¿Verdad o truco?


Fernanda Zamora

@Fer_ZamoraR

 

Inicio, nudo y desenlace. Desde el principio de las civilizaciones los seres humanos nos hemos sentido atraídos por las historias. Como plantea el historiador Yuval Harari, son estas narrativas comunes las que nos han permitido formar comunidades, generar identidades propias, enaltecer mitologías, o simplemente sobrevivir. Somos capaces de cooperar con extraños al crear ficciones que nos convencen y nos unen, siempre y cuando creamos en la misma ficción. En palabras del escritor: la verdad nunca ha estado muy arriba en la lista de prioridades del Homo sapiens, pues al final no podríamos jugar un juego, disfrutar una serie o leer una novela si no pudiéramos suspender momentáneamente la incredulidad.

El desarrollo de narrativas comunes, sean reales o cercanas a la realidad es parte de nuestra necesidad de interpretar lo que vivimos. Es por eso que la creación de narrativas en las noticias, y especialmente en la política, no es algo nuevo. Cada momento histórico tiene su propia mitología, héroes y antihéroes, valores y enseñanzas, pero es el tiempo el que da la perspectiva y el justo peso a los acontecimientos. Por supuesto que el manejo de narrativas es algo que ha pasado desde siempre, el tema es que con la democratización del acceso a la información, las voces y visiones se han diversificado. Además de las miles de consecuencias que aún vamos descubriendo, el fenómeno de la posverdad es el que está marcando la pauta en la opinión pública.

Y aunque el concepto de posverdad/post truth lo hemos escuchado en innumerables ocasiones, descrito como el momento cuasi-post apocalíptico que estamos viviendo, lo que realmente quiere decir, según el Oxford English Dictionary es: circunstancias en las que los hechos objetivos son menos determinantes en definir la opinión pública que aquellos que apelan a la emoción y a las creencias personales.

Antes, los hechos eran reportados por los medios y no teníamos un canal para debatir o cuestionar lo presentado, se manejaban diferentes posturas o visiones ante un hecho específico, pero ahora se trata más de un recuento de los hechos desde diferentes perspectivas. Esto no quiere decir que la apertura de los canales sea directamente responsable del fenómeno de la posverdad, es simplemente que con la rapidez de la comunicación, el volumen de información al alcance y el corto periodo de atención, se ha dado una nueva forma de manipulación retórica en la política.

El tema es que en la época de posverdad, los hechos han perdido relevancia y más allá de una visión sobre un mismo acontecimiento, se trata de diferentes versiones de lo ocurrido. Porque lo más importante en estos tiempos no es tanto lo que está pasando, sino quién cuenta la historia. Y es que va más allá de a qué medios de comunicación decidamos creerle, o de la lluvia de opiniones en redes sociales que consideremos veraces, sino qué versión de los hechos decidimos tomar como legítima. Esto se convierte en una especie de efecto Rashomon, donde ya no hay una sola realidad. Rashomon es una película japonesa de Akira Kurosawa en la que se presenta un mismo crimen desde diferentes puntos de vista, dejando claro que no hay una realidad absoluta.

En algunos casos, la perspectiva y el tiempo van formando una versión con más claridad. Un ejemplo es el caso de chile, donde Piñera salió en un principio a declarar un estado de guerra (o en palabras de su esposa, una invasión alienígena) para después rectificar y asegurar que se trataba de un problema de desigualdad e inconformidad con la inequidad del país. Es que al final, pese a las especulaciones alrededor del “grupo de Puebla”, alegar que el clima de inconformidad es parte de una estrategia para desestabilizar a la región es quitarle mucha agencia a las sociedades e ignorar uno de los problemas más enraizados en las poblaciones latinoamericanas.

