Una cada dos horas y media


Raquel López-Portillo Maltos 

@rak_lpm

 

En promedio, cada dos horas y media una mujer es asesinada por razones de género en México. Según cifras oficiales, entre enero y junio de este año, se han registrado 1,199 feminicidios y homicidios dolosos contra mujeres en el país. Durante el mismo periodo, ha habido 284 llamadas de emergencia sobre incidentes de abuso sexual en la Ciudad de México. Los feminicidios han aumentado en un 97% en los últimos 4 años. Al menos 610 mujeres han sido secuestradas entre 2018 y 2019. A nivel nacional, el 62.77% dice haber sufrido alguna vez algún tipo de violencia. Esto considerando únicamente denuncias, por lo que puede haber miles de casos más que por desconfianza y miedo no son reportados. Quise comenzar con estas cifras para dejar en claro que la rabia que inundó las calles de diversas ciudades del país el pasado 16 de agosto no es gratuita. La nula garantía de seguridad que nos brinda el Estado mexicano llegó a un límite. La ciudad se cimbró ante el descontento de miles que hablaron por las que ya no pueden hacerlo.

El malestar que se había ido acumulando desde tiempo atrás detonó con el caso de una víctima menor de edad que denunció el haber sido violada por cuatro elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México en la alcaldía Azcapotzalco, durante la madrugada, mientras caminaba de vuelta a su casa. Como si no bastara el hecho de que los acusados son quienes supuestamente deben cuidarnos, el caso fue manejado de la peor forma posible: el nombre de la víctima fue filtrado, lo que desembocó en amenazas y en que ella desistiera de continuar con el proceso de denuncia; se ha hablado de que no se siguieron los protocolos de atención y de que se perdieron las pruebas de ADN realizadas; los acusados continuaron laborando durante días “porque no existía ninguna imputación y no se pueden violar sus derechos laborales”; la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, sin tacto alguno, afirmó que no iba a fabricar culpables basándose en una sola versión y que las manifestaciones eran una provocación; por último, se publicaron videos de vigilancia con el fin de poner en duda el testimonio de la víctima. Este evento fue la gota que derramó el vaso y desembocó en una marcha feminista multitudinaria bajo la consigna #NoMeCuidanMeViolan en diversos puntos del país. Pese a que en su mayoría fue una marcha pacífica, se registraron ciertos eventos de violencia y algunos daños a inmuebles y monumentos históricos que dieron mucho de qué hablar. Este tema me llevó a una profunda reflexión, en especial, respecto a tres aspectos.

El primero tiene que ver con la materialización de las cifras en la realidad. Los números pueden sonar alarmantes, pero no son nada en comparación con el vía crucis que representa mantenerse viva en este país. En los números no se palpa la paranoia constante en cada paso que damos sin importar la hora del día. En las cifras no se ve el tener que seleccionar cuidadosamente tu vestuario acorde a tu lugar de destino y transporte, sin garantía alguna de que pases un mal rato. Los porcentajes no hablan del pavor de atravesar una calle oscura, un estacionamiento solitario o de no recibir el mensaje de tu amiga de que llegó bien a casa. Las gráficas no ilustran los rostros y las vidas truncadas de todas las que ya no están. Quien habla sin pensar en todo esto, sea hombre o mujer, lo hace desde un privilegio que debería cuestionar, acompañado de una buena dosis de empatía y solidaridad.

En segundo lugar, la movilización me hizo cuestionar mucho las formas. “No son las formas”, se dijo. #AsíNo y #EllasNoMeRepresentan fueron trending topic en Twitter. Sin embargo, me gustaría aclarar una cosa. Se han intentado todas y cada una de las formas posibles. Se ha buscado el diálogo. Se han escrito protocolos y se han activado alertas de violencia de género. Nos hemos organizado en las aulas y en las calles; en la academia y en los foros; nacional e internacionalmente. Hemos intentado hacernos escuchar con tinta, con arte, con palabras, con gritos, con diamantina y, triste, dolorosa y frustrantemente ha pasado poco o nada. Veámoslo en un ejemplo tan claro como el que detonó esta protesta. La víctima siguió las reglas. Confió en las autoridades y la violaron. Fue a denunciar y la exhibieron. Siguió todas las reglas y la defraudaron. ¿Hay otras formas? Por favor, háganoslas saber. Es muy fácil hablar y un poco más complejo construir desde el diálogo que tanto se exige.

Esto me lleva al último punto, las prioridades. Luego de la manifestación, toda la atención se centró en tres aspectos: los daños materiales, el reportero golpeado y el radicalismo de las manifestantes. Las calles llenas de furia e impotencia por eventos deplorables fueron minimizadas por la palabra vandalismo. Los reflectores fueron acaparados por un evento que, aunque desafortunado, ni siquiera debió de haber ocurrido si se hubiera respetado la solicitud de un espacio puramente femenino. La lucha fue desestimada por muchos ante los eventos aislados de violencia. Desconozco quiénes quemaron la estación del Metrobús o quiénes grafitearon el Ángel de la Independencia. Si fueron grupos pagados, como tantas veces ha pasado cuando se intenta deslegitimar movimientos sociales, si fueron mujeres molestas o si fueron ambos. Creo que, en este punto, tiene poca relevancia juzgar la moralidad del acto. Lo que sé es que este evento, para bien o para mal, fue lo único que hizo que la violencia contra las mujeres se pusiera en boca de todos. El sábado no hubo sobremesa, red social o conversación en donde no se tocara el tema. Desafortunadamente, en muchas ocasiones se quitó el foco de donde debió de estar. Me parece ilógico e insensible que exista una mayor indignación y atención en el estado de un conjunto de piedras, pintura y cristales que en vidas humanas. No concibo una sociedad que se molesta más con las manifestantes que con los violadores y asesinos. Sin embargo, estoy segura de que también se generó un proceso de concientización en muchas otras personas.

Entonces, a los que preguntan ¿de qué sirvió todo esto? Sirvió para llamar la atención y orillar al gobierno a tomar medidas urgentes y concretas. Sirvió para que la jefa de Gobierno se reúna con distintas organizaciones para iniciar una serie de esfuerzos conjuntos que refuercen las políticas públicas para erradicar la violencia de género, entre otras medidas que serán publicadas próximamente en un comunicado del gobierno. Personalmente, considero que aún no debe cantarse victoria, todavía quedan grandes cambios estructurales por delante, además de realmente garantizar los derechos de las víctimas, tales como el debido proceso, acompañamiento integral con perspectiva de género, no revictimización, reparación del daño, entre otros. Y, claramente, evitar que se llegue hasta este punto, frenando esta ola de violencia imparable. Sin embargo, este evento sienta un precedente y un pequeño pero firme paso adelante en los esfuerzos feministas. Hoy más que nunca, entre tanta polémica, tanto dolor, tanta desesperación, tantos sentimientos y opiniones encontradas, se siente un clima de hermandad; si tocan a una, nos tocan a todas.

 


Sobre la autora:

Raquel López-Portillo Maltos es licenciada en Derechos Humanos y Gestión de Paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue Coordinadora General de la campaña HeForShe de ONU Mujeres en su universidad, así como articulista en la revista digital Observatorio DH. Se desarrolló como Analista de Inteligencia en la consultora internacional Pinkerton y actualmente labora como Coordinadora de Proyectos Especiales en Fundación Por México. Apasionada del flamenco, la fotografía y la literatura. A favor de: el derecho a elegir, el debate, las opiniones sustentadas y la igualdad de oportunidades. En contra de: la violencia, la ignorancia, la mediocridad y las mentes cerradas.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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