Yo, audiófilo


Ricardo M. Salas@segunricardo

“Los audiófilos no usan su equipo para escuchar tu música. Los audiófilos usan tu música para escuchar su equipo” 

Alan Parsons– productor y músico británcio.

 

 

Ha sido una semana intensa, por lo que, de antemano pido disculpas a los lectores de esta columna por el retraso en escribirla. Un equipo fantástico de trabajo y un servidor hemos decidido abrir una academia de habilidades digitales para promover la adopción de este tipo de conocimientos en México, un proyecto que nos tiene sumamente ocupados pero igualmente emocionados por el efecto que esperamos provocar en la comunidad. 

De todas formas, como no pienso cumplir cabalmente mi objetivo de no dejar de escribir ni una sola semana, va un texto sobre un tema que he tenido bajo la manga mucho tiempo, que quizás sea el que más me apasiona en la vida, y este parece ser el momento indicado para hacer un texto de corte cultural. Igual… ya casi es fin de semana (no importa cuándo leas esto). En fin, vayamos al grano.

A todos les gusta la música, quizás a unos en menor medida que otros, pero muy probablemente no hay persona en el mundo a quien no se le haya pegado alguna canción en la cabeza; todos tenemos alguna canción que nos gusta bailar, y alguna que nos evoca recuerdos gratos, frecuentemente de la infancia o asociados a una persona en especial. Cierto es que no todo mundo tiene la sensibilidad o la paciencia para tocar un instrumento. Sin embargo, todos con una audición en buen estado pueden desarrollar el oído para disfrutar mejor de la música en general. Como un audiófilo amateur, les presento a continuación, una guía práctica para que puedan disfrutar mejor de cualquier tipo de música y que le saquen el mayor provecho posible a esos earbuds que los hacen ver tan ‘in’ en el gimnasio. 

¿Cómo funciona la música? Si quieres aumentar tu cultura musical y saber cómo opera la industria musical, no dejes de leer este fantástico libro por David Byrne, cantante de los Talking Heads, músico, productor y referente de la cultura pop norteamericana. Fuente: Cusica Plus

Lo primero que hay que aclarar es que los earbuds quizás no sean la mejor plataforma para disfrutar todos los matices, dinámica e intención que tiene una grabación de buena calidad, pero más sobre eso después. Empecemos por lo fundamental: ¿qué es un audiófilo? A falta de una definición por la Real Academia Española, Wikipedia explica que este término se refiere a aquella persona “con un interés especial por los sistemas de reproducción y también de grabación de audio, con el fin de buscar la máxima calidad y fidelidad.” (2019). En este sentido, un audiófilo es aquella persona que no solamente disfruta de buena músic–algo que no deja de ser subjetivo–, sino que busca escucharla en aparatos que le permitan tener la mejor calidad y fidelidad de reproducción, a modo de escuchar hasta los más ínfimos detalles de la mezcla. 

¿Por dónde empezar? 

Antes de aventar un buen choro mareador, habría que empezar por la pregunta de si la música grabada te importa lo suficiente como para invertir tiempo, algo de dinero y energía en disfrutarla con mayor intensidad. Si éste no es tu caso, quizás este artículo no sea para ti. Pero si estás dispuesto a descubrir hasta dónde puedes entrenar tus oídos e ir detrás de cámaras para apreciar toda la producción detrás de tus discos favoritos, volverte un escucha musical más activo que pasivo tiene sus recompensas. 

Hablar de música de calidad (en general) es un mundo y algo de un pozo sin fondo. Hay audiófilos que se especializan absolutamente en géneros como la música clásica o los ritmos del mundo. Sin embargo, como apasionado amateur y amante de la música comercial, considero que podemos deconstruir la apreciación musical en unos cuantos bloques. 

Composición: No hay nada que los mejores ingenieros de sonido o un gran productor pueda hacer ante una mala canción. Para mí, un tema que no transmita un sentimiento honestamente no es una buena canción. Paul Stanley, guitarrista de Kiss, nos recuerda que “si una canción no puede ser tocada en un solo instrumento, no es una buena canción”, lo cual parece un parámetro bastante lógico para la apreciación musical. 

The Beatles, por ejemplo, fueron y son una de las bandas más reverenciadas en la historia contemporánea por la calidad de sus canciones, su musicalidad, y su complejidad melódica y artística. Canciones como ‘Yesterday’, ‘Eleanor Rigby’ y ‘Here Comes the Sun’ son grandes obras no por su dificultad, sino por los sentimientos y temáticas que evocan en cada compás. Por lo mismo, han trascendido y pasado la prueba del tiempo por décadas, y siguen siendo algunas de las canciones más populares de todos los tiempos.