Pero ejemplos en los que la distinción de la realidad no es tan clara hay miles, desde la campaña de Brexit, uno de cuyos lemas fue “estamos cansados de los expertos”, las múltiples narrativas alrededor de Trump (que podría alegarse como el ícono de la posverdad), hasta lo ocurrido hace poco el Culiacán. En el tema de EUA, con el inminente proceso de impeachment contra el presidente Trump, lo que vemos es más allá de posturas políticas, se trata de narrativas que chocan en la expectativa de las futuras elecciones presidenciales. Así que mientras los demócratas se concentran en sustentar la necesidad del impeachment (que no cuestiono en absoluto, dado el nivel de surrealidad de este mandato), el equipo de la Casa Blanca se ha concentrado en deslegitimar la investigación, abriéndola al público y alegando normalidad en el proceso. Mientras menos se esconde, más natural parece y no aparenta ser nada fuera de la ley.

Lo mismo en el caso de la retirada de tropas de Siria. Es verdad que el fin de las guerras en el extranjero fue uno de los pilares con los que Trump hizo campaña en 2016, pero la noticia generó mucha oposición por parte de políticos de ambos partidos. Si bien la intervención de EUA en diferentes países y sus motivaciones son debatibles, su influencia en la región es innegable y la salida de las tropas de forma súbita tendrá consecuencias importantes para las comunidades y grupos de la zona. Pero con la muerte de Abu Bakr al-Baghdadi se ha cambiado una vez más la narrativa, en cierta forma “justificando” la retirada de las tropas al acabar con el “corazón” de la organización. Un evento que como cúspide de la posverdad, culminó con el posteo por parte del presidente de una fotografía alterada con photoshop dándole una medalla a un perro.

Y es que hay un momento en el que ves la nota y piensas haber leído mal, no pudo haber dicho eso, seguramente está fuera de contexto. Buscas de nuevo y te encuentras con lo mismo, dudas de las circunstancias porque claramente debe haber una explicación. Y es aquí donde se da la a impresión de ser víctima de una especie de “gaslighting” político, cuando las declaraciones o acciones rayan en lo absurdo y te llevan a cuestionar cuál es la realidad. Gaslighting es el término usado para describir un abuso psicológico en el que se presenta información falsa para hacer dudar a la víctima de su memoria, percepción o de su cordura. Y es que al igual que en EUA, en México, la contrariedad de posturas, la deslegitimación de todos los argumentos que no sean a favor, y los comunicados que podrían calificarse más como berrinches que como emisiones del estado, son peor que una relación tóxica. Y esto lo vemos una y otra vez, no logramos tener un panorama claro de lo que está pasando porque cada quien maneja una versión diferente. Al final aquella que pensabas que era el recuento más claro y evidente acaba pareciendo teoría de conspiración enviada por cadena de WhatsApp.

Como lectores, nos encontramos en la necesidad de hacer un análisis más a fondo de los contenidos que nos presentan, pues si bien las redes juegan un papel fundamental como gatekeepers, no podemos delegar toda la responsabilidad. Las plataformas han propuesto distintos enfoques principalmente contra fake news, desde twitter bloqueando todos los anuncios emitidos por políticos, hasta Facebook con una postura casi contraria, permitiendo su publicación sin que pasen por un chequeo de veracidad de los datos presentados para dejar que el electorado decida por sí mismo, con lo que las campañas presentan, sin ningún tipo de filtro por parte de la red social.

La posverdad es solo una característica más de la comunicación en nuestros tiempos y como tal, es algo que como audiencia debemos aprender a identificar. Y es que cuando no se puede creer en los hechos, se cree en los discursos, en las ficciones, porque cuando todo es falso, todo es posible. Al final, la verdad es lo que se percibe como verdad, la historia es de quien la cuenta y el poder está en quién controla la narrativa. 

https://joedator.com @joedator


Sobre la autora:
Fernanda Zamora es comunicóloga, maestra en política pública. Ha trabajado haciendo investigación en temas de políticas de innovación, política social y justicia restaurativa, entre otros. Como consultora de comunicación ha participado en el diseño e implementación de estrategias de comunicación para ONGs, sector público e iniciativa privada. Apasionada por los temas de equidad de género, innovación social y desarrollo. Lectora voraz, bailarina frustrada y adicta a los podcasts.
Está a favor de: Feminismo, empoderamiento e innovación. En contra de: Injusticia, intolerancia.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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