tienes que portar el uniforme cuando lo menos que sientes, es uniformidad en esa escuela. Tienes que aprenderte de memoria las tablas en lugar de comprender la naturaleza de la realidad. Tienes que beber la leche directamente del cartón. Tienes que usar Wikipedia como sistema central de inteligencia para todas tus tareas. Tienes que pegarte y calcinarte los dedos con Kola Loka, intentando pegar el Lladró de tu abuelita, que se interpuso entre la portería y tu tino. Tienes que dejar de buscar algo para que aparezca. Tienes que meterte en lo que no te importa. Tienes que enlodarte hasta los calzones justo cuando portas ropa recién lavada. Tienes que coleccionar porquerías. Tienes que ser cruel con los otros niños, justo como esos niños se portaron contigo. Tienes que decirle adiós a los coches que pasan junto nomás por competir con tu hermanito. Tienes que jugar a fracturar todos tus muñecos para entender la ley de la causa y el castigo. Tienes que idear el plan maestro para cachar a Santa Clos. Tienes que hacer de cuenta que no viste nada cuando descubriste a Santa Clos. Tienes que jugar videojuegos hasta que la X del botón quede tatuada en el dedo. Tienes que sonarte al payaso del salón. Tienes que robarte un Playmóbil de la casa de un amigo y luego generar remordimiento por años. Tienes que fingir que tienes cáncer de colon para no evitar el examen de matemáticas. Tienes que falsificar una boleta de calificaciones. Tienes que irle al América a los Pumas, para luego saber descubrir que existe algo más a lo que todos le van. Tienes que lucirte en la fiesta de los primitos y recibir esa mirada de tu mamá que congela y que es peor que quince cinturonazos. Tienes que aprender karate, múcica, código y a no meterte los dedos a la nariz (como hasta ahora). Tienes que decir “es la ultimita” después de que bajas de uno de los juegos mecánicos. Tienes que sentirte Linterna Verde cuando sales de la película y hacer tuyos los anillos de poder (15 pesos, dos por 20). Tienes que comer el cereal con las manos, directo del empaque, para descubrir la sorpresa que trae dentro (la sorpresa es que no trae nada). Tienes que vomitar en casa de alguno de tus amiguitos. Tienes que cometer alguna estupidez parque la novia que iba a serlo, no lo sea. Tienes que olvidar que mañana hay examen e inventar cualquier historia que te dignifique. Tienes que querer tanto a tu perro que quieres morir el día que se te pierde. Tienes que comer lo que te dicen que comas, mientras te vean. Tienes que ponerte ese suéter, desde luego. Tienes que tomar clases de lo que sea que te canse y ventile a tus padres. Tienes que quemarte con una bengala y descubrir que en la inocencia de las travesuras hay un aprendizaje que ninguna academia ofrece. Tienes que rendir culto a unos tenis, o a todos. Tienes que elogiar a los Ramones aunque ni te gusten, solo porque los grandes lo hacen. Tienes que rezar o al menos hacer que rezas para dejar en paz aquien te lo exige. Tienes que crecer lo más rápido posible, solo para manejar, beber, fumar y casarte. Tienes que aspirar a ser Steve Jobs, o ya de perdida, Luisito Comunica. Tienes que arrepentirte de eso, antes que esta oración. Tienes que odiar el hígado y la coliflor. Tienes que correr, correr muchísimo, hasta que se te olvide que vienes aquí a desaprender lo que aprendiste que tienes que hacer.

 


Sobre el autor:

Eduardo Navarrete es un periodista, fotógrafo y administrador público que se apasiona por los contenidos. Condujo equipos en Grupo Reforma, Grupo Medios, Televisa y Cultura Colectiva. Participa en una iniciativa de acompañamiento a empresas para formar equipos de alto desempeño desde la atención plena y recién fundó una empresa de generación y curaduría de contenidos transmedia.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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