Por otra parte, otros temas más complejos (en términos melódicos y armónicos) como ‘Strawberry Fields Forever’ y ‘A Day in the Life’ resaltan por la gran cantidad de cambios, acordes y matices que tienen a lo largo de toda la canción. ¿Son mejores estas canciones que las que menciono en el párrafo anterior? Para nada, solo son diferentes; pero sin duda, un elemento a considerar cuando uno hace una escucha más activa de cualquier pieza musical es el reconocimiento de si la canción es simple o compleja en favor de la pieza. ¡¿Qué?! Claro, sé que esto puede ser confuso, lo que quiero decir es, en otras palabras, que si la simplicidad o la complejidad de la pieza está justificada con lo que el artista quiere expresar, entonces ésta es una buena canción. Si el músico compone una canción con una complejidad innecesaria, esto solamente actúa de forma contraproducente y ahuyenta la atención del escucha a la misma. A veces, menos es más, y es por ello que encontramos canciones como “Chain of Fools”, de Aretha Franklin que consisten prácticamente de una solo acorde, comparadas con otras como “Lateralus” de la banda norteamericana TOOL, que están compuestas en función de la secuencia de Fibonacci, con innumerables cambios de tiempo y de acordes, además de una profundidad bastante notable en la letra de la canción.

Letra: Si bien no todas las canciones van acompañadas por una voz, éste es un recurso sumamente utilizado para darle mayor riqueza a la música popular hoy en día y para lograr una mayor conexión con la audiencia. La discografía de artistas como Bob Dylan (ganador del Nobel en literatura en 2016) y Joaquín Sabina –entre muchísimos más– son algunos ejemplos de cómo una canción puede resaltar por su contenido lírico. Artistas com The Smiths, Kendrick Lamar, Fernando Delgadillo, Natalia Lafourcade, WOS, Calle 13 y Gustavo Cerati, son unos cuántos que valen la pena tan solo por lo que dicen sus letras. 

Ejecución: Otro factor a considerar para hacer una escucha más activa de cualquier álbum es la intención, enjundia y destreza con lo que un artista interpreta una canción. Es por ello que encuentras un sinnúmero de discos con la misma obra de Mozart, Beethoven o Vivaldi, interpretada por diferentes orquestas, filarmónicas o solistas. Como somos humanos, la interpretación de una pieza –los acentos, los espacios entre las notas, la velocidad y énfasis en distintos elementos– varías entre persona a persona. Es por ello que el pianista canadiense Glenn Gould era particularmente famoso por la forma en la que interpretaba a Bach o la razón por la que escuchas a muchos aficionados decir “esta o aquella es la mejor versión de x canción”. Considera la versión de Jeff Buckley de “Hallelujah” (quizás la más exitosa en términos comerciales), contra la original, del cantautor canadiense Leonard Cohen.

Curiosamente, uno puede casi entender y descifrar la personalidad de cada integrante de un grupo musical (o solista) poniendo atención a la forma en la que toca su instrumento. ¿Es rígido y perfeccionista? ¿O suelto y deliberadamente agresivo? Nathan Followill, baterista de la banda Kings of Leon, suena casi igual a la imagen mental que siempre tuve de él antes de verlo en pantalla, mientras que la personalidad de grandes bateristas como Ginger Baker (Cream) y Keith Moon (The Who) era mucho más caótica e irresponsable. ¿Coincidencia? Probablemente no. 

Dos genios, dos versiones: La canción “Hallelujah” fue compuesta originalmente por el cantautor canadiense Leonard Cohen, pero se volvió verdaderamente famosa con la contribución de Jeff Buckley. Fuente: CD and LP

Producción: Aquí es en donde se pone bueno el asunto. Gran parte de lo que enriquece a una canción, disco o concierto es la forma en la que los productores e ingenieros de sonido graban y mezclan cada uno de los instrumentos y voces que forman parte de toda la experiencia. ¿La música suena igual por todas las bocinas? ¿O hay instrumentos que salen y aparecen solo en algunos de tus audífonos? Todo eso es producción musical, y aunque no soy un experto en el tema, varios años de estar en estudios y juntarme con músicos me han dado algo de experiencia para identificar un álbum que esté grabado por un gran productor. 

La tradición de rock británica generalmente tiende a mezclar cualquier disco de una forma más suelta y dejando que cada instrumento tenga su propio espacio, frecuentemente entrando y desapareciendo a lo largo de una canción.  Álbumes como The Dark Side of The Moon, de Pink Floyd, y OK Computer, de Radiohead, son probablemente la mayor referencia del ingenio de los productores británicos.

