¿Y si Siri se queda mi trabajo?


Ricardo M. Salas

@segunricardo

“La cuarta revolución industrial afectará la mera esencia de la experiencia humana”

—Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial

 

Cuando regresé de Alemania hace 4 meses, me di cuenta de que el mundo que conocemos está cambiando a una velocidad que muy pocos habían previsto. Digo a mi regreso, porque tuve que pasar dos años y medio como residente en el extranjero para poder abrir los ojos y comprender la verdadera escala en la que nuestra economía, medio ambiente, trabajo, salud y tecnologías se están transformando año con año. Si no lo habías imaginado, el ritmo es por demás impresionante.

Creo que los que pertenecemos a la generación del milenio y anteriores asumimos que el progreso humano en el siglo XXI iría moviéndose como un auto de tamaño familiar en línea recta: como un vehículo predecible y controlado, capaz de llegar a unos 110 kilómetros por hora y quedarse ahí en velocidad de crucero.

En realidad lo que descubrí a mi regreso fue algo totalmente distinto: los humanos no estamos trepados en una SUV que acelera gradualmente, estamos más bien montados sobre un Go Kart con motor de fórmula 1, y lo más irónico de este vehículo (cuya velocidad máxima no conocemos mientras aceleramos de forma exponencial), es que no sabemos si seremos capaces de maniobrar cuando lleguemos a los 300 kilómetros por hora. Y siendo honestos, tampoco sabemos dónde está el freno de mano o la bolsa de aire, oops!

No me considero un fatalista, creo que vivimos la mejor versión de la humanidad que hemos tenido en la historia y que los cambios que vienen tienen el potencial de mejorar la calidad de vida de muchas personas. Además, la historia nos recuerda que el progreso de la tecnología siempre ha sonado alarmas exageradas, en el sector del trabajo, en donde los que se sienten más amenazados por los cambios que se ven al horizonte tienden a ser los que oponen mayor resistencia.

Así como la tecnología desaparece trabajos, también ha probado que es igualmente capaz de crearlos. Y así como los fabricantes de velas fueron reemplazados por los de bombillas eléctricas, ahora miles de mecanógrafos y asistentes han sido reemplazados por programadores, diseñadores de aplicaciones móviles, y en el peor de los casos, por un teléfono inteligente o un algoritmo que aprende por sí solo. Lo malo es que esta vez parece ser diferente: el camino muestra muchas curvas hacia adelante y en lo personal no estoy tan seguro que nuestro Go Kart humano (sigamos con la misma analogía del principio) sea capaz de salir ileso del tramo.

Tal era mi obsesión por entender los cambios tecnológicos, políticos y socioeconómicos que recurrí a tres fuentes que ahora creo que son fundamentales para todo aquél que quiera saber qué va a pasar con su trabajo. La primera es la sección titulada “Work” del famoso libro de Yuval Noah Harari 21 Lessons for the 21st Century. En ésta, el famoso historiador-vuelto-rockstar explica el gran potencial que tiene la inteligencia artificial para aumentar nuestra capacidad de cómputo y de análisis, así como la forma en la que facilitará la toma de decisiones para empresas y simplificará prácticamente todo conforme más humanos nos conectemos al internet y generemos información sobre nuestros hábitos y comportamientos.

Sin embargo, el escritor también advierte sobre la velocidad a la que las máquinas podrían comenzar a desplazar trabajos manuales, reemplazando a camioneros por vehículos autónomos y a asesores inmobiliarios por algo muy parecido a Siri o al asistente de Google. Esto implica que cientos de miles de puestos de trabajo están en riesgo, sobre todo en economías emergentes, si éstos no son capaces de reinventarse en la medida en la que avance la tecnología, particularmente la relacionada con inteligencia artificial.

