Vivas, libres y seguras, ¿es mucho pedir?


Fernanda Zamora

@Fer_ZamoraR

“Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía…”

Esta es una de las frases más icónicas de la canción que tanto hemos escuchado últimamente y que se ha convertido en un himno del movimiento feminista a nivel mundial. La canción “Un violador en tu camino” que ha inundado las redes sociales, fue compuesta por el colectivo Las Tesis en Valparaíso, Chile. Fue creada originalmente como parte de una puesta en escena para divulgar, en un formato accesible, tesis de autoras feministas. ¡Y vaya que ha cumplido el objetivo! Con más de 2 millones de reproducciones en Facebook, la canción ha sido retomada alrededor del mundo, tanto en español como traducida a diferentes idiomas. La letra contundente que contrasta con la melodía pegajosa se escucha fuerte en México, Colombia, Argentina, República Dominicana, España, Alemania, Francia, Reino Unido, Austria, Turquía, Nueva York, India y más. Y es que su poder está en poner en palabras, y en un formato memorable, un sentimiento de frustración y enojo compartido por las mujeres alrededor del mundo. La melodía ha hecho que el mensaje permee y se quede en el inconsciente colectivo, voluntaria o involuntariamente. 

“Es feminicidio. Impunidad para mi asesino. Es la desaparición. Es la violación.”

Pero más allá de un despliegue de creatividad, lo que las manifestaciones han logrado es crear una plataforma para mantener el feminismo en la agenda pública. Y es que aunque podamos pensar que es un tema del que se ha hablado hasta el cansancio, las cifras muestran un panorama absolutamente desolador. Puede parecer muy cómodo mantenernos al margen de las manifestaciones al no haber sido víctimas directas, pero resulta escalofriante pensar que podamos llegar a normalizar un nivel de violencia tal en el que, según la ONU, entre 9 y 10 mujeres son asesinadas cada día en el país. Con estos datos, más que sorprendernos de la fuerza de las marchas, lo que resulta increíble es que aún no hayamos quemado todo. 

Solo para avivar un poco la llama, vale la pena recapitular algunos datos. Según cifras del gobierno de la CDMX, de enero a agosto del 2019, se reportaron 292 casos de abuso sexual. Estas son las denuncias que se levantaron en el Ministerio Público y hay que tomar en cuenta que, de acuerdo a estimaciones del INEGI, cerca del 95 por ciento de los delitos sexuales ni siquiera se denuncian. 

“Duerme tranquila, niña inocente, sin preocuparte del bandolero, que por tu sueño dulce y sonriente vela tu amante carabinero.”

Los procesos formales han demostrado no solamente no ser eficientes en combatir estos delitos, sino ser partícipes en la violencia. Según una serie de entrevistas realizadas por Amnistía Internacional a mujeres en prisiones federales, de 100 mujeres 33 denunciaron haber sido violadas durante el arresto. Cuando se vive en un estado de impunidad, dejando a las víctimas no solo valer por sus propios medios, sino culpándolas de los mismos, ¿a quién toca recurrir? 

“El patriarcado es un juez que nos juzga por nacer, y nuestro castigo es la violencia que no ves.”

Y es que “nos están matando” es mucho más que una frase pintada sobre monumentos. Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), de enero a septiembre de 2019, 2 mil 833 mujeres han sido asesinadas en México. Con estas cifras de desapariciones y feminicidios, es relevante mencionar el caso de Karen, que por banal que pueda parecer, lo que realmente refleja es una misoginia fuertemente enraizada en la sociedad. La viralización del caso fue inusual pero no única. Si la historia, los mensajes y las fotos despegaron tan rápido, es porque hay varios antecedentes. El caso se salió de proporción por la divulgación en redes sociales, y sí, fue un error de juicio por parte de los implicados pero no cambia la situación de miles de mujeres acosadas, violadas o desaparecidas en México.