Sir George Martin y Sir Paul McCartney en el estudio. Imagen: Liquid Squid

Otro ejemplo son (por supuesto) The Beatles, quienes fueron una de las más grandes bandas de la historia no solamente por la calidad de sus canciones, sino también por las innovaciones sonoras que introdujeron en sus discos y la genialidad con la que Sir George Martin (frecuentemente llamado “el quinto Beatle”) plasmó la música en cada disco de acetato. La próxima vez que escuches los álbumes “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” o “Abbey Road”, piensa en cómo se grabó cada instrumento y en qué sonidos adicionales puedes reconocer en los dos lados de tus bocinas o audífonos. 

La contraparte a la tradición británica es la del rock y el heavy metal estadounidense, el cual generalmente es mucho más “al punto” y procura balancear todos los instrumentos de forma simétrica y con mucha compresión, para dar la sensación de un sonido con mucho “punch” y mucha fuerza. Tal es el caso de álbumes como el famosísimo Metallica, de, ejem… Metallica. 

El concepto de la producción y la distribución de los instrumentos es difícil de entender si no estás acostumbrado a una escucha activa de la música. La mayoría de la gente tiene su reproductor como un sonido en el fondo, para ambientar una fiesta o para distraerse un poco mientras realiza otra tarea. Para mí, una escucha activa es aquella en donde puedes acostarte o sentarte en tu sillón favorito y no hacer más que poner atención a la música y analizarla de una forma abierta y crítica. La mejor forma de hacerlo es cerrar los ojos e imaginar que estás en la cabina o sala de control de un estudio (o del halcón milenario, si prefieres). La cosa es imaginarte sentado frente a una consola, perfectamente al centro de la sala, e imaginar un espectro tridimensional de sonido en donde tú eres el centro. 

¿De dónde sale la música? ¿Es uniforme? ¿La batería está en un lado y las voces en otro? (algo muy común con The Beatles). ¿Puedes separar cada instrumento en tu cabeza? ¿Hay cuerdas o algún instrumento adicional que esté ambientando el disco? Eso es parte de la magia de la producción. Un buen ejercicio para entrenar tus oídos en este sentido es el tema “Bloom”, de la etapa más “jazz” de Radiohead, entre muchos otros.

El príncipe del estudio: Al igual que Paul McCartney, Prince se volvió uno de los primeros músicos en tocar, grabar y producir discos completos. El álbum Sign O’ the Times es imperdible. Imagen: Transition 2 the Dawn

El equipo: Sin duda, hay mucho que decir al respecto, y para este punto ya estoy escribiendo más de lo que debería. Pero ya llegamos hasta aquí, así es que sería una pena no acabar con unas últimas consideraciones.

Si quieres comenzar a hacerte un escucha más activo de música, el primer paso es conseguirte un equipo decente de sonido. Hoy en día está de vuelta el vinilo como la máxima expresión de audiofilia y como una de las adicciones más costosas que se pueden adquirir. El vinil tiene ventajas claras en cuanto a la dinámica del sonido y la experiencia de escuchar un disco en acetato contra en streaming (pero de eso en otro artículo porque es un tema interminable). 

Lo cierto es que si quieres empezar a disfrutar más la música, no necesitas más que unos audífonos de verdad (los Bose no cuentan, porque están diseñados para aislar el sonido exterior y un sonido nítido, pero no para reproducir un disco de forma totalmente neutra). La mejor forma de empezar es haciéndote de unos audífonos como los Grado SR60e, los Philips Fidelio o los Sennheiser HD 559 (por poner algunos ejemplos). La mayoría de estos audífonos son abiertos o semi-abiertos, lo cual quiere decir que no aíslan el ruido exterior; pero es lógico porque están diseñados con la idea de que vas a escuchar tu música en un cuarto silencioso y sin distracciones. Estos audífonos generalmente son abiertos para permitir que la música se esparza de una forma más libre en el ambiente y que no se concentre como manguera a presión en tus oídos, algo que sucede con cualquier otro tipo de audífono comercial. 

Y si estás dispuesto a invertir un poco más, considera adquirir un DAC (Digital to Analog Conversion), que no es más que una tarjeta de sonido que revierte la señal digital de un aparato como tu computadora o teléfono a una señal analógica que después sea reproducida por tus audífonos. Hay unas muy económicas y que pueden hacer la experiencia de escucha aún más placentera. Marcas como FiiO tienen algunas opciones bastante accesibles para sacarle el mayor provecho a tu música en streaming.

Espero que no tiene haya dolido la cabeza con esta guía práctica y que pueda ser una primera referencia para que disfrutes más de tus artistas favoritos. Hoy en día hay tan buena música como en décadas posteriores (no te dejes engañar), pero con tantos estímulos visuales y auditivos, es muy reconfortante poderse dar el tiempo para entrenar los oídos y apreciar el trabajo de músicos, productores, arreglistas e ingenieros de sonido que pasaron arduas horas en un estudio para que puedas tener la mejor experiencia posible en tus audífonos o bocinas.

 


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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