Un viejo mesías


Maite Belausteguigoitia

Maite Belausteguigoitia

@maitebelausteguigoitia

 

La 4T y el cristianismo comparten más que la llegada de un mesías, una de ellas es la instrumentalización de los pobres para preservar el poder. Las políticas clientelares de AMLO y la caridad son formas para disfrazar con “buenas acciones” la perpetuación de relaciones asimétricas. En la caridad el pobre es el depositario de la buena voluntad, un objeto en el cual uno se engrandece practicando virtudes cristianas desde su posición de privilegio. En ese acto no existe ninguna intención de romper con esa relación vertical que lleva a uno a someterse necesariamente a la buena voluntad del otro. “Dar de comer al hambriento” dice la Biblia. Pero, ¿hasta cuándo?

A veces quien reparte el pan se sirve del hambre. Su erradicación amenaza la dependencia de quienes piden y el poder de los que dan. La satisfacción de necesidades básicas es una cuestión de justicia, pero esto no basta para garantizar los derechos. El punto está en reconocer si en esa relación prevalecen los intereses de quien recibe, y sobretodo si permite trascender la posición de desamparo que fundó el lazo. La caridad no se interesa por la movilidad social, promueve la pasividad, simplifica sus necesidades y no contempla el desarrollo integral del sujeto. En ese sentido, algunos programas de la 4T se relacionan con los pobres de la misma manera que el cristianismo a través de la caridad.

Dar dinero sin importar si es para el hambriento, el sediento, el desnudo, las mujeres víctimas de violencia, los “ninis”, las personas con discapacidad, los adultos mayores,  los niños y niñas de las estancias infantiles o el Espíritu Santo. Medidas que por sí mismas no resuelven la complejidad de las problemáticas, ni pretenden incentivar la autonomía, muchas fueron regresivas para los derechos y potencializaron la vulnerabilidad de las poblaciones.

 “No se alarmen si digo cristianismo” dijo AMLO en su discurso en una comunidad indígena, después del gran fracaso por la liberación de Ovidio Guzmán. Con esa simple frase reconoció a la gravedad de hablar de religión desde el Estado. Continúo diciendo  “a Jesucristo lo perseguían por defender a los pobres” mientras sostiene el valor del cristianismo dentro de su gobierno con palabras que contradicen su admiración por Benito Juárez.

Desde hace tiempo AMLO se identifica como un profeta perseguido por su labor de “defender al pueblo”, pero invocar a una figura religiosa para hacer esa analogía tiene muchas implicaciones. Más allá de violar la laicidad como un derecho constitucional, el presidente atenta en múltiples formas contra la democracia cuando compara su gobierno con esta religión. La primera es desarrollar políticas desde un lugar de “bondad” y no de justicia, esa es la lógica de la caridad. La bondad es discrecional, la justicia está vinculada a los derechos y obligaciones específicas del Estado para garantizarlos.

El cristianismo y la bondad no marcan directrices hacia el progreso, ese es el problema de adoptar este paradigma. El garantizar el principio de progresividad de los derechos humanos es fundamental para el desarrollo de un país. Esta se define no solo  por “la prohibición de regresividad del disfrute de los derechos, sino también la obligación positiva de promoverlos de manera progresiva y gradual.” Para ello es necesario que las políticas definan metas a corto, mediano y largo plazo, solo así puede lograrse la movilidad social y romper con la transmisión intergeneracional de la pobreza.

Algunas de las críticas a los programas insignia de este gobierno tales como Jóvenes Construyendo Futuro, Sembrando Vida, pensión para personas con discapacidad, Producción para el Bienestar y becas para estudiantes de Educación Media Superior no contarán con reglas de operación, así ocurrió en el 2019. Esto implica que “no habrá elementos suficientes para poder evaluar a su población objetivo, el mecanismo de selección de los beneficiarios, los parámetros para su operación, sus metas, resultados y forma de gastar los recursos.” Según Carlos Brown, el coordinador de Justicia Fiscal de Fundar, lo preocupante es que toda la arquitectura de la política social de México se encuentra sin reglas de operación. Además está sostenida en los censos del bienestar y una estructura paralela, sin contrapesos que permitan una valoración integral.

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) realizó un diagnóstico a 10 programas sociales. Señaló que se invirtieron alrededor de 2.6 billones de pesos y estos no son efectivos para eliminar la desigualdad y discriminación contra los grupos vulnerados. Señala que cuatro de los cinco programas con mayor presupuesto se transformaron en transferencias monetarias no condicionadas, lo cual no resuelve las necesidades de las poblaciones objetivo. El programa Prospera deshechó los requisitos que aseguraban un impacto positivo en los beneficiarios, entre ellos la alimentación y la salud. Ante esta circunstancia, el IMCO sugiere la mayor transparencia en los criterios, procesos y evaluaciones de programas, para garantizar los derechos de los beneficiarios.

“El propósito es que tengan mejores condiciones de vida y de trabajo los más necesitados. Esto es humano y es también cristianismo”  dijo AMLO en su discurso. Lo humano no está en invocar lo cristiano dentro de un gobierno, sino en tomar acciones concretas y efectivas para sacar a las miles de personas que viven en condiciones de indignidad en el país. Cada quien tiene su propia manera de vivir el cristianismo, el gobierno y las altas esferas de la iglesia lo hacen de una forma similar. La inquisición a la crítica, los encubrimientos de los delitos por parte de sus miembros, la violencia a las mujeres, el adoctrinamiento, las alianzas con las élites, proclamar la austeridad desde la riqueza, vulnerar los derechos de la infancia, la corrupción y por supuesto la incongruencia. Así entre los sermones anacrónicos del domingo, las falsas promesas de la 4T, las parábolas y las mañaneras se va perdiendo en la oportunidad de sostener lo humano en acto y no en discurso.

 


Sobre la autora:

Maite Belausteguigoitia es psicóloga, maestra en derechos humanos y próximamente comenzará un doctorado en psicología en la Universidad de Buenos Aires. Tiene experiencia profesional en el Centro de Investigación del ITAM y en consultoría de empresas.
Desde el ámbito psicológico ha trabajado con poblaciones en condiciones de vulnerabilidad como niños, niñas, adolescentes, mujeres indígenas, personas con discapacidad, entre otros. Le interesan los temas de psicoanálisis, salud mental, derechos humanos, infancia y género. A favor de: el pensamiento crítico, el arte como un arma de transformación subjetiva y social, modelos de desarrollo con un enfoque derechos y construcción para la paz. En contra de: el dogmatismo, el racismo, el machismo, la violencia en todas sus formas y la hipocresía.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password