La atención y el manejo que se dio del caso fue atípica (y bastante cuestionable), desde el involucramiento directo de la jefa de gobierno, hasta la velocidad con la que se filtraron a medios las imágenes del bar. Y aquí es donde yo me pregunto, si estas son las capacidades normales del Estado, ¿dónde están todas las demás? ¿Así se localiza a todas las víctimas cuando se activa la alerta amber? ¿También se da a conocer a los medios de comunicación a nivel nacional el paradero, el minuto a minuto, el árbol genealógico, antecedentes románticos, de todas las personas desaparecidas? 

Es importante cuestionarnos por qué la discusión se torna hacia un juicio moral de la mujer. Decir que por el caso de Karen se desvirtúa el movimiento feminista implica un gran machismo internalizado, basado en la premisa de que sólo las mujeres “que se portan bien” tienen derechos humanos fundamentales. Nos queda mucho camino por recorrer cuando el argumento sigue siendo culpar a la víctima. Debemos desaprender conceptos como “ella se lo buscó”, que como mujeres nos enseñan a justificar lo injustificable y a refugiarnos bajo un falso escudo de moralidad en el que las “bien portadas” (de acuerdo a ciertos estándares) son víctimas, mientras que las demás son daño colateral. 

Como seres humanos, todos tenemos derecho a seguridad por lo que el argumento de que se perdieron recursos buscándola tampoco tiene mucho sentido. Parece implicar que el Estado solo tiene la capacidad de buscar a una sola persona a la vez, lo que resulta muy problemático cuando según las estadísticas hay al menos dos mujeres desaparecidas al día. Lo que más duele es ver que esto se haya convertido en una plataforma para externalizar el machismo presente tanto en hombres como en mujeres.

Las mujeres tenemos que estar del mismo lado, luchar por la igualdad con los hombres como aliados, porque sólo así se puede lograr un cambio. Como mujer, pensar que el movimiento feminista “no te representa”, es estar en una situación de privilegio tal que da la sensación de inmunidad, así como dar por sentado todo lo que el colectivo ha luchado para que hoy tengamos derechos humanos fundamentales. Sumado a esto, me parece francamente inaceptable y patético, cuando una mujer usa términos como “puta”, “zorra” o “golfa” para describir a otra mujer. Después de tanta violencia, ¿por qué somos nosotras las que la seguimos perpetuando?

“El violador eres tú.”

Y es aquí donde el, “la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía” retumba con fuerza. Aunque lo escuchemos una y mil veces, es importante repetirlo, la culpa NUNCA es de la víctima, la “moralidad” de una mujer no es escudo ni justificación para NINGÚN crimen y seguir perpetuando conceptos misóginos nos hace CÓMPLICES. 

Y es por eso que tenemos que seguir haciendo ruido desde todas las trincheras. Se ha intentado usar la empatía con frases como “imagina que fuera tu hermana/mamá/novia/etc.” (como si ser un ser humano no fuera razón suficiente). Se usaron las pintas, las marchas, los gritos, pero aún queda mucho por hacer cuando el machismo está enraizado tan profundamente en la cultura. Y es que si “no son las formas”, yo quisiera saber exactamente cuáles sí lo son. 

Así que dejemos que se enojen, que se burlen, que se rían de todas las expresiones en contra de la violencia de género, pero sigamos haciendo ruido. Hagamos que no nos puedan sacar de la mente, así sea a través de una melodía pegajosa que no puedan parar de cantar. 

El movimiento feminista en Latinoamérica y el mundo llegó para quedarse. No nos vamos a ir hasta que haya un cambio, social, cultural, y político. Dejemos que critiquen porque de aquí, no nos vamos a mover. 


Sobre la autora:

Fernanda Zamora es comunicóloga, maestra en política pública. Ha trabajado haciendo investigación en temas de políticas de innovación, política social y justicia restaurativa, entre otros. Como consultora de comunicación ha participado en el diseño e implementación de estrategias de comunicación para ONGs, sector público e iniciativa privada. Apasionada por los temas de equidad de género, innovación social y desarrollo. Lectora voraz, bailarina frustrada y adicta a los podcasts.
Está a favor de: Feminismo, empoderamiento e innovación. En contra de: Injusticia, intolerancia.

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