Vivir por tus palabras


Ricardo M. Salas

@segunricardo

 

Debes de ser suficiente dentro de ti. Debes de hacer lo mejor que puedas. Debes de hacer al mundo un lugar mejor después de haber estado aquí, y durante tu paso por él, debes de mejorarlo, no debes joderlo ni saquearlo, ¿sabes? Debes de hacerlo un lugar mejor y debes darle algo. Si no puedes hacer eso, no importa cuál sea tu religión, eres un perdedor. 

-Lemmy Kilmister, vocalista de Motörhead.

Lemmy Kilmister era un hombre infame. Uso esta palabra a falta de una mejor traducción del adjetivo infamous en inglés, el cual describe –con mayor precisión– a aquella persona que es famosa por las razones equivocadas, ya sea por una actitud malvada, sucia o deplorable. Kilmister (1945, Reino Unido) fue quizás una de las figuras más legendarias del rock y uno de los pioneros de un movimiento que abriría paso al heavy metal durante las últimas décadas, particularmente en su rol como vocalista del grupo Motörhead.

Conocido por su personalidad mujeril, capacidad para consumir alcohol y estupefacientes en cantidades industriales (excepto por algunas cuantas sustancias que él mismo deploraba por haberle causado la muerte de varios colegas músicos) y poco respeto por la autoridad, Lemmy fue capaz de ganarse su lugar entre los chicos más rudos de la industria y asegurar un puesto permanente en el salón de la fama del rock. Kilmister además, era con mucha seguridad el rockstar más feo de todos los tiempos, y si a eso le agregamos su hábito de fumador crónico, el cantante y bajista quizás era la última persona con la que uno querría sentarse en un vuelo comercial. 

Debo confesar, sin embargo, que últimamente encuentro un extraño placer, no solo en la música de Motörhead (genial para hacer ejercicio o cuando uno necesita algo de motivación para activarse) sino también al escuchar las entrevistas que he descubierto con este polémico personaje. Resulta ser que a pesar de los excesos y la poca vergüenza que Lemmy tenía para confesar sus peores pecados, el hombre era un personaje congruente con sus principios… que eran pocos pero no por eso menos admirables. Así es que, cuando estaba pensando en ideas para esta columna, comencé a plantearme seriamente si entre entre todos los desmanes en los que incurrió el propio Kilmister, habría una lección de congruencia muy aplicable a tiempos como los nuestros. 

No Mr. Nice Guy: Lemmy Kilmister, fundador de Motörhead y uno de los personajes más infames del género musical durante sus años de juventud. Imagen: Louder

Fue durante una entrevista de 1995 en la que descubrí el extraño código de honor de Lemmy, el cual parece haber sido tan sólido que otros grandes del género como Dave Grohl (ex baterista de Nirvana y cantante de los Foo Fighters) hicieron énfasis en la gran honestidad con la que Kilmister vivía día a día. Tenía mucho que no me maravillaba tanto con un personaje como éste, ¿cómo puede vivir alguien de una forma tan hedonista pero con tanta honestidad al mismo tiempo? 

Espero no se me malinterprete, nunca conocí a Kilmister y me alegro de no haber tenido la oportunidad de hacerlo. Aún así, lo que me parece interesante no es el ritmo ni el estilo de vida del cantante, sino la gran transparencia con la que el tipo vivía su vida y su gran congruencia a lo largo de los años. Por los recuentos biográficos e historias de camerinos que uno encuentra en internet, poco le importaba a Lemmy lo que pensaras de sus hábitos, todo lo contrario, los predicaba orgullosamente, con una total irreverencia y con poca o nula consideración por la opinión de los seguidores de la banda. Motörhead se enorgullecía de “tocar Rock N’Roll” y lo hizo durante una larga carrera cuyo final llegó en 2015 con la muerte del cantante como víctima del cáncer de próstata (un final relativamente ordinario considerando que Lemmy vivió al límite casi toda su vida adulta). 

¿Acaso puede este ícono del rock, dentro de su gran hedonismo y sucio estilo, darnos una cátedra de filosofía práctica para nuestros tiempos? Quizás no voluntariamente, pero encuentro un gran valor en la gente que vive por sus palabras, en la gente auténtica y congruente que –a pesar de sus creencias o inclinación política– son coherentes, transparentes y predecibles. 

Rudo pero providencial: A pesar de ser un tipo poco elegante, Lemmy tenía momentos de lucidez, y ultimadamente, vivió su vida promoviendo un mundo más igualitario. Fuente: Metlola

En la era del anonimato de las redes sociales, la deepweb y la economía digital, parece que nuestras palabras, incluso las de los textos e imágenes más poderosas que han sido publicadas (apuesto que tenía mucho tiempo que no recordabas la portada del Charlie Hebdo, por ejemplo) parecen ser más efímeras que nunca. Frecuentemente encuentro en Twitter —que no sé por qué me sigo intoxicando voluntariamente con esta red social–  a opinólogos dando golpes a otros opinólogos, políticos o periodistas al revelar mensajes de años atrás, en donde éstos apoyaban públicamente a una causa totalmente contraria a la que ahora representan, a modo de dejarlos en ridículo (ellos y ellas saben quiénes son). 

Nuestro mundo está cada vez más saturado de información y entenderlo es una tarea cada vez más compleja. Aún así, ¿qué principios fundamentales son los que nos rigen como ciudadanos del mundo? ¿Tenemos acaso una lista de máximas por las que nos rijan? Ciertamente espero que mis futuros hijos (si es que llego a tenerlos) no copien el estilo de vida de Lemmy Kilmister, pero esperaría que fueran congruentes y honestos consigo mismos hasta el máximo posible.

A Lemmy no le importaba lo que opinaras de su vida, de sus hábitos, o de su música. Los concierto de Motörhead eran una experiencia de rock n’roll puro y duro, en donde el color de tu piel, tu orientación sexual o creencias políticas pasaban a segundo plano siempre y cuando fueras a pasártela bien y respetaras la diversión de los demás fanáticos. 

No busco exaltar las malas costumbres ni glorificar la vida de Kilmister, pero empiezo a creer que en estos tiempos, encontrar gente que viva por sus palabras es cada vez más raro, sobre todo en la vida pública y en el internet. Lemmy podrá haber sido un tipo infame y desagradable, pero ultimadamente, vivió bajo una filosofía que buscaba un mundo más justo y tolerante. Ése es el verdadero espíritu del rock n’roll. 

Tributo de unidad: Motörhead cantando “Heroes” de David Bowie frente durante el  festival más grande de música pesada en el mundo. El concierto fue poco antes de la muerte de Lemmy Kilmister. Fuente: Wacken Open Air


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

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