Voto a domicilio


Raquel López-Portillo Maltos

@rak_lpm

 

El 2020 ha demostrado ser un año dificilísimo, pero 1918 no se queda muy atrás. El panorama global no pintaba nada bien con las últimas batallas de la Primera Guerra Mundial, una crisis económica severa y, por si fuera poco, una de las pandemias más mortíferas de la historia. En Estados Unidos, a este escenario se le sumaron las elecciones intermedias, en donde el presidente Woodrow Wilson y los demócratas buscaban mantener a toda costa el control del Congreso. 

 

Como establece explícitamente su Constitución, para “el primer martes después del primer lunes de noviembre” todo tenía que estar listo para los comicios. Estos tuvieron lugar de manera presencial, con las medidas de distanciamiento social e higiene correspondientes. Muchos pensaron que el clima del momento iba a incentivar el voto como una hazaña patriótica. Sin embargo, la participación fue del 40%, 10 puntos porcentuales menos que la elección anterior. Si bien esto se debió a la pandemia, también responde a otra serie de factores como la cantidad de militares que se encontraban luchando fuera del país, las personas enfermas y que las mujeres aún no podían votar. El desenlace fue una victoria para el Partido Republicano y un repunte considerable en los contagios. Más allá de los resultados, esta experiencia sienta un precedente sobre la importancia de proteger el derecho al voto en circunstancias extraordinarias a la par de fortalecer sus mecanismos de ejercicio.  

 

Hace apenas unos días, a través de uno de sus incendiarios tuits, el presidente Donald Trump planteó la posibilidad de posponer las elecciones “hasta que la gente pueda votar de manera adecuada, segura y sin percances”. No es casualidad que el anuncio llegó el mismo día que se reportó una caída del 32,9% del Producto Interno Bruto durante el primer trimestre del año, además de la creciente popularidad de Joe Biden, quien encabeza todas las encuestas. El presidente no puede modificar la fecha de la elección por sí mismo, es el Congreso  quien, en su caso, aprobaría una reforma a la constitución con dichos cambios. Sin embargo, los estados sí cuentan con la competencia de decidir cómo se llevarán a cabo las elecciones. 

 

El voto por correo es la opción que ofrece mayores beneficios aunque no necesariamente menores costos. Planearlo implica tiempo, recursos y otras consideraciones para asegurar que no se incurra en algún tipo de vulneración. Varios estados del país como Colorado, Washington y Oregón cuentan con una amplia experiencia en este aspecto. Sin embargo, los riesgos sanitarios aunados a la desinformación sobre un posible fraude elevan la complejidad de garantizar una votación segura y legítima. 

 

El primer riesgo tiene que ver con una cuestión organizacional. A escasos cuatro meses de su realización, las elecciones primarias han dado una probadita de lo que serían las intermedias tanto de manera física como de manera remota. Por un lado, se han visto enormes filas y largos tiempos de espera que pueden disuadir al electorado. Así mismo, en Texas y en Atlanta se palpó una falta de coordinación de las autoridades ya que hubo cierres prematuros en los lugares de votación, se desestimó el tamaño de la concurrencia e incluso carecieron de suficientes boletas. Por su parte, también hubieron casos en donde quienes solicitaron registrar su voto por correo nunca recibieron el material necesario. Finalmente, el escrutinio de los votos está siendo mucho más tardado, como en el caso de Nueva York, en donde aún no tienen los resultados pese a que los comicios fueron hace más de un mes. Todos estos factores abonan a la posibilidad de que, de ser necesario, se impugnen las elecciones ante la justicia por fraude. 

 

A esto se le suma la variable de desigualdad, pues como suele suceder, todo diseño presupuestal tiene un impacto diferenciado en la población según su estrato económico y social. De acuerdo con un estudio del Centro Brennan para la Justicia, la distribución de recursos en materia electoral es menor en comunidades más pobres y marginadas. En las elecciones de 2016, los barrios afroamericanos y latinos se vieron más afectados al contar con menos recursos por votante, lo que se traduce en un 29% más de probabilidad de un mayor tiempo de espera. Considerando estas variables, también habrá que tomar en cuenta a aquellas personas que no tienen un domicilio, a aquellas que no cuentan con los recursos necesarios para pagar los gastos de envío de la solicitud de boleta y asegurar que la información pública sea clara y suficiente para evitar que haya personas marginadas durante el proceso. 

 

El derecho a la salud y el derecho al voto no son mutuamente excluyentes. Como todo derecho humano, obedecen al principio de indivisibilidad e interdependencia, por lo que dependen uno del otro para su realización. Circunstancias extraordinarias requieren de soluciones extraordinarias. Por ello, Estados Unidos (así como todos los países próximos a tener elecciones) deberán de echar mano de todos sus recursos para eficientar los procesos, asegurar la integridad de su desarrollo, detectar y mitigar riesgos potenciales para resolverlos con anticipación y utilizar todo el aparato estatal para mantener a la ciudadanía informada paso a paso. Si cada crisis plantea una oportunidad, quizá este sea el momento para repensar en cómo utilizar la tecnología a nuestro favor y garantizar procesos accesibles, inclusivos y con reglas claras para todas y todos.


Sobre la autora:

Raquel López-Portillo Maltos es licenciada en Derechos Humanos y Gestión de Paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue Coordinadora General de la campaña HeForShe de ONU Mujeres en su universidad y actualmente es Asociada del Programa de Jóvenes del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Se ha desarrollado en los sectores público, privado y de la sociedad civil en temas de seguridad, igualdad de género y educación.  Apasionada del flamenco, la fotografía y la literatura. A favor de: el derecho a elegir, el debate, las opiniones sustentadas y la igualdad de oportunidades. En contra de: la violencia, la ignorancia, la mediocridad y las mentes cerradas.




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