Man of the hour: Klaus Schwab, de 81 años, dedica su tiempo a fomentar las discusiones sobre el futuro del planeta en el Foro Económico Mundial

¿Pero por qué tanto miedo? No son pocas las voces que argumentan que estamos siendo testigos de una nueva revolución industrial y que ésta está ocurriendo bajo nuestras narices. Así que sálvese quien pueda, porque 2019 podría ser el año clave para que vuelvas a pensar tus perspectivas de trabajo, y analizar si tus habilidades pueden competir contra una máquina, o si es tiempo de empezar a prepararse para la ola que se viene. Esto es lo que Klaus Schwab, el economista y empresario alemán que fundó el Foro Económico Mundial, describe en su libro de 2016 The Fourth Industrial Revolution. En éste, Schwab describe los efectos que el internet de las cosas, blockchain y la ingeniería genética podrían (entre otras) tener en muchos países, en especial en aquellos que se han empeñado en reducir la desigualdad social y de género, pero que aún califican como países de ingreso mediano y mediano-bajo.

El gran problema no es la tecnología, sino el paso al que ésta comienza a simplificar procesos y a reemplazar plazas de trabajo. Este tipo de investigaciones indica que aquellos países que inviertan más en el área educativa y de salud, y que diseñen estructuras sociales que puedan proteger más a la gente (ojo: la clave es proteger a la gente no a las profesiones) y promover la igualdad de oportunidades sin importar el lugar en donde haya nacido.

Una última lectura de que indica cómo sobrevivir a los cambios que están por venir es el informe sobre La Naturaleza Cambiante del Trabajo del Banco Mundial. Si bien este informe no niega que el futuro ofrece posibilidades para transformar economías enteras y permitir que más trabajadores tengan un ingreso sin salir de casa (hoy la India es una de los países con el mayor número de Call Centers y trabajadores en freelance), muestra una gran preocupación por que los gobiernos y sociedad civil tomen la iniciativa y comiencen a invertir más en educación y en programas sociales inteligentes, que puedan asegurarle a las siguientes generaciones una mejor calidad de vida que la de sus padres (lo cual comienza a estar en duda).

La evidencia indica que en el futuro viviremos más y tendremos a muchos más pensionados, lo cual representa una amenaza para países como Japón y Alemania, en donde habrá una fuerza laboral cada vez más pequeña debido a que la gente está teniendo menos hijos en promedio. Todos estos reportes demuestran que estamos entrando a una era en la que los humanos tendremos que seguir aprendiendo a lo largo de nuestras vidas, con un enfoque particular en desarrollar habilidades cognitivas (aquellas empleadas para resolver tareas complejas y no rutinarias) y socioemocionales para seguir vigentes en el mercado laboral.

Otra consideración es que los niños tendrán que aprender más, desde más jóvenes, y encima con programas cada vez más multidisciplinarios. Todo esto porque las líneas que distinguían a una profesión de otra se están haciendo cada vez más borrosas, pero también por una razón muy simple: la capacidad del cerebro humano para aprender decrece de forma significativa conforme uno envejece.

Si eres millennial, ver la gráfica de arriba seguro te dará escalofríos, pero hay una buena noticia, nunca es tarde para aprender y hoy en día hay más recursos que nunca (si tienes suficiente voluntad y un poco de suerte te puedes volver programador por las noches en 3 meses, en serio).

Después de toda esta investigación un tanto obsesiva, creo que —en efecto— estamos viviendo una cuarta revolución industrial que generará ganadores y perdedores. Contrario a lo que pensábamos hace algunos años, las generaciones que hoy están entrando al mercado laboral pueden ser las primeras cuya calidad de vida y poder adquisitivo sean peores que las de sus padres, la mayoría de ellos aún siendo Baby Boomers o de la Generación X. Los países y sociedades que sepan identificar las oportunidades y peligros de esta nueva etapa humana están a tiempo de corregir el rumbo y diseñar un contrato social que minimice las desigualdades y garantice las mismas oportunidades de prosperidad para todos.

Las curvas están adelante y las señales en el camino. Más nos vale asegurarnos de tomar unas clases de manejo a alta velocidad, porque el Go Kart solo parece querer ir más rápido.

 


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

Mercedes Migoya0